La momia de Lee Cronin llega a los cines con una idea muy clara: romper con todo lo que buena parte del público asociaba a este personaje. Aquí no hay aventura ligera, ni aroma de gran espectáculo familiar, ni ese tono de fantasía arqueológica que marcó otras etapas de la saga. La cinta apuesta por el terror sin rodeos, por la incomodidad física y por una historia mucho más oscura, más íntima y más agresiva. Warner la vende directamente como una película de terror, y las entrevistas de su director confirman que ese era justo el objetivo desde el principio.
Un giro radical para un icono del cine
Lo primero que conviene entender es que La momia de Lee Cronin no quiere parecerse ni a la trilogía aventurera que convirtió a Brendan Fraser en un icono popular ni al intento de relanzamiento de 2017 con Tom Cruise. Lee Cronin, responsable de Evil Dead Rise, ha optado por una reinvención mucho más cercana al terror contemporáneo que al blockbuster clásico.
En declaraciones a Entertainment Weekly, el director explicó que su intención era hacer una película de momias “realmente terrorífica”, y hacerlo además desde un ángulo diferente al que el público ha visto hasta ahora.
Ese cambio de rumbo se nota ya en la premisa. La momia de Lee Cronin arranca con la desaparición de una niña en el desierto. Ocho años después, la menor reaparece de forma inexplicable. Lo que podría parecer el comienzo de un milagro se transforma poco a poco en una pesadilla. La familia recupera a esa hija perdida, pero pronto descubre que algo no encaja. No se trata solo de un regreso imposible, sino de una presencia perturbadora que altera por completo la vida doméstica y convierte el hogar en un espacio amenazante.
‘La momia de Lee Cronin’ cambia el monstruo clásico
Una de las claves más interesantes está en cómo reinterpreta la figura de la momia. En lugar de apoyarse únicamente en la idea del monstruo ancestral encerrado en una tumba, la película utiliza la momificación como una forma de corrupción del cuerpo, de posesión y de descomposición emocional. Por eso el filme se acerca más al body horror y al cine de casas malditas que al relato arqueológico tradicional.
James Wan, uno de los productores, llegó a definir el proyecto como una historia que golpea a una familia desde dentro, casi como si el mal se instalara en su propia intimidad. Eso hace que La momia de Lee Cronin funcione también como una historia sobre el duelo, la pérdida y el miedo a que alguien querido vuelva cambiado para siempre.

La película no solo quiere asustar con imágenes grotescas o escenas violentas. También busca incomodar desde una idea emocional muy reconocible: el terror de recuperar a alguien amado y sentir que, en realidad, ya no está ahí. Ese planteamiento la aleja todavía más del tono aventurero de otras entregas y la mete de lleno en un registro más serio, más opresivo y mucho más cruel.
Qué esperar de esta nueva versión
Las primeras críticas dejan claro que La momia de Lee Cronin es una película dura. Associated Press y otros medios hablan de una propuesta marcada por el gore, la deformación física y una violencia gráfica muy visible. También se ha destacado su calificación para adultos y un metraje amplio para este tipo de cine, algo que refuerza la idea de que Cronin no ha querido rodar un pasatiempo nostálgico, sino una obra de terror con ambición propia.
El reparto está encabezado por Jack Reynor, Laia Costa, May Calamawy, Natalie Grace y Verónica Falcón, en una producción ligada a Blumhouse y Atomic Monster. Dos nombres que por sí solos ya orientan bastante bien sobre el tipo de película que estamos a punto de ver. Además, parte del rodaje se llevó a cabo entre España e Irlanda, y la presencia de Laia Costa añade un punto de interés extra para el público español.
