Fue una de las primeras médicas militares españolas desplegadas en Bosnia tras los acuerdos de Dayton. Especialista en Medicina Intensiva, asumió la UCI del hospital de campaña de la OTAN en Mostar en un escenario marcado por las minas antipersona y los recursos limitados. Ingresó en las Fuerzas Armadas para unir su vocación médica con el servicio en entornos de alta exigencia. Hoy, la teniente coronel médico Mª Carmen García Torrejón dirige el Apoyo Sanitario de la IGESANDEF, responsable de la planificación de la Sanidad Militar, y repasa la misión que definió su trayectoria.
¿Cómo recuerda el momento en el que supo que iba a ser destinada a Bosnia?
Lo recuerdo aún con mucha emoción pues fue mi primera misión internacional como médico militar, y ya como especialista en Medicina Intensiva (UCI), siendo destinada a un Role 2 (Hospital de Campaña Multinacional) dirigido por un mando militar francés y bandera de la OTAN. También recuerdo que fue durante el periodo navideño del año 2002, y viajamos hacia
Bosnia-Herzegovina, un 25 de Diciembre.
¿Qué significaba entonces, para una mujer militar, participar en una misión internacional de este tipo?
Entonces y ahora, suele tener múltiples significados tanto profesionales como personales. Aunque cada experiencia es única, suelen parecer elementos comunes como pueden ser: aplicar los conocimientos médicos en entornos complejos y con recursos limitados, adquirir experiencia en medicina
operativa y sobre todo, trabajar en equipos multidisciplinares y multinacionales fundamentalmente integrados por varones, dado que en aquella época el número de mujeres en las Fuerzas Armadas y oficiales médicos era escaso.

¿Con qué expectativas llegó y qué fue lo primero que le impactó al pisar Bosnia?
Mis expectativas no eran muy concretas, aunque era consciente de que debía afrontar un desafío emocional, físico y cultural, debiéndome adaptar lo más rápidamente posible a un entorno de trabajo desconocido y exigente, e intentar fortalecer la confianza en mis capacidades profesionales. Me impactó sobre todo la desintegración del país que fue la antigua Yugoslavia a principios de los años 90 y que yo había estudiado en mis libros de texto siendo niña, y todo ello como consecuencia de una guerra absurda, que conllevó una limpieza étnica y desplazamientos masivos de población; la destrucción de infraestructuras y del patrimonio cultural, y finalmente, las profundas consecuencias políticas, sociales y psicológicas que aún, hoy día, influyen en la región.
“El coste humano y emocional de aquella misión no se ha contado lo suficiente”
¿Cuál era exactamente su función dentro del hospital de campaña?
Mi función como médico militar especialista en Medicina Intensiva, era hacerme cargo de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del hospital de campaña que teníamos desplegado en Mostar aeropuerto, y donde se prestaba la atención sanitaria de los pacientes críticos que eran evacuados, por lesiones múltiples (traumatismos graves, quemaduras, amputaciones,etc), así como de los pacientes postoperados en el quirófano y que precisaban de estar ingresados en 2 reanimación. Asimismo, también me encargaba de los traslados de aquellos pacientes que por
su gravedad debían ser evacuados al hospital en medios aéreos (helicóptero-MEDEVAC).

¿Cómo eran las condiciones de trabajo y de vida diarias en aquella misión?
Para empezar no había descanso, se estaba de guardia las 24 horas del día los 7 días de la semana, sin posibilidad de relevo por parte de otro profesional médico pues no había ningún otro médico intensivista en la misión. Si es verdad, que el paciente crítico una vez estabilizado era trasladado en medios aéreos/terrestres, bien a un ROLE 3 que disponían el contingente americano en Sarajevo, o bien a un Role 4 situado en territorio nacional. Solo disponíamos de 4-5 camas máximo de UCI, y los recursos eran limitados, de ahí la necesidad de traslado en 72- 96 horas.
¿Recuerda el primer paciente que atendió allí?
Si por supuesto. Se trataba de un soldado alemán que tuvo un accidente de tráfico en un vehículo militar, con politraumatismo muy grave que precisó intervención quirúrgica urgente y posteriormente fue evacuado en avión militar medicalizado a Alemania (su país de origen), una vez que fue atendido y estabilizado por el equipo médico de nuestro Role 2.

