De Colombia a la Infantería de Marina: “Me sorprendió que pudiera ingresar siendo madre soltera”

La cabo primero Landa Lury Vallejo Osorio hizo de España su vocación y, veinte años después, sigue sirviendo en primera línea como zapadora de combate

La Cabo 1º de Infantería Marina, Landa Lury Vallejo Osorio
La Cabo 1º de Infantería Marina, Landa Lury Vallejo Osorio
Cedida

Después de veinte años en la Infantería de Marina, la cabo primero Landa Lury Vallejo Osorio no resume su carrera en las maniobras, los despliegues o las misiones. Lo hace en una frase que habla del tiempo, del que pasa mientras uno está lejos de casa y la vida continúa sin esperar a nadie.

Cuando emigró desde Colombia en 2004, llevaba consigo una vocación que había nacido muchos años antes. Había estudiado diseño gráfico pero dos años después de llegar a España decidió cambiar el rumbo de su vida para vestir el uniforme de la Infantería de Marina.

Desde pequeña le atraía la vida militar y todo lo que representaba la disciplina, el esfuerzo, el sacrificio y el sentido de pertenencia. “Me sorprendió que pudiera ingresar siendo madre soltera” de una niña que todavía no había cumplido un año. “Ella es mi motor”, asegura a Artículo 14 y “aun siendo un sacrificio y muy difícil separarme de ella” la decisión de ingresar en las Fuerzas Armadas “ha sido una de las decisiones más acertadas de mi vida”, reconoce.

La cabo primero Vallejo.
Cedida

No necesitó pensar demasiado el destino que quería. Eligió la Infantería de Marina porque era el cuerpo que siempre había admirado, “el más fuerte, con más carácter, sufridor, entregado”. “No quería otro, quería pertenecer a ese cuerpo que desde hace 20 años me hace sentir orgullosa de portar su uniforme”.

Su día a día dista mucho de la imagen que suele asociarse al uniforme. Como zapadora de combate, las jornadas empiezan con deporte y continúan con horas de formación, prácticas y adiestramiento. Su unidad presta apoyo especializado a los batallones y eso exige que todos sus integrantes mantengan el mismo nivel de preparación.

La cabo primero Landa Lury Vallejo, junto a un compañero, en la instrucción de tiro.
Cedida.

Trabajar con explosivos le ha enseñado una lección: “Vale más ir lento, pero seguro”. En una especialidad donde un error puede ser el último y tener consecuencias irreversibles. La experiencia le ha confirmado que el respeto por el trabajo nunca puede relajarse. “Es un trabajo que no debes tomarte a la ligera y al que debes dedicar el tiempo necesario para tener las cosas claras”, resume.

De Bosnia a la Operación Atalanta

A lo largo de estos veinte años ha participado en misiones y despliegues. Desde la misión de la Unión Europea en Bosnia-Herzegovina hasta la Operación Atalanta contra la piratería en el Índico, pasando por numerosos ejercicios y maniobras nacionales e internacionales, su carrera ha estado marcada por el servicio en escenarios muy distintos.

Entre todos ellos, recuerda especialmente el terremoto que devastó Turquía en 2023. No habla primero de los edificios derrumbados ni de la magnitud de la tragedia. Más que la devastación material, lo que permanece en su memoria es la humanidad de quienes lo habían perdido todo. “Aun siendo nosotros los que íbamos a prestar ayuda, nos veían como héroes cuando realmente lo eran ellos”, recuerda.

La cabo primero Vallejo, junto a un helicóptero.
Cedida.

Tiempo después, la DANA volvió a enfrentarla a la devastación, aunque esta vez el escenario era diferente. Ya no se trataba de un país lejano. “Eran nuestros vecinos, amigos, familiares…”.

Durante estos años ha aprendido cómo el compañerismo y la confianza sostienen cualquier misión. “Solo no se va a ningún lado”, afirma. “En los equipos operativos somos una familia; son muchas horas y muchos días juntos y esa convivencia termina convirtiéndose en confianza”.

“Quería pertenecer a ese cuerpo que desde hace 20 años me hace sentir orgullosa de portar su uniforme”

Esta idea también la ha intentado transmitir como instructora, donde encuentra una de las mayores satisfacciones de su carrera cuando antiguos alumnos vuelven a saludarla años después. “Ellos ven proyectado en ti lo que quieren ser”, explica sobre la responsabilidad de convertirse en referente para quienes empiezan. Con el paso del tiempo, asegura, comprobar la evolución de aquellos soldados se ha convertido en una de las mayores recompensas de su carrera. De ellos también se ha lleva un aprendizaje: “Cuando trabajas con dedicación y muestras
el orgullo que sientes por este uniforme lo ves reflejado en ellos, al final son muchas versiones de ti que se van puliendo con el tiempo y ver ese proceso es maravilloso”.

La cabo primero de Infantería de Marina en uno de los buques de la Armada.
Cedida

 

Cuando le preguntan qué significa servir a España responde con dos palabras: “Lealtad y sacrificio”. Un sacrificio que se ve recompensado con “las palabras de agradecimiento de las personas, con la sonrisa y los ojos de ilusión con los que te miran los niños y, sobre todo, con volver a casa con tu familia con la cabeza alta porque dentro o fuera del país tienes la satisfacción de haber hecho un buen trabajo”.

Durante el tiempo que estuvo comisionada a la Escuela de Infantería de Marina General Albacete y Fuster (EIMGAF) como instructora de los aspirantes a soldado de Infantería de Marina le fue concedida la Cruz Mérito Naval con Distintivo Blanco, una Mención Honorífica. 

El “peaje”

¿Y qué siente al volver a casa después de cada misión? “Alegría y melancolía. Alegría por estar con la parte más importante de mi vida, el abrazo de mis padres, los besos de mi hija, el lamido del perro, la comida familiar preparada por mamá. En fin, te conviertes en la persona favorita de la familia. Y melancolía porque los miras y ves que el tiempo no se detiene que te has perdido un montón de cosas que ya no puedes recuperar, pero es el peaje que decides pagar”, destaca.

La cabo primero Vallejo junto a sus compañeros de Infantería de Marina.
Cedida

Después de veinte años de servicio, la cabo primero sigue convencida de que volvería a elegir el mismo camino. No porque haya sido el más fácil, sino porque encontró en la Infantería de Marina la forma de cumplir una vocación que nació mucho antes de vestir el uniforme y que, dos décadas después, continúa intacta.

Aunque nunca ha buscado reconocimientos, en 2025 su trayectoria fue propuesta para el premio Soldado Idoia Rodríguez del Año. “Nunca he buscado reconocimiento, aunque es muy agradable saber que valoran tu trabajo y tu trayectoria militar”.

Y, ¿qué le diría a una joven que quiere entrar en la Infantería de Marina? “Que es capaz, que puede ser un buen soldado, que no es fácil ser militar y mucho menos ser Infante de Marina, pero con dedicación, sacrificio y esfuerzo consigues ser uno más, que disfrute el proceso de aprendizaje, la recompensa siempre llega”.