El Festival Iberoamericano de Poesía Bajo 35 celebra su tercera edición en Madrid del 15 al 18 de abril con un lema que desplaza el foco habitual sobre el futuro: El futuro de la palabra. Frente a un contexto cultural dominado por el debate tecnológico, el encuentro propone volver a lo esencial: la escritura como espacio donde se ensaya el pensamiento del mañana. Durante cuatro días, el distrito de Tetuán se convierte en un laboratorio poético abierto, en el que conviven voces consagradas y nuevas generaciones, con una presencia especialmente significativa de autoras.
El festival, impulsado por Be Cooltural y con el apoyo institucional del Ayuntamiento de Madrid, se ha consolidado en apenas tres ediciones como uno de los principales escaparates de la poesía joven iberoamericana en España. Su propuesta combina recitales, talleres, encuentros con estudiantes y formatos participativos que buscan sacar la poesía del espacio estrictamente literario para integrarla en la vida cotidiana. En esta edición, esa vocación se refuerza con una programación que apuesta por la diversidad de registros y por el diálogo entre generaciones.
En ese mapa, destacan nombres femeninos que atraviesan distintas formas de entender la escritura. La nicaragüense Gioconda Belli, figura central de la literatura latinoamericana, encabeza un cartel en el que su presencia no funciona solo como referencia histórica, sino como puente hacia las nuevas voces. Junto a ella, la ecuatoriana Mónica Ojeda aporta una mirada contemporánea marcada por la exploración de los límites del lenguaje y la violencia simbólica, mientras que la española Paula Melchor propone una escritura vinculada a la imagen y a la percepción sensorial.
A este núcleo se suman otras autoras como Alba Cid, cuya obra dialoga con la tradición desde una perspectiva crítica, o Julia Viejo y Aurora H. Camero, que representan una generación que ha crecido en un contexto de crisis y transformación constante. El festival no solo las reúne, sino que articula espacios donde sus discursos se cruzan, se tensionan y se amplifican.
Uno de los momentos centrales del programa es el diálogo entre Gioconda Belli y Alba Cid bajo el título “La palabra que viene”, una conversación que pone en relación dos trayectorias separadas por décadas, pero unidas por una misma pregunta: qué puede hacer la poesía frente a un presente marcado por la incertidumbre. En paralelo, el debate “Poesía para abordar la verdad”, con Mónica Ojeda, Aurora H. Camero y otros autores, sitúa la escritura como herramienta de testimonio y resistencia, una idea que atraviesa buena parte de la producción literaria contemporánea.
El festival también insiste en la dimensión pedagógica de la poesía. El encuentro con estudiantes en el IES Jaime Vera o los talleres abiertos, como el que imparte Paula Melchor, buscan acercar la escritura a públicos que no siempre forman parte del circuito literario. Esta apertura se completa con propuestas participativas como “Se busca un poeta”, donde cualquier asistente puede subir al escenario y compartir su texto, eliminando jerarquías y reivindicando la palabra como práctica colectiva.
En esa línea, el cierre del festival adquiere un valor simbólico. El homenaje a autoras como Alejandra Pizarnik, Idea Vilariño, Mary Oliver o Wisława Szymborska, bajo el título “El club de las poetas muertas”, no se plantea como un ejercicio nostálgico, sino como una relectura contemporánea de sus legados. La participación de la actriz Itsaso Arana refuerza esa idea de la poesía como un arte vivo, que se actualiza en cada lectura.
La música también forma parte de este ecosistema. La actuación de Soleá Morente introduce una dimensión sonora que conecta la tradición oral con la experimentación contemporánea, ampliando los límites del propio festival. En Bajo 35, la palabra no se restringe al texto escrito, sino que se expande hacia otros lenguajes.
Hoy la poesía circula cada vez más a través de redes sociales y formatos breves, y por ello el festival Bajo 35 reivindica el encuentro físico, la escucha compartida y la experiencia directa. La elección de Tetuán como sede no es casual: un distrito diverso, atravesado por múltiples identidades, que funciona como escenario para una poesía que también se define por su pluralidad.
El resultado es un festival que no solo muestra el estado actual de la poesía iberoamericana, sino que plantea preguntas sobre su futuro. Y en ese futuro, las voces de las mujeres ocupan un lugar central, no como excepción, sino como eje de una escritura que sigue transformando la manera en que se piensa y se nombra el mundo.
