Alicia Sánchez denuncia la ineficacia de los protocolos contra el acoso en la Guardia Civil: “Un porcentaje muy alto de las solicitudes finaliza sin responsabilidad”

La denuncia vuelve a poner el foco en la falta de apoyo a las víctimas, la dificultad para probar los casos y las grietas del sistema

Alicia Sánchez (Guardia Civil) - Defensa
La aparición de Alicia Sánchez en 'Informe Semanal'.
RTVE

La denuncia de Alicia Sánchez vuelve a poner el foco sobre una cuestión tan delicada como persistente: la eficacia real de los protocolos contra el acoso en la Guardia Civil. La secretaria de Igualdad de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, que lleva más de tres décadas vinculada a la defensa de la igualdad dentro del cuerpo, ha cuestionado abiertamente el funcionamiento de estos mecanismos internos y ha advertido de un problema que, a su juicio, erosiona la confianza de muchas víctimas en el sistema.

Sus declaraciones, realizadas en Informe Semanal, retratan un panorama especialmente duro para quienes deciden dar el paso y denunciar. Según su testimonio, muchas personas que recurren a los canales internos se encuentran con una realidad desalentadora: falta de respaldo, ausencia de testigos concluyentes y procedimientos que, en demasiadas ocasiones, terminan sin que se depuren responsabilidades.

La frase que ha resumido su crítica es tan directa como inquietante: un porcentaje muy alto de las solicitudes de apertura de estos protocolos acaba sin consecuencias. La reflexión de Sánchez no solo apunta a la posible ineficacia de los protocolos contra el acoso en la Guardia Civil, sino también al efecto psicológico e institucional que eso puede tener sobre quienes sufren situaciones de hostigamiento. Porque cuando una víctima percibe que denunciar no sirve, o incluso que puede volverse en su contra, el problema deja de ser solo disciplinario para convertirse en estructural.

La denuncia de Alicia Sánchez y el desgaste de la vía interna

Lo que plantea Alicia Sánchez pone sobre la mesa una crítica de fondo a la vía interna como herramienta para afrontar este tipo de situaciones. Su diagnóstico sugiere que no basta con que existan procedimientos formales si, en la práctica, quienes los activan sienten que se enfrentan a un muro. La existencia de unos protocolos contra el acoso en la Guardia Civil no garantiza por sí sola que el sistema sea eficaz, especialmente si el resultado habitual transmite una sensación de impunidad o de frustración.

Una de las imágenes más contundentes que deja su intervención es la de unos testigos que “no han visto ni han oído” o que, sencillamente, “han perdido la memoria”. Esa percepción resume bien uno de los principales problemas de los procesos internos en organizaciones muy jerarquizadas: la dificultad de obtener apoyos, testimonios claros o un entorno dispuesto a sostener la denuncia. Cuando eso ocurre, la persona afectada puede sentir que el procedimiento nace ya debilitado.

En ese contexto, la crítica a los protocolos contra el acoso en la Guardia Civil no se limita a una discusión técnica sobre expedientes o normas internas. Lo que está en juego es la credibilidad del sistema ante quienes más deberían confiar en él.

El miedo a denunciar y la sensación de soledad

Uno de los aspectos más preocupantes que se desprenden de estas palabras es el impacto que puede tener en las víctimas. Denunciar una situación de acoso nunca es fácil, pero en entornos cerrados, disciplinados y fuertemente jerarquizados la decisión puede resultar aún más compleja. No solo por la exposición personal, sino por el temor a las consecuencias profesionales, al aislamiento o a la falta de apoyo de compañeros.

Por eso el debate sobre los protocolos contra el acoso en la Guardia Civil trasciende el caso concreto de una denuncia pública. Habla también del clima que rodea a estos procesos. Si quienes los activan perciben que la mayoría de los casos acaban sin responsabilidad, el mensaje que puede extenderse es demoledor: denunciar sirve de poco. Y cuando esa idea prende, el silencio gana terreno.

La advertencia de Alicia Sánchez conecta precisamente con esa pérdida de esperanza. No es una queja abstracta, sino la descripción de un mecanismo que, según denuncia, desactiva la confianza de quienes buscan protección. En términos institucionales, eso supone un desafío serio, porque un protocolo solo cumple su función cuando ofrece garantías reales y cuando la víctima percibe que merece la pena recurrir a él.