El cuerpo aparece tumbado, visto desde arriba y dividido en fragmentos. Una mano, el abdomen, unas piernas, un rostro que parece haberse separado de sí mismo. Laia Abril ha elegido esa perspectiva cenital para representar una experiencia que conoce bien: el momento en que el dolor se vuelve tan intenso que obliga a mirar el propio cuerpo desde fuera.
“Tienes esa sensación extracorpórea cuando el dolor puede llevarte al delirio”, explica la fotógrafa en declaraciones a Efeminista. De esa experiencia nace Endometriosis. El dolor silenciado (1860-2026), la instalación inédita que puede verse en el Museo Nacional del Romanticismo dentro de la Sección Oficial de PHotoESPAÑA. Es la primera exposición individual en una institución madrileña de Abril (Barcelona, 1986), Premio Nacional de Fotografía 2023 y la artista más joven que ha recibido hasta ahora este reconocimiento.
La muestra reúne los cuerpos de siete personas con endometriosis, seis mujeres y un hombre trans, fotografiados en blanco y negro y a tamaño real. Abril los presenta fragmentados para trasladar al espacio expositivo la disociación física y emocional que puede provocar el dolor crónico. El visitante se encuentra frente a ellos a escala 1:1.

“Nuestros propios cuerpos están delante de los cuerpos de las imágenes y eso forma la propia instalación”, explica la artista a Efeminista. “Es como hacerte responsable también, porque formas parte del problema cuando miras”.
La endometriosis es una enfermedad inflamatoria crónica que afecta a unos 190 millones de mujeres y personas con útero en el mundo, alrededor del 10 % de las mujeres en edad reproductiva. Puede provocar dolor menstrual intenso, dolor pélvico crónico, hemorragias abundantes, infertilidad, distensión abdominal y náuseas. No existe una cura y su diagnóstico continúa llegando con años de retraso.
Abril conoce esa demora en primera persona. En su caso hicieron falta 20 años para obtener un diagnóstico. Su experiencia atraviesa el proyecto, aunque la fotógrafa sostiene que habría terminado abordando la enfermedad de cualquier forma. La serie pertenece a A History of Misogyny, el gran trabajo con el que lleva años investigando las violencias ejercidas sobre los cuerpos y las vidas de las mujeres.
“Si no lo hubiese sufrido, probablemente también lo habría hecho, porque es un tema que merece muchísima atención”, afirma. “Es una enfermedad identificada desde hace muchos años de la que todavía no tenemos cura y en la que existe un problema de investigación latente”.

De la histeria a la endometriosis
El año que aparece en el título de la exposición marca el punto de partida del relato. La endometriosis fue descrita por primera vez en 1860. Más de siglo y medio después, continúa infradiagnosticada, poco investigada y rodeada de una cultura que normaliza el dolor menstrual. Según los datos recogidos por PHotoESPAÑA para la muestra, hasta un 83 % de las pacientes asegura que en algún momento le dijeron que sus síntomas eran normales, exagerados o psicológicos.
Abril sitúa ese menosprecio dentro de una historia más amplia. Durante siglos, la medicina tomó el cuerpo masculino como modelo universal y convirtió el cuerpo femenino en objeto de patologización. La exposición recupera la figura de Marie Blanche Wittman, conocida como “la reina de las histéricas”, que ingresó en 1877, con 18 años, en el hospital parisino de La Salpêtrière. Allí se convirtió en una de las pacientes más célebres del neurólogo Jean-Martin Charcot, que empleaba la hipnosis para tratar la llamada histeria.
El recorrido recuerda también algunos de los métodos utilizados históricamente para tratar el dolor pélvico severo: tampones impregnados en opio o belladona, aplicaciones de cocaína, éter y cloroformo, sanguijuelas y duchas vaginales a temperaturas extremas.

