Simone de Beauvoir, filósofa y escritora: “No se nace mujer, se llega a serlo”

'El segundo sexo' convirtió la construcción social de la feminidad en una de las grandes cuestiones del pensamiento contemporáneo

Simone de Beauvoir - Cultura
Una fotografía en blanco y negro de Simone de Beauvoir.
Archivo

Hay frases que terminan por sobrevivir al libro que las contiene. “No se nace mujer, se llega a serlo” es una de ellas. Simone de Beauvoir la escribió en 1949 en El segundo sexo, una obra convertida en uno de los grandes textos del pensamiento feminista del siglo XX. Más de siete décadas después, la sentencia continúa apareciendo en debates sobre identidad, educación y roles sociales, a menudo separada de la reflexión que le dio origen.

La frase de Simone de Beauvoir aparece al comienzo del segundo volumen de El segundo sexo, titulado La experiencia vivida, dentro del capítulo dedicado a la infancia. Su formulación francesa original, On ne naît pas femme: on le devient, sirve como punto de partida para analizar cómo una niña aprende progresivamente qué comportamientos, aspiraciones y límites espera de ella la sociedad.

Qué quería decir Simone de Beauvoir

El segundo sexo - Simone de Beauvoir
La portada de ‘El segundo sexo’.

El planteamiento de Simone de Beauvoir no consistía en negar las diferencias biológicas entre hombres y mujeres. El primer volumen de El segundo sexo analiza precisamente la biología, la reproducción, el psicoanálisis y las condiciones materiales. Su tesis iba por otro camino: la biología no determina por sí sola la posición que una mujer ocupará en la sociedad ni la personalidad que deberá desarrollar.

Para Beauvoir, muchas características presentadas durante siglos como propias de una supuesta “naturaleza femenina” eran también producto de la educación y del entorno. La pasividad, la delicadeza, la dependencia o la maternidad entendida como destino inevitable no podían explicarse simplemente mediante el cuerpo con el que una persona nace.

Ahí se encuentra el sentido profundo de aquella frase. La sociedad participa en la construcción de aquello que considera femenino. Desde la infancia, las expectativas familiares, la educación, las costumbres y las relaciones sociales van indicando a las niñas qué se espera de ellas y qué espacios parecen reservarse para los hombres.

Simone de Beauvoir coloca precisamente la infancia en el centro porque considera que ese aprendizaje comienza muy pronto. La diferencia social se introduce mediante modelos de comportamiento, prohibiciones y expectativas. Lo que más tarde parece natural puede tener una larga historia de aprendizaje detrás.

La mujer como “el Otro”

La idea conecta con una de las tesis fundamentales de El segundo sexo: la mujer como “el Otro”. Beauvoir sostiene que la tradición occidental había convertido al hombre en la referencia universal, mientras que la mujer aparecía definida en relación con él. El hombre podía presentarse simplemente como individuo; la mujer, en cambio, cargaba con una identidad marcada constantemente por su sexo.

Para Simone de Beauvoir, esa relación tenía consecuencias concretas. Durante generaciones, la identidad femenina quedó asociada a papeles como esposa, madre o cuidadora, mientras numerosos espacios de autonomía permanecían restringidos. Su reflexión trataba de demostrar que esa organización social no debía confundirse con una consecuencia inevitable de la naturaleza.

El planteamiento encaja además con el núcleo existencialista de su filosofía. La identidad no está completamente escrita de antemano: se forma dentro de unas circunstancias determinadas y a través de las posibilidades y límites que aparecen durante la vida. Beauvoir subraya, además, que no todas las personas parten de las mismas condiciones para construir esa existencia.

Una frase de 1949 que sigue generando debate

Simone de Beauvoir
La escritora Simone de Beauvoir.

Con el paso del tiempo, “No se nace mujer, se llega a serlo” fue interpretada como uno de los antecedentes de la posterior distinción entre sexo y género. Sin embargo, trasladar directamente a Simone de Beauvoir todas las categorías actuales puede resultar simplificador. La Stanford Encyclopedia of Philosophy recoge precisamente que sigue existiendo debate académico sobre hasta qué punto Beauvoir estaba formulando aquella distinción en los términos en los que hoy se utiliza.

Lo que sí resulta central en El segundo sexo es su rechazo al esencialismo: no existe una esencia femenina inmutable capaz de explicar cómo deben comportarse todas las mujeres. Si durante generaciones las mujeres habían ocupado determinados espacios y los hombres otros, Beauvoir proponía preguntarse quién había construido esa distribución y mediante qué mecanismos se había mantenido.

Ese cambio de perspectiva explica buena parte de la influencia de Simone de Beauvoir. La pregunta dejaba de ser por qué las mujeres eran de una determinada manera para convertirse en otra mucho más incómoda: qué había hecho la sociedad para enseñarles que debían ser así. Una frase de apenas unas palabras condensó una idea capaz de atravesar generaciones: aquello que parece natural también puede ser el resultado de una historia, una educación y una estructura social.

TAGS DE ESTA NOTICIA