¿Quiénes eran principalmente los pacientes que llegaban al hospital de campaña: militares, civiles, niños, ancianos?
Los pacientes que atendíamos eran fundamentalmente militares, que habían sufrido lesiones como consecuencia de los accidentes de tráfico como consecuencia de la mala situación de las carreteras, heridos por arma de fuego (sobre todo francotiradores) y por “minas antipersonas”, que no estaban bien señalizadas y que en las guerras de los años 80-90 eran toda una herramienta utilizada en ambos bandos.
“Nunca nos desbordamos, pero los recursos eran muy limitados”
¿Qué le impresionó más del estado en el que llegaban algunas personas?
Lo que más me impresionó en aquel entonces, pues era mi primera misión internacional en un conflicto bélico, las lesiones tan destructivas, así como las amputaciones, provocadas a los heridos que trasladaban al hospital de campaña, y que eran consecuencia de pisar un suelo minado y no señalizado, bien a pie o en vehículo (que en aquella época no eran blindados la mayoría de ellos).

¿Cómo se afronta emocionalmente atender a menores en una guerra?
Afortunadamente el número de niños atendidos en el hospital de campaña fue escaso, quizás motivado por el hecho de que ya se habían firmado los acuerdos de Dayton, y ya no había ese desplazamiento inicial masivo de la población, motivado por la guerra en sí misma. En ese momento, la mayoría de los niños eran atendidos por las ONGs deplegadas en los campos de refugiados. Nosotros, sólo atendimos aquellos niños que eran traídos por sus familiares por encontrarse cerca de nuestro hospital de campaña, pero no éramos referente de atención sanitaria en el área infantil. El afrontar la atención de niños de la guerra es muy duro psíquica y emocionalmente.
¿Cuál era el mayor reto médico al que se enfrentaban cada día?
Posiblemente el que de repente, tuviéramos un excesivo número de bajas que atender de forma inmediata (bajas masivas), pues nuestros medios personales y materiales eran limitados en el tiempo.

¿Había momentos en los que el hospital se quedaba desbordado?
Afortunadamente no, pues el número de bajas médicas y quirúrgicas en esa época no era excesivo, pues sólo se atendía al personal militar desplegado bajo bandera de la OTAN herido o lesionado. El personal civil ya era atendido en su mayoría en los hospitales locales (Mostar, Sarajevo), sólo atendíamos aquellos casos que por proximidad necesitaban de nuestra ayuda.
¿Cómo se tomaban decisiones cuando no había recursos suficientes para todos?
No tuvimos que tomar ese tipo de decisiones, pues jamás nos sentimos desbordados en la época en la que yo fui desplegada como intensivista.
¿Qué heridas eran más difíciles de tratar: las psicológicas o las físicas?
En la población civil, sin duda las psicológicas como consecuencia de la guerra, pues se trató de
una “especie de guerra civil” donde se mataron vecinos, familiares y amigos.
¿Los pacientes hablaban de lo que habían vivido o predominaba el silencio?
Algunos hablaban de lo ocurrido, y sobre todo el por qué se había llegado hasta esa situación de guerra no comprendida.
“Aprendí a valorar lo esencial de la vida después de Bosnia”
¿Recuerda alguna historia concreta o algún paciente que todavía hoy le acompañe?
No tengo ninguna historia concreta. Me acuerdo sobre todo del número de amputaciones de miembros inferiores, como consecuencia de pisar a pie o en vehículo militar “minas antipersonas” de los diferentes soldados de la fuerza Multinacional desplegada.
¿Cómo reaccionaba la población civil al ver llegar a sanitarias españolas?
En aquella época, era normal que les llamase la atención el ver mujeres militares y sobre todo sanitarias, en los hospitales de campaña desplegados y sobre todo en las patrullas o convoyes sanitarios que se desplegaban para atender a los heridos.

