Rodrigo Sorogoyen tomó una decisión poco habitual antes de comenzar a rodar una de las escenas más importantes de su nueva película. Javier Bardem y Victoria Luengo debían interpretar a un padre y una hija que llevaban años separados, así que el director quiso que parte de aquella distancia existiera también fuera de la pantalla. Después de conocerse brevemente, los dos actores pasaron ocho meses sin volver a verse.
El resultado puede verse desde este 26 de agosto en los cines españoles. El ser querido, escrita por Sorogoyen junto a Isabel Peña, convierte el reencuentro entre un padre y una hija en una exploración sobre las heridas familiares, el poder, la memoria y la dificultad de reparar determinadas relaciones cuando ha pasado demasiado tiempo.
Pero detrás de esa historia existe también un experimento interpretativo especialmente arriesgado. Sorogoyen decidió utilizar el propio rodaje para reproducir parte de la tensión que necesitaba la película.
Ocho meses sin verse antes de rodar juntos
Javier Bardem y Victoria Luengo apenas se conocían cuando comenzaron a preparar El ser querido. Según explicó el equipo a El País Semanal, ambos fueron presentados durante una fiesta celebrada en casa de Isabel Peña. Después de aquel encuentro llegó la decisión: no volverían a tener contacto hasta situarse delante de las cámaras.
Pasaron ocho meses. La elección tenía una explicación narrativa. Bardem interpreta a Esteban Martínez, un prestigioso director de cine marcado también por un pasado de violencia y excesos. Luengo encarna a Emilia, su hija, una actriz cuya carrera atraviesa un momento complicado. Padre e hija llevan años emocionalmente separados cuando Esteban decide ofrecerle un papel en su nueva película.
Sorogoyen quería que la primera conversación entre ambos conservara algo difícil de fabricar mediante ensayos: la incomodidad de estar frente a alguien conocido y extraño al mismo tiempo.
Por eso El ser querido se rodó cronológicamente en ese tramo de la historia. Cuando Esteban y Emilia se encuentran en un restaurante después de catorce años, Bardem y Luengo también estaban volviendo a verse después de aquellos ocho meses.
Una escena de 90 minutos para conseguir apenas 20
El riesgo aumentó cuando comenzó el rodaje. La escena había sido preparada individualmente con los actores, pero Bardem y Luengo no habían ensayado juntos. Disponían de unas diez páginas con las pautas de lo que debía ocurrir y, una vez sentados en el restaurante, Sorogoyen dejó que la situación evolucionara.
La interpretación terminó prolongándose durante aproximadamente una hora y media prácticamente ininterrumpida. Varias cámaras siguieron la conversación mientras los actores reaccionaban a movimientos y palabras que, en muchos casos, desconocían previamente. De aquellos 90 minutos terminaron utilizándose alrededor de 20 en la película.
No se trataba, por tanto, de improvisar sin dirección. Había un guion y existía una estructura narrativa previa. La diferencia estaba en conceder suficiente espacio para que aparecieran respuestas inesperadas. Bardem ha destacado precisamente esa forma de trabajar de Sorogoyen y su capacidad para generar libertad dentro del rodaje sin renunciar al control sobre la película.
La técnica encaja además con uno de los grandes temas de El ser querido: hasta qué punto cada persona reconstruye el pasado desde su propia versión de los acontecimientos. Padre e hija comparten una historia, pero no necesariamente recuerdan esa historia de la misma manera.
Mucho más que una historia sobre un padre ausente

La nueva película permite además a Sorogoyen e Isabel Peña desplazarse de los territorios que marcaron trabajos como El reino o As bestas. Después del thriller político, la violencia rural o la tensión social, aquí el conflicto se concentra principalmente dentro de una relación familiar.
Aunque el cine continúa siendo fundamental. Esteban no es únicamente el padre de Emilia: también es un director consagrado acostumbrado a ejercer autoridad. Su relación con los demás está inevitablemente condicionada por esa posición. De esta forma, la película superpone dos formas de poder: la que puede ejercer un padre sobre una hija y la que posee un cineasta prestigioso dentro de un rodaje.
Bardem explicó durante la presentación de El ser querido en Cannes que su personaje pertenece a una generación de hombres a la que le cuesta escuchar y asumir determinadas responsabilidades emocionales. Sorogoyen, sin embargo, evita reducirlo a una figura simplemente detestable. Esteban puede resultar magnético, inteligente y seductor precisamente porque la contradicción hace mucho más incómodo el conflicto.
Tras competir por la Palma de Oro en el Festival de Cannes, El ser querido llega ahora a los cines españoles con Bardem y Luengo al frente de un reparto en el que también aparecen Raúl Arévalo, Marina Foïs, Melina Matthews y Mourad Ouani. Más adelante, después de su recorrido por salas, la película estará disponible en Movistar Plus.
Y quizá aquellos ocho meses de silencio expliquen mejor que cualquier campaña promocional lo que buscaba Sorogoyen. Antes de pedir a sus actores que interpretaran la distancia entre dos personas que habían dejado de conocerse, decidió crear una pequeña distancia real entre ellos. Cuando Bardem y Luengo se sentaron finalmente frente a frente, parte de la incertidumbre ya no necesitaba ser interpretada.

