'La Casa del Dragón'

Rhaenys Targaryen, la reina que nunca fue y comprendió antes que nadie el verdadero peligro de los dragones

Rhaenys perdió su derecho a la Corona, pero su experiencia política y su vínculo con Meleys la convirtieron en una figura clave de la Danza

Rhaenys Targaryen - Cultura
Montaje con el personaje de Rhaenys Targaryen.
Artículo14

Rhaenys Targaryen aprendió muy pronto que tener derecho al poder no significa necesariamente conseguirlo. Mucho antes de que Rhaenyra tuviera que defender su legitimidad frente a quienes preferían colocar a un hombre en el Trono de Hierro, otra princesa Targaryen había comprobado hasta qué punto Poniente estaba dispuesto a alterar una sucesión antes que aceptar a una mujer como soberana.

La historia la recordaría como «la reina que nunca fue». Sin embargo, reducir a Rhaenys Targaryen a la corona que perdió significa ignorar buena parte de lo que convierte al personaje interpretado por Eve Best en uno de los más interesantes de La Casa del Dragón. Es esposa de Corlys Velaryon, madre, abuela, consejera política y jinete de Meleys, la temible Reina Roja. Pero, sobre todo, es una superviviente de las luchas dinásticas que entiende antes que muchos de quienes la rodean que una guerra entre dragones no puede tener verdaderos vencedores.

Su experiencia determina su forma de mirar el mundo. Rhaenys conoce el precio de perder una corona y también sabe que recuperarla no justifica necesariamente destruir un reino. Esa combinación de resignación, inteligencia política y determinación explica tanto su apoyo final a Rhaenyra como el destino que encuentra cuando la Danza de los Dragones deja definitivamente de ser una guerra de palabras.

La reina que Poniente decidió que nunca debía reinar

Rhaenys Targaryen es hija del príncipe Aemon Targaryen y Jocelyn Baratheon y nieta del rey Jaehaerys I. Su posición dentro de la familia real la situó muy cerca del Trono de Hierro, pero la muerte de su padre abrió una disputa sucesoria que terminaría marcando para siempre su vida.

Jaehaerys eligió primero como sucesor a Baelon, hermano menor de Aemon, desplazando la línea de Rhaenys. Cuando Baelon murió, el problema regresó y desembocó finalmente en el Gran Consejo de 101. Allí fueron consideradas numerosas reclamaciones, aunque la decisión terminaría favoreciendo a Viserys frente a la línea representada por Rhaenys y su hijo Laenor Velaryon.

La serie simplifica ese proceso y convierte la elección en un enfrentamiento mucho más directo entre Rhaenys y Viserys. Dramáticamente, el cambio resulta fundamental: Rhaenys se transforma en el precedente inmediato de aquello que décadas después sufrirá Rhaenyra.

Cuando la joven heredera de Viserys cree que el juramento de los grandes señores garantizará algún día su llegada al trono, Rhaenys sabe que las promesas políticas pueden desaparecer en cuanto aparece una alternativa masculina suficientemente conveniente.

El espejo en el que Rhaenyra todavía no quiere mirarse

Rhaenyra Targaryen - Cultura
Rhaenyra Targaryen en ‘La Casa del Dragón’.
HBO

La relación entre Rhaenys Targaryen y Rhaenyra está marcada inicialmente por esa diferencia de experiencia. La primera ya ha perdido aquello que la segunda todavía confía en conservar.

Por eso algunas de sus conversaciones resultan especialmente duras. Rhaenys no necesita convencer a Rhaenyra de que el mundo es injusto; intenta advertirle de que Poniente puede reconocer formalmente sus derechos y, llegado el momento, negárselos igualmente.

Pero Rhaenys tampoco se convierte inmediatamente en una defensora incondicional de la heredera. La relación entre ambas familias está llena de heridas. El matrimonio de Rhaenyra con Laenor Velaryon une sus intereses, aunque la posterior desaparición del hijo de Rhaenys y la unión entre Rhaenyra y Daemon alimentan sus sospechas.