La exposición prolonga así una investigación que Abril ya había desarrollado en On Mass Hysteria. El diagnóstico cambia con los siglos; la sospecha sobre el dolor de las mujeres permanece. La fotógrafa conecta la antigua patologización de los cuerpos femeninos con las pacientes actuales que escuchan que exageran, que sus síntomas son psicológicos o que el dolor forma parte de la menstruación.
“Me interesa legitimar ese dolor para las personas que lo sufren”, señala. La falta de una cura representa, para Abril, el nivel más grave del problema, aunque la frustración cotidiana empieza mucho antes, con la vivencia de “ese menosprecio al dolor”.
Un cuerpo para hacer visible el dolor
Abril lleva años cuestionando la manera en que la fotografía documental y el fotoperiodismo han representado la violencia contra las mujeres. En On Rape, por ejemplo, decidió retirar los cuerpos de las víctimas y dejar únicamente sus vestidos. Rechazaba la exigencia de mostrar un cuerpo violentado como prueba de la agresión.
En Endometriosis, la decisión es distinta. El cuerpo ocupa toda la imagen. “Esta serie habla mucho de la resistencia, del cuerpo y de la autonomía del cuerpo como una forma de lidiar con el dolor cuando no te dan más opciones”, explica. “Esos cuerpos deben visibilizar ese dolor. La propia endometriosis necesitaba, desde mi punto de vista, ser visualizada con el cuerpo”.
Las fotografías, tomadas desde arriba, reproducen la posición de quien permanece tumbado durante una crisis de dolor. La fragmentación rompe la unidad física de las personas retratadas y traduce una sensación difícil de explicar: la necesidad de desconectarse del propio cuerpo para soportarlo.

El tamaño real de las imágenes también forma parte del discurso. Abril evita reducir a quienes aparecen en ellas a un caso clínico o a una ilustración médica. Cada cuerpo conserva su escala y obliga a quien entra en la sala a compartir espacio con él.
La instalación aborda además la violencia obstétrica y el abandono institucional que la artista identifica alrededor de la enfermedad. Para Abril, la endometriosis permite observar un problema que la desborda: la persistente falta de credibilidad concedida al dolor de las mujeres y la insuficiencia de la investigación dedicada a la salud sexual y reproductiva.
“Hay personas que han padecido dolores menstruales, diferentes enfermedades o violencia obstétrica, o que simplemente sufren el menosprecio a ese dolor con comentarios en los que les dicen que es normal o que están exagerando”, afirma. La exposición busca que quienes reconocen esa experiencia encuentren una legitimación que con frecuencia no han recibido en la consulta médica.
Una fotógrafa que desconfía de la fotografía
La relación de Abril con su propio medio atraviesa toda su obra. La artista admite que durante años ha mantenido con la fotografía una relación de “amor-odio”, alimentada por su desconfianza hacia la manera en que las imágenes han mostrado el sufrimiento. “Me parece muy importante no romantizar la fotografía”, sostiene. “Romantizar mucho el periodismo nos ha llevado a extremos a la hora de fotografiar según qué escenas”.
Su trabajo combina imagen y texto, y en sus proyectos la documentación histórica resulta tan importante como la construcción visual. A History of Misogyny ha abordado hasta ahora cuestiones como el aborto, la violación y la histeria colectiva mediante archivos, testimonios, fotografías, documentos y objetos. La endometriosis entra en ese mapa como una enfermedad concreta y como la consecuencia de una tradición que ha considerado el dolor femenino menos fiable, menos urgente y menos digno de investigación.

“Para mí, el texto es tan importante como la imagen”, afirma Abril. La fotografía permanece en el centro porque “atraviesa muchas fronteras”, aunque sus proyectos se extienden cada vez más hacia el vídeo, el sonido, la escultura y el textil.
Esa ampliación marcará sus próximos trabajos. En octubre, On Rape viajará al International Center of Photography de Nueva York. El próximo año estrenará junto a la directora creativa y comisaria Mónica Allende un nuevo proyecto en el espacio Kutxa Kultur de San Sebastián. La obra estará dedicada a una antepasada de ambas que fue prisionera política y se alejará formalmente de A History of Misogyny, con mayor presencia del vídeo, el textil y la escultura.
La exposición del Museo del Romanticismo ocupa ahora un lugar particular en la trayectoria de Abril. Su carrera se ha desarrollado en buena medida fuera de España y el Premio Nacional de Fotografía, recibido en 2023, abrió nuevas oportunidades para mostrar aquí su trabajo.
“Siempre es genial que te valoren en casa”, reconoce. En Madrid presenta una obra atravesada por su propia biografía y por una historia colectiva que comenzó mucho antes de su diagnóstico. Desde 1860, la medicina tiene un nombre para la endometriosis. Ciento sesenta y seis años después, millones de personas continúan esperando que su dolor sea escuchado.
Endometriosis. El dolor silenciado (1860-2026) puede visitarse gratuitamente hasta el 13 de septiembre en la Sala de Exposiciones Temporales del Museo Nacional del Romanticismo, dentro de PHotoESPAÑA 2026.

