La crítica ★★☆☆☆

‘Mother Mary’ sucumbe al peso de sus ínfulas

Anne Hathaway y Michaela Coel protagonizan la nueva película de David Lowery, una fantasía gótica sobre la creación, la dependencia y los fantasmas de una relación rota

Crítica de la película 'Mother Mary', estrenada el 31 de julio de 2026
Crítica de la película 'Mother Mary', estrenada el 31 de julio de 2026
Montaje: Ana Capdepón

A cualquier aficionado al cine le gusta dejarse sorprender por las películas. Nos entusiasman los giros argumentales acrobáticos, un susto creativo y un inesperado destello de surrealismo; mucho menos atractivo, eso sí, es percibir que una película se esfuerza demasiado por impresionarnos dándoselas de rara. A lo largo de su carrera, David Lowery se ha consolidado como un director aventurero alternando películas familiares como Peter y el dragón (2016) y Peter Pan & Wendy (2023) con obras de autor audaces y transgresoras como A Ghost Story (2017), melancólica reflexión sobre el paso del tiempo protagonizada por un fantasma, y la hipnótica fantasía medieval El caballero verde (2021).

Su nueva película, Mother Mary, pertenece claramente a este segundo grupo, y se afana por apabullarnos con su intrepidez conceptual mientras reduce la trama a su mínima expresión y va renunciando por completo a las convenciones narrativas a medida que se adentra en territorios metafísicos y espirituales. Es una lástima que, entretanto, quede atrapada en una maraña hecha de ínfulas temáticas, histrionismo actoral y una puesta en escena ampulosa.

'Mother Mary' está protagonizada por Anne Hathaway y Michaela Coel
‘Mother Mary’ está protagonizada por Anne Hathaway y Michaela Coel

Igual que A Ghost Story, Mother Mary es una historia de fantasmas ambientada casi por completo en un único escenario; en este caso, se trata del taller de una diseñadora de moda ubicado en la campiña inglesa. La peripecia argumental arranca cuando, tras sufrir un accidente catastrófico, la estrella del pop que da título a la película —damos por hecho que se trata de un nombre artístico, aunque la película nunca revela si sus allegados la llaman de otra manera— viaja a Inglaterra en plena crisis personal para reencontrarse después de muchos años con Sam, la mujer que fue responsable de su vestuario y por tanto de su buena parte de su imagen —la película deja entrever que la relación entre ambas fue más íntima que una simple amistad— y de la que ha permanecido distanciada desde que decidió sustituirla profesionalmente por otros diseñadores.

A Sam, lógicamente, no le hace ninguna gracias ni que Mary se presente en su estudio ni mucho menos que, en concreto, lo haga para pedirle que le confeccione un nuevo vestido. La película, por cierto, pretende que demos por hecho que la diva posee un nivel de fama comparable al de Taylor Swift o Lady Gaga aunque los fragmentos de sus conciertos que se muestran en pantalla, en los que despliega una estética de inspiración bíblica e interpreta himnos en realidad compuestos por artistas como Charli XCX, Jack Antonoff y FKA Twigs –estas última, además, aparece en pantalla en un pequeño papel— por momentos parecen congregar apenas a unas decenas de espectadores.

Buena parte de lo que viene después es una encendida conversación entre las dos mujeres en relación a los términos de su relación pasada y presente: qué espera Mary de Sam, qué exige Sam a cambio y cómo Mary acabó destruyendo el vínculo que las unía. Sin embargo, la intensidad de esa dinámica se transmite mucho menos con unos diálogos a menudo tan ridículamente pomposos como banales —y salpicados de constantes jadeos y suspiros— que a través del trabajo de sus dos protagonistas: en la piel de Sam, Michaela Coel se muestra intensa y contenida pero también profundamente airada; en la de Mary, Anne Hathaway resulta caótica, frágil, consumida por los nervios y permanentemente al borde del llanto. ¿Qué ocurrió exactamente entre ellas? ¿Qué las separó? Llega un momento en que la película empieza a resultar demasiado tediosa como para que la respuesta importe.

Anne Hathaway protagoniza la película 'Mother Mary'
Anne Hathaway protagoniza la película ‘Mother Mary’

Teniendo en cuenta el interés que David Lowery ha mostrado a lo largo de su carrera por la fantasía y lo sobrenatural, no sorprende que en su momento Mother Mary cambie de registro y empiece a prestar atención a una conexión más misteriosa entre las dos mujeres. Ambas descubren que, desde su separación, las persigue el mismo ente: una suntuosa pieza de gasa rojo sangre que serpentea y se retuerce en el aire, irrumpiendo una y otra vez en sus pesadillas. ¿Es el fantasma de su relación? ¿O un fantasma de verdad? Es una pregunta que los espectadores se harán durante cuatro segundos.

Especialmente a lo largo de esa segunda mitad de la película, Lowery intenta expresar el sufrimiento psicológico de sus protagonistas mediante un despliegue visual exuberante, pero la relación entre ambas está delineada con tan poca claridad que las imágenes —luces palpitantes, rincones cubiertos de sombras, abstracciones visuales— acaban pareciendo un videoclip a medio terminar. En todo momento, sea como sea, cuesta entender qué es exactamente lo que las mantiene en un estado de agitación permanente, y aún más encontrar motivos para implicarse emocionalmente con ellas y sus inanes conflictos, o con toda la palabrería sobre la creación y la posesión que la película aspira a convertir en su asunto central.

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