Huérfanas de series

¿Huérfano de ‘Succession’? ‘MobLand’ cambia los consejos de administración por una familia de mafiosos

Con el regreso del drama criminal británico para una segunda temporada, la explosiva saga del imperio Harrigan demuestra que las luchas de poder más feroces se libran alrededor de la mesa familiar antes que en las salas de juntas

Helen Mirren, Pierce Brosnan y Tom Hardy en 'Tierra de mafiosos'.
Helen Mirren, Pierce Brosnan y Tom Hardy en 'Tierra de mafiosos'.
SkyShowtime

¿Qué pasa cuando la despiadada guerra dinástica de Succession se traslada de los rascacielos corporativos al áspero y ensangrentado submundo de Londres? El resultado es Tierra de mafiosos (MobLand), una serie que en apariencia funciona como una saga de gánsteres cargada de adrenalina, pero que esconde un agudo estudio de una familia profundamente disfuncional que se desgarra desde dentro. Más allá del armamento pesado y las poses criminales, encontramos una corte de monstruos que batalla por el poder, el orgullo y la supervivencia. Con el estreno en España de la segunda temporada en SkyShowtime este lunes 21 de septiembre —después de su lanzamiento internacional en Paramount+ el viernes 18—, ahora es el momento perfecto para ponerse al día antes de que el caos siga escalando.

En el centro de este imperio criminal se encuentra la familia Harrigan, encabezada por su volátil patriarca Conrad (Pierce Brosnan) y la calculadora matriarca Maeve (Helen Mirren). A su alrededor se mueve una nueva generación hambrienta de estatus e influencia, representada principalmente por su hijo Kevin (Paddy Considine), cuyos crecientes enfrentamientos con sus padres impulsan buena parte de la lucha interna de la familia. En casa de los Harrigan, las lealtades familiares son sagradas hasta el instante exacto en que dejan de resultar políticamente convenientes.

Atrapado en medio del fuego cruzado está Harry Da Souza (Tom Hardy), el atormentado «solucionador» y consejero de voz ronca de la familia. Harry se encarga de mantener unido un imperio fracturado cuyos integrantes parecen empeñados en echar gasolina a sus propios incendios. Como una de las pocas figuras con los pies en la tierra dentro de una galería de ególatras despiadados, sostiene buena parte del peso emocional de la narración mientras intenta preservar un equilibrio que los propios Harrigan amenazan constantemente con destruir.

Desde un punto de vista estilístico, Tierra de mafiosos habita el reconocible universo cinematográfico del productor ejecutivo y director Guy Ritchie. La serie reúne muchas de las señas de identidad del relato criminal británico contemporáneo: violencia estilizada, humor negro, ritmo vertiginoso y diálogos afilados en los que cualquier conversación casual puede convertirse en una amenaza. Sin embargo, lo que verdaderamente eleva la maquinaria por encima de los tópicos del género es su extraordinario reparto coral. Brosnan y Mirren parecen disfrutar especialmente de sus intercambios venenosos, mientras que Considine aporta una intensidad cruda y volátil a la lucha por la sucesión. Hardy, por su parte, sostiene el conjunto con una interpretación formidable que convierte un thriller de alto voltaje en un adictivo drama de supervivencia.

Los primeros compases de la segunda temporada confirman que la serie no pretende reinventar su fórmula, sino llevar su ya frágil maquinaria familiar a un grado todavía mayor de volatilidad. Retomando directamente las consecuencias de la primera temporada, los nuevos episodios redoblan la apuesta por una auténtica guerra civil interna. Un sindicato criminal turco se mueve con rapidez para explotar la brecha entre Conrad, Maeve y Kevin, negociando con ambos bandos en una maniobra destinada a intensificar la enemistad y desangrar desde dentro a los Harrigan.

Al mismo tiempo, las amenazas externas empiezan a aprovechar la debilidad de la familia. La mayor de ellas es la formidable Kat McAllister (Janet McTeer), una de las figuras más poderosas del hampa y dispuesta a intervenir en el reparto de poder. El expolicía Colin Tattersall (Toby Jones) le propone entonces recurrir a un nuevo jugador: Frankie (Johnny Flynn). Su función sería actuar como el «paladín» de Kat, una suerte de campeón o ejecutor capaz de librar su guerra contra los Harrigan sin obligarla a situarse en primera línea. La llegada de Flynn introduce así una amenaza tan misteriosa como difícil de calibrar, y un tipo de enemigo al que la familia todavía no se había enfrentado.

Para quienes busquen su próxima obsesión televisiva, Tierra de mafiosos ofrece material de sobra para un buen maratón. Si echas de menos las monstruosas y traicioneras dinámicas familiares de Succession, el áspero universo criminal británico de Peaky Blinders o el caos del hampa atravesado por el humor de The Gentlemen, la serie combina elementos reconocibles de esos tres mundos sin limitarse a imitarlos. Con los diez episodios de la primera temporada disponibles en SkyShowtime, queda el tiempo justo para conocer los orígenes de la guerra de los Harrigan antes de incorporarse a la segunda temporada este lunes.

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