Precisamente por eso su apoyo posterior resulta significativo. Rhaenys no elige a Rhaenyra porque idealice su figura, sino porque reconoce la legitimidad de su reclamación y comprende lo que significa contemplar cómo una mujer es desplazada en favor de un hombre.

Corlys Velaryon y un matrimonio construido alrededor del poder

Rhaenys está casada con Corlys Velaryon, la Serpiente Marina, uno de los hombres más ricos y poderosos de los Siete Reinos. Juntos forman uno de los matrimonios políticamente más influyentes de su época.

Pero la relación entre ambos nunca se presenta como una subordinación absoluta. Rhaenys discute las decisiones de su marido, cuestiona su ambición y detecta algo que Corlys tarda mucho más en aceptar: la obsesión por el legado puede terminar destruyendo precisamente aquello que pretende preservar.

Corlys nunca olvida que su esposa pudo convertirse en reina. Su empeño por acercar a la Casa Velaryon al Trono de Hierro atraviesa buena parte de sus decisiones, desde el matrimonio de Laenor con Rhaenyra hasta su participación posterior en el conflicto sucesorio.

Rhaenys, en cambio, comienza a observar las pérdidas acumuladas. Laena muere lejos de casa. Laenor desaparece. Sus nietas quedan atrapadas en una familia que se aproxima inevitablemente a la guerra. La corona que una vez le negaron empieza entonces a parecer menos importante que todo aquello que puede perderse intentando conquistarla.

Meleys, la Reina Roja que convirtió a Rhaenys en una de las mujeres más poderosas de Poniente

La prudencia de Rhaenys no debe confundirse con debilidad. Si la política constituye una de sus principales armas, la otra es mucho más evidente: Meleys.

Conocida como la Reina Roja, Meleys es uno de los grandes dragones de su generación y convierte a Rhaenys en una fuerza militar formidable. En un mundo donde el poder de una casa puede medirse por el número de criaturas que controla, la princesa posee una capacidad destructiva que pocos nobles pueden igualar.

La relación entre ambas también introduce una contradicción esencial. Rhaenys comprende mejor que muchos el poder de los dragones precisamente porque sabe hasta dónde puede llegar. Meleys puede arrasar soldados, destruir fortalezas y enfrentarse a otras criaturas, pero utilizarla significa abrir una puerta cuyas consecuencias nadie puede controlar completamente.

Los dragones funcionan en la Danza como armas definitivas. Mientras permanecen como amenaza, sirven para disuadir al enemigo. Cuando comienzan a combatir entre ellos, la lógica cambia: cada enfrentamiento puede matar no solo a centenares de personas, sino también a criaturas que representan una parte irreemplazable del poder Targaryen.

Por qué no mató a Aegon cuando tuvo la oportunidad

Una de las escenas más discutidas de La Casa del Dragón ocurre durante la coronación de Aegon II. Rhaenys escapa de su encierro, alcanza a Meleys y emerge violentamente en el Pozo Dragón ante la familia real.

Frente a ella se encuentran Aegon, Alicent, Aemond, Otto y buena parte del núcleo dirigente de los Verdes. Una sola orden podría cambiar la historia. Rhaenys no la pronuncia.

La secuencia no aparece de esa manera en Fuego y sangre y fue creada específicamente para la adaptación. Su función consiste en mostrar algo fundamental sobre el personaje: Rhaenys posee poder suficiente para matar y, precisamente por eso, comprende el significado de utilizarlo.

La decisión también resulta polémica porque la irrupción de Meleys provoca víctimas entre quienes asisten a la coronación. Sin embargo, desde la perspectiva de Rhaenys existe una diferencia entre escapar utilizando a su dragón y ejecutar deliberadamente a toda una familia real iniciando personalmente una guerra abierta.

Ella decide marcharse y advertir a Rhaenyra.

