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The Strokes rompen cinco años de silencio con ‘Reality Awaits’, su primer disco desde 2020

El grupo neoyorquino publica su séptimo álbum de estudio, grabado en Costa Rica con Rick Rubin a la producción, tras el aplaudido 'The New Abnormal'

The Strokes rompen cinco años de silencio con 'Reality Awaits', su primer disco desde 2020
The Strokes rompen cinco años de silencio con 'Reality Awaits', su primer disco desde 2020
Montaje: kiloycuarto

The Strokes vuelven. La banda que a comienzos de los 2000 reescribió el manual del rock de guitarras publica Reality Awaits, su séptimo álbum de estudio y el primero desde The New Abnormal (2020), el disco con el que Julian Casablancas y los suyos recuperaron el favor de crítica y público. Cinco años después, el grupo neoyorquino rompe uno de los silencios discográficos más largos de su carrera.

El anunciado regreso llega envuelto en un nombre de peso en la producción: Rick Rubin, el legendario productor detrás de discos capitales de Johnny Cash, Red Hot Chili Peppers o System of a Down, con quien la banda coquetea desde hace años. El álbum fue grabado en Costa Rica y finalizado después en distintos estudios, un proceso que se ha tomado su tiempo y que ha sufrido algún ajuste de calendario por el camino.

Un lanzamiento que se hizo esperar

El propio itinerario del disco refleja el perfeccionismo —y la conocida imprevisibilidad— de la formación. Tras un primer anuncio a comienzos de la primavera, la fecha de publicación llegó a moverse antes de quedar fijada, un vaivén habitual en una banda que nunca ha ocultado su relación complicada con los plazos y con las expectativas ajenas. Reality Awaits se presenta como un álbum compacto, de nueve cortes, en la estela de la duración contenida que la banda ha cultivado en sus últimas entregas.

Con títulos de canciones que circulan desde el anuncio —como Psycho Shit, Dine N’ Dash o Lonely in the Future—, el repertorio apunta al equilibrio marca de la casa entre la urgencia guitarrera de sus inicios y las texturas más atmosféricas y sintéticas que la banda ha ido incorporando desde Angles (2011) y Comedown Machine (2013), y que cristalizaron en The New Abnormal.

Imagen promocional de 'Reality awaits', el nuevo disco de The Strokes
Imagen promocional de ‘Reality awaits’, el nuevo disco de The Strokes

Un regreso entre la nostalgia y la reinvención

Conviene recordar de dónde vienen. Formados a finales de los noventa por Julian Casablancas (voz), Nick Valensi y Albert Hammond Jr. (guitarras), Nikolai Fraiture (bajo) y Fabrizio Moretti (batería), The Strokes actualizaron con Is This It la herencia del art-punk y el pospunk neoyorquino de dos décadas atrás, y lo hicieron desde la perspectiva de unos chicos de alta cuna que apenas rondaban los veinte años. A aquel disco fundacional siguieron Room on Fire (2003) y First Impressions of Earth (2006), y después una etapa más irregular y espaciada —Angles (2011), Comedown Machine (2013)— en la que sus álbumes dejaron de generar los consensos admirativos de los inicios, hasta la reconciliación con la crítica que supuso The New Abnormal, ganador del Grammy al mejor álbum de rock.

Reality Awaits recoge ese testigo sin buscar el aplauso unánime. De hecho, ha generado debate antes incluso de su publicación por el uso del autotune en sus dos primeros adelantos, un recurso que va y viene a lo largo del disco sin llegar a atentar contra la identidad del grupo.

Las canciones: del hit catatónico a la balada fantasmal

La voz de Casablancas, que Rubin coloca en primer plano, adquiere una textura robótica y desnaturalizada en Going Shopping, que acentúa su aire de desamparo catatónico: una pieza con madera de éxito y uno de los momentos más redondos del conjunto. En contraste, el segundo sencillo, ‘Falling Out of Love’, es una larga balada fantasmal en la que, a mitad de trayecto, irrumpe un sonido de mellotrón digno del primer King Crimson.

El centro de gravedad, sin embargo, siguen siendo las guitarras, aunque tratadas de un modo minimalista y con nuevos ángulos abiertos por los sintetizadores. Buen resumen de esa ecuación es Psycho Shit, apuntalada en un punteo que crece entre la melancolía y el caos mientras Casablancas alza el tono —esta vez sin efectos— y lanza invectivas afiladas.

En su tramo central, Reality Awaits es donde la banda más se arriesga, y también donde la crítica se ha dividido. Dine N’ Dash tira de una corpulencia pospunk para hablar, desde su propio título —el gesto de largarse sin pagar—, de la falta de compromiso, mientras Lonely in the Future‘ recupera la dinámica stroke de primera hora entre versos de abandono y nostalgia. Son las cartas más directas de un álbum que, sin embargo, apuesta buena parte de su interés a las jugadas más raras: Going to Babble On desemboca en un remolino de guitarras que remite a su vieja devoción por Television, y The Fruits of Conquest se interna en una telaraña de disonancias que aleja al grupo de cualquier zona de confort.

Esa es, precisamente, la lectura que ha dominado la recepción internacional del disco. Frente a quienes lo despachan como irregular —con algún tema que “se queda plano” por apoyarse en ganchos rudimentarios—, la valoración mayoritaria subraya que se trata de una entrega deliberadamente inconclusa, a ratos inescrutable y hasta abiertamente extraña, una adición insólita a su discografía más que un movimiento de reafirmación. Y coinciden en el matiz decisivo: cuando la banda resuelve esas maniobras atrevidas, estas nueve canciones suenan tan memorables como sus trabajos más celebrados. La materia prima sigue intacta —Casablancas continúa siendo uno de los mejores melodistas del rock actual—; lo nuevo es la voluntad de incomodar.

Un clásico moderno que prefiere el riesgo a la nostalgia

Este es el mayor logro de Reality Awaits: no ofrecer el disco cómodo que muchos esperaban tras el éxito de The New Abnormal. La banda captura la confusión del presente y desliza señales de debilidad e impotencia que culminan en la canción final, Tyrants of the Mellow Moon, que avanza con suavidad acogedora entre arpegios de guitarra. Es el gesto de un grupo que ha cambiado la urgencia salvadora de sus inicios por una introspección más adulta y menos complaciente.

Veinticinco años después de irrumpir como el supuesto futuro del rock, The Strokes ya no pretenden salvar nada, y esa renuncia les sienta bien. Un disco curiosamente irresuelto, que divide y desconcierta, es también la prueba de que la banda sigue prefiriendo el desafío a la repetición. La realidad, como anuncia el título, espera; y ellos deciden mirarla de frente.

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