¿Hubo situaciones en las que ser mujer facilitó el contacto con pacientes o civiles?
Posiblemente, en aquellas situaciones en las que se atendían mujeres maltratadas o incluso violadas. A pesar de que esta situación no era fácil de gestionar, era mucho más sencillo el poder contactar con ellas siendo mujer médico.
¿Se sentía observada o cuestionada por ser mujer dentro de un entorno todavía muy masculino?
Reconozco que en alguna ocasión si me sentí observada o cuestionada en aquella época en la que todavía en las Fuerzas Armadas, el ser una oficial médico militar era extraño (pues éramos muy pocas), y en ocasiones no sólo tenías que ser buena en tu trabajo si no también tenías que demostrarlo. Era todavía un entorno muy masculino, aunque una vez que te conocían tus compañeros te integrabas perfectamente en el equipo.
¿Tuvo que demostrar más que sus compañeros para ser tomada en serio?
Como ya he comentado con anterioridad, en alguna ocasión, no sólo tenías que ser buena profesional sino también demostrarlo; aunque una vez te conocían y veían cómo trabajabas, ya no había ningún problema a este respecto y eras considerada como uno más.
¿Cómo era la relación entre las mujeres militares desplegadas allí? ¿Existía una red de apoyo entre ustedes?
Siempre ha habido una muy buena relación entre las mujeres militares cuando hemos desplegado, pues es un apoyo adicional el poder compartir inquietudes similares entre nosotras (pareja e hijos que has dejado en territorio nacional, relaciones interpersonales con el equipo de trabajo, etc). NO existía redes de apoyo entre nosotras, sólo compartíamos espacios comunes (aseos, habitaciones, etc)
¿Cómo se gestiona emocionalmente atender sufrimiento extremo en un conflicto bélico?
Posiblemente sea uno de los mayores desafíos sanitarios, militares y personal humanitario, y para ello durante la misión, uno debe centrarse en la tarea inmediata (seguir protocolos y objetivos concretos); trabajar en equipo (compartir responsabilidades); aceptar las limitaciones es fundamental (comprender los límites impuestos por la escasez de recursos y por la seguridad del personal desplegado) y finalmente, mantener rutinas básicas (descanso, deporte, alimentación).
¿Volvió siendo la misma persona después de Bosnia?
Tras mi participación en la Guerra de los Balcanes, como fuerza de interposición internacional, uno aprende a valorar las pequeñas cosas de la cotidianeidad (por ejemplo las comodidades de tu casa), pero principalmente a darse cuenta de lo que realmente importa en la vida.

Cuando ve los hospitales de campaña actuales, ¿qué es lo que más ha cambiado respecto aquella época?
Principalmente el aumento de los medios diagnósticos y terapéuticos, cono los que se cuentan y que forman parte de la evolución tecnológica, por ejemplo la disponibilidad de ecografía portátil, técnicas de laboratorio, etc.
¿Cree que las mujeres que estuvieron en Bosnia abrieron camino para las nuevas generaciones de médicas militares?
Sin duda su aportación fue importante por varias razones: Demostraron capacidad profesional en entornos exigentes, atendiendo a heridos de guerra,
población civil y otras emergencias humanitarias. Aumentaron la visibilidad de la mujer en operaciones internacionales, en una época en la que
la presencia femenina en las Fuerzas Armadas era más limitada que en la actualidad, generaron referentes profesionales para futuras médicas, enfermeras y sanitarias militares, contribuyeron al desarrollo de la medicina operativa y humanitaria, ayudaron a normalizar la presencia de mujeres en puestos de responsabilidad sanitaria dentro de las FAS y organizaciones internacionales.
¿Qué cree que no se ha contado suficientemente sobre las mujeres militares sanitarias que estuvieron en Bosnia?
No es tanto lo que hicieron, sino el coste humano (personal y familiar) y profesional que tuvo hacerlo. Por otro lado: la carga emocional de cuidar a víctimas civiles (niños, ancianos, y familias afectadas por la guerra); la tensión de ser simultáneamente militar, sanitaria y mujer en entornos donde la presencia femenina seguía siendo minoritaria y la necesidad de demostrar continuamente competencia profesional, en organizaciones todavía muy masculinizadas.