La mujer que todavía creía posible detener la guerra

Incluso después de la muerte de Lucerys y de la multiplicación de las hostilidades, Rhaenys continúa defendiendo la prudencia. Su experiencia le permite comprender algo que las generaciones más jóvenes descubren demasiado tarde: una guerra entre Targaryen no se parecerá a ninguna otra.

No son únicamente ejércitos enfrentándose sobre un campo de batalla. Son dragones combatiendo dragones sobre ciudades, castillos y soldados incapaces de protegerse frente al fuego.

Rhaenys no teme combatir; teme lo que ocurrirá cuando combatir se convierta en la única respuesta posible. Esa diferencia explica por qué intenta contener a quienes confunden prudencia con debilidad y por qué su decisión final resulta todavía más significativa.

Reposo del Grajo y la decisión que define toda su vida

El verdadero punto de no retorno llega en Reposo del Grajo. Ante la necesidad de enviar un dragón para responder a las tropas comandadas por Criston Cole, Rhaenys se ofrece voluntaria y parte hacia la batalla sobre Meleys.

Allí se encuentra primero con Aegon y Sunfyre y después con una amenaza todavía mayor: Aemond montando a Vhagar.

Rhaenys tiene la posibilidad de retirarse. Sin embargo, decide volver al combate. La escena resume toda la evolución del personaje. La mujer que durante años ha pedido cautela comprende finalmente que la guerra que intentaba evitar ya ha comenzado y que escapar únicamente trasladaría el peligro a otros.

No regresa porque ignore el riesgo, sino precisamente porque lo entiende mejor que nadie.

Meleys lucha contra Vhagar hasta que la enorme dragona de Aemond logra sorprenderla y asestar el ataque definitivo. El instante final entre Rhaenys y su dragona abandona entonces el estruendo de la batalla. Hay reconocimiento, aceptación y una última mirada entre dos compañeras que saben que ya no existe salida.

Una Targaryen con sangre Baratheon y una apariencia diferente en los libros

Póster de Rhaenys Targaryen - Cultura
Imagen promocional de la serie.
HBO

Rhaenys Targaryen posee además una particularidad que la adaptación televisiva modifica visualmente. Su madre, Jocelyn, pertenece a la Casa Baratheon y en los libros Rhaenys hereda inicialmente el característico cabello oscuro de esa familia, que termina encaneciendo con los años.

La serie opta por proporcionarle el cabello plateado inmediatamente reconocible de los Targaryen, reforzando visualmente su pertenencia a la dinastía y facilitando la identificación de las complejas relaciones familiares.

La conexión Baratheon, sin embargo, permanece. Rhaenys reúne en su sangre a dos de las familias más importantes de Poniente y está casada con el líder de una tercera, los Velaryon. Pocas figuras de su generación poseen una posición política y dinástica comparable.

La reina que nunca fue quizá era una de las mejor preparadas para serlo

Nunca puede saberse qué clase de monarca habría sido Rhaenys Targaryen. Pero existe una última ironía alrededor de su personaje. La serie presenta a la mujer apartada de la Corona como una de las personas con mayor capacidad para comprender el poder.

Rhaenys conoce la corte, entiende las alianzas, cuestiona la ambición de su propia familia, sabe cuándo negociar y también cuándo combatir. Sobre todo, posee algo que muchos aspirantes al Trono de Hierro nunca adquieren: conciencia de las consecuencias.

Por eso su verdadero legado no está únicamente en el título de «la reina que nunca fue». Está en todo aquello que aprendió después de perderlo.

Rhaenys vio cómo Poniente rechazaba su derecho, contempló cómo la historia comenzaba a repetirse con Rhaenyra e intentó evitar que una disputa por una corona terminara convirtiéndose en una guerra de exterminio. Cuando comprendió que ya era imposible detenerla, montó sobre Meleys y participó en aquello que siempre había temido.

Su tragedia consiste precisamente en eso. Rhaenys Targaryen comprendió antes que casi nadie el verdadero peligro de los dragones. También supo que llegaría un momento en el que comprenderlo ya no sería suficiente para impedir que empezaran a arder los Siete Reinos.

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