Joaquín Sabina, cantautor: “Cuesta aceptarse con 70 años con la vida que uno tenía, el tiempo ha pasado muy rápido”

Sabina confiesa en el documental de León de Aranoa que nunca esperó llegar a los 50 y que la pandemia lo dejó paralizado

Joaquín Sabina - Cultura
Una fotografía del cantautor en un concierto.
EFE

El 12 de febrero de 2020, Joaquín Sabina se cayó del escenario del WiZink Center de Madrid durante un concierto. Tenía 70 años, llevaba décadas construyendo una leyenda y aquella caída fue, entre otras cosas, el principio de una larga pausa. Primero vino la recuperación. Luego la pandemia, que atrapó a todo el mundo y a él en particular en una quietud que no se le daba bien. Y luego llegó el momento de preguntarse qué quedaba después de todo eso. La respuesta está en Sintiéndolo mucho, el documental que Fernando León de Aranoa filmó a su lado durante más de una década.

Lo que el director encontró no fue al personaje que muchos esperaban: el bohemio nocturno, el hombre de las canciones y los excesos convertido en leyenda. Encontró a alguien dispuesto a mirar hacia atrás sin filtros. «Es muy difícil aceptarse con 70 años con la vida que uno tenía, la velocidad inaudita con la que ha pasado el tiempo», dice Sabina en el documental. Y añade algo que tiene aún más peso: «No me veo con una cabeza o un corazón de 70 años».

La caricatura que se parecía a la realidad

Durante décadas, la imagen pública de Joaquín Sabina fue la de alguien que vivía en los bordes: la noche, el alcohol, el amor por las mujeres, la bohemia convertida en estilo de vida y material artístico al mismo tiempo. Él no lo niega en el documental, pero lo coloca en un contexto que la leyenda solía omitir.

«Hay una caricatura del borrachín, putero, noctámbulo que en una parte de mi vida se pareció a la realidad. Pero ahora nada», explica Sabina. Y añade algo que funciona como la clave de todo lo que vino después: «En la época de la caricatura nunca soñé llegar a los 50 años». No es una bravuconada. Es la confesión de alguien que vivió durante mucho tiempo sin calcular las consecuencias a largo plazo, entre otras cosas porque no había planeado que hubiera un largo plazo.

Llegar a los 77 que tiene hoy no estaba en el guion. Y esa distancia entre lo que esperaba y lo que ha ocurrido es exactamente la materia prima de la que está hecho el documental.

El músico que quería dar clase de Literatura

Una de las revelaciones más inesperadas del retrato que construye León de Aranoa tiene que ver con las expectativas originales de Sabina. La carrera que lo ha convertido en uno de los cantautores más influyentes de la historia en español no respondía a ningún plan. «Yo me hubiera conformado con enseñar Literatura en un instituto machadianamente», dice en el documental, con la referencia a Antonio Machado que solo puede hacer alguien que se tomó muy en serio a los poetas antes de convertirse en uno.

La ambición tampoco formaba parte del cuadro. «Yo no tuve nunca ni sueños ni delirios de grandeza ni nada parecido. No recuerdo a nadie que pensara que se podía ganar dinero con ninguno de esos oficios», recuerda. Es el tipo de declaración que suena a falsa modestia y que sin embargo encaja con la trayectoria de alguien que encontró su sitio casi por accidente, fue acumulando canciones sin un objetivo claro y terminó siendo enorme sin haberlo perseguido de forma consciente.

La pandemia, el silencio y Leiva

El parón que siguió a la caída del WiZink se prolongó más de lo previsto por razones que nadie podía haber anticipado. La pandemia interrumpió cualquier posibilidad de volver a los escenarios y dejó a Sabina en un estado de quietud que él mismo reconoce como especialmente duro. «He estado sin muchas ganas de nada, durante la pandemia», admite.

Lo que rompió ese bloqueo vino de dos sitios distintos. Por un lado, el propio proceso del documental, que le devolvió una perspectiva sobre su propia trayectoria. «El documental de Fernando me ha puesto las pilas para ponerme a cantar, ponerme a escribir. Estoy en un estado de euforia que no me lo merezco», dijo al presentar el proyecto. Por otro, la relación con el músico Leiva, que funcionó como el detonante creativo que necesitaba. De esa colaboración nació la canción que da título al documental, la primera que Sabina escribió después de la caída y el símbolo más claro de que el regreso era posible.

Una década de confianza delante de la cámara

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El cantautor en un concierto.
Efe

Que Sintiéndolo mucho tenga el tono que tiene no es un accidente. León de Aranoa filmó a Sabina durante más de diez años, y esa duración solo es posible cuando el sujeto del documental no siente que hay una cámara. «La clave está en que León de Aranoa venía con un amigo. Nunca me hizo sentir que era un tío con una cámara», explicó Sabina. La confianza acumulada durante una década es lo que permite que el músico hable de sus contradicciones, de sus miedos y de su relación con la edad sin la armadura que suele ponerse alguien cuando sabe que lo están grabando.

El resultado es un retrato que tiene muy poco de homenaje y mucho de conversación honesta con alguien que lleva décadas mirando el mundo desde los márgenes, escribiendo sobre ello y que ahora, con los 70 ya superados, sigue sin reconocerse del todo en el número que marca el calendario.