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‘Se tiene que morir mucha gente’: la comedia más salvaje, lúcida y divertida del año

Victoria Martín convierte la ansiedad, la precariedad, la amistad femenina y el miedo a hacerse adulta en una de las series españolas más brillantes de los últimos tiempos. Una comedia que hace reír a carcajadas mientras retrata una generación exhausta

La serie 'Se tiene que morir mucha gente', de Movistar+, está protagonizada por Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr
La serie 'Se tiene que morir mucha gente', protagonizada por Anna Castillo, Macarena García y Laura Weissmahr
Movistar Plus

La comedia española atraviesa uno de sus momentos más estimulantes de las últimas décadas. Títulos como Poquita fe, Vergüenza o Fácil han demostrado que el humor puede ser un vehículo privilegiado para analizar las contradicciones sociales de una época sin renunciar a la complejidad de los personajes. En ese contexto aparece Se tiene que morir mucha gente, la nueva serie creada por Victoria Martín para Movistar Plus+, una ficción que encuentra su lugar propio gracias a una escritura afilada, una extraordinaria capacidad de observación y un retrato especialmente certero de una generación que ha llegado a la madurez arrastrando incertidumbres que creía temporales.

Basada en la novela homónima publicada por Victoria Martín en 2022, la serie toma prestado el título de una frase que funciona casi como una provocación generacional. Durante años se prometió a quienes hoy rondan los cuarenta que el esfuerzo tendría recompensa, que el talento acabaría encontrando su sitio y que la estabilidad llegaría tarde o temprano. Lo que encuentra Se tiene que morir mucha gente son mujeres que han alcanzado la edad adulta sin que ninguna de esas promesas se haya cumplido del todo.

'Se tiene que morir mucha gente', novela de Victoria Martín
‘Se tiene que morir mucha gente’, novela de Victoria Martín

La protagonista es Bárbara, interpretada por una inmensa Anna Castillo, que compone uno de los personajes más incómodos y fascinantes vistos recientemente en la ficción española. Vive instalada en una insatisfacción permanente, consume benzodiacepinas con una naturalidad alarmante, detesta buena parte de su vida y observa el éxito ajeno con una mezcla de resentimiento, tristeza y desconcierto. A su alrededor orbitan Maca y Elena, interpretadas respectivamente por Laura Weissmahr y Macarena García. La primera intenta abrirse camino como actriz mientras sobrevive trabajando como camarera; la segunda parece haber alcanzado esa estabilidad que tantas veces se identifica con el éxito, embarazada y casada con un empresario varias décadas mayor que ella. Sin embargo, la serie se encarga rápidamente de desmontar cualquier apariencia de orden.

Uno de los mayores aciertos de Victoria Martín consiste en haber entendido que las amistades femeninas rara vez se parecen a las representaciones idealizadas que han proliferado en la ficción contemporánea. Las relaciones entre estas tres mujeres están atravesadas por el cariño, pero también por las frustraciones acumuladas, las expectativas incumplidas y los inevitables desequilibrios que aparecen cuando cada una avanza a un ritmo diferente. La amistad no aparece como refugio perfecto ni como espacio de redención moral. Funciona más bien como una red imperfecta que resiste precisamente porque admite las contradicciones de quienes la sostienen.

La serie encuentra buena parte de su fuerza en esa capacidad para observar los pequeños mecanismos de la vida cotidiana. Las conversaciones de madrugada, las discusiones aparentemente insignificantes, las comparaciones constantes con los demás o la sensación de quedarse atrás adquieren aquí una dimensión cómica que no nace del gag fácil, sino del reconocimiento. El espectador se ríe porque identifica situaciones, emociones y pensamientos que rara vez aparecen formulados con tanta precisión en la ficción.

Cartel oficial de la película 'Se tiene que morir mucha gente'
Cartel oficial de la serie ‘Se tiene que morir mucha gente’

En este sentido, la herencia de Victoria Martín como creadora de Estirando el chicle resulta evidente. El podcast convirtió experiencias tradicionalmente relegadas al ámbito privado en material humorístico sin perder honestidad ni profundidad. Esa misma mirada atraviesa toda la serie. La ansiedad, la precariedad laboral, la presión estética, el miedo a la maternidad o la incertidumbre afectiva aparecen integrados en la trama con absoluta naturalidad, sin discursos explicativos ni voluntad pedagógica. Los personajes no representan ideas; viven, se equivocan, se contradicen y sobreviven como pueden.

El humor de Se tiene que morir mucha gente pertenece a una tradición que en los últimos años ha encontrado algunas de sus expresiones más brillantes en creadoras como Phoebe Waller-Bridge o Lena Dunham. La diferencia es que Victoria Martín traslada esas preocupaciones a un contexto profundamente reconocible para el público español, construyendo una narración donde los pisos compartidos, los contratos precarios, las terapias, las aplicaciones de citas y las conversaciones infinitas en bares forman parte de una experiencia colectiva perfectamente identificable.

Anna Castillo y Macarena García en la serie 'Se tiene que morir mucha gente'
Anna Castillo y Macarena García en la serie ‘Se tiene que morir mucha gente’

La dirección de Sandra Romero, Victoria Martín y Nacho Pardo contribuye además a mantener un delicado equilibrio entre la comedia y el drama. La serie nunca busca la carcajada constante ni se refugia en la solemnidad cuando aparecen cuestiones más dolorosas. Esa oscilación permanente entre el humor y la tristeza es precisamente la que dota de verdad a los personajes. Las situaciones más hilarantes suelen esconder heridas profundas, mientras que los momentos más vulnerables conservan siempre una dimensión cómica que impide cualquier tentación melodramática.

Buena parte del éxito descansa también en un reparto excepcional. Anna Castillo encuentra aquí uno de los mejores papeles de su carrera reciente, construyendo una protagonista difícil de amar y, precisamente por ello, imposible de olvidar. Laura Weissmahr aporta una energía imprevisible que dinamita cada escena en la que aparece, mientras que Macarena García se aleja de registros más luminosos para explorar zonas de mayor complejidad emocional. La química entre las tres resulta tan convincente que muchas veces da la impresión de estar asistiendo a conversaciones reales más que a escenas cuidadosamente escritas.

La joven Sofía Otero ('10.000 especies de abejas') completa el reparto de la serie 'Se tiene que morir mucha gente'
La joven Sofía Otero (‘10.000 especies de abejas’) completa el reparto de la serie ‘Se tiene que morir mucha gente’

No es casualidad que la serie haya sido seleccionada para la Sección Oficial de Canneseries ni que se haya convertido en una de las producciones españolas más comentadas de la temporada. En un panorama audiovisual cada vez más dominado por fórmulas reconocibles y algoritmos narrativos, Se tiene que morir mucha gente apuesta por personajes incómodos, situaciones moralmente ambiguas y conflictos que rara vez ofrecen soluciones claras.

Victoria Martín ha construido una comedia ferozmente divertida sobre el fracaso, la amistad, el miedo al futuro y la imposibilidad de controlar el rumbo de una vida. Lo ha hecho sin sentimentalismo, sin idealizaciones y sin necesidad de convertir a sus protagonistas en heroínas ejemplares. Por eso la serie deja una impresión tan duradera: bajo cada chiste, cada discusión y cada desastre personal aparece el retrato de una generación que ha aprendido a convivir con la incertidumbre y que, mientras intenta encontrar respuestas, sigue reuniéndose con sus amigas para reírse de todo aquello que no sabe cómo arreglar.

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