La capitán Marta Escudero, instructora de drones: “Dejar criterio en cada alumno es una forma de contribuir a la seguridad de otros”

“Alguna mujer tenía que ser la primera. Esta vez me ha tocado a mí”

La capitán Marta Escudero, primera mujer instructora de drones.
La capitán Marta Escudero, primera mujer instructora de drones.
Ejército del Aire.

Hay trayectorias que se heredan y otras que se eligen. Hija y hermana de militar, la capitán Marta Escudero creció viendo cómo la disciplina y el servicio podían convertirse en una forma de vida. Pero lo que no imaginaba entonces era que su propio camino la llevaría a un territorio nuevo, todavía sin mapas: el de la responsabilidad de instruir a los pilotos de sistemas no tripulados; una especialidad donde cada decisión y cada procedimiento puede marcar el rumbo de una misión.

Primera mujer del Ejército del Aire y del Espacio en cualificarse para operar drones de gran tamaño y largo alcance, Escudero se ha abierto paso en una especialidad que evoluciona al ritmo de la tecnología y que exige precisión, criterio y capacidad de adaptación.

¿Qué ha significado ser la primera mujer cualificada en drones HALE/MALE?

Lo vivo con mucha naturalidad. Ser la primera no me hace sentir más especial ni creo que deba hacerlo. He tenido la oportunidad de formarme en este ámbito en un momento en el que el Ejército del Aire y del Espacio está avanzando mucho en sistemas aéreos no tripulados y, sencillamente, alguna mujer tenía que ser la primera. En este caso me ha tocado a mí.

“A medida que aumenta la categoría y la complejidad del UAS, también aumenta la complejidad de la operación”

Sí me hace especial ilusión pensar que puedo servir como referencia para otras mujeres o para chicas jóvenes que estén planteándose una carrera profesional de este tipo. Si verme aquí hace que alguna piense “yo también puedo hacerlo”, entonces sí considero que tiene un valor añadido.
Creo que precisamente el objetivo es que llegue un momento en el que deje de ser noticia que una mujer sea la primera en algo y simplemente hablemos de profesionales ocupando determinados puestos por su formación y sus capacidades.

La capitán Marta Escudero, Instructora de drones, junto a uno de los simuladores.
Ejército del Aire.

 

¿Qué cambia cuando aumenta la categoría y la complejidad de un UAS (drones)?

Mi trabajo actualmente está fundamentalmente orientado a la formación. Como instructora, trabajo con simuladores y preparo a los alumnos para que adquieran los conocimientos, procedimientos y capacidades que necesitarán posteriormente para operar este tipo de sistemas. Por eso, más que hablar desde una experiencia operativa que todavía no tengo, puedo hablar desde el punto de vista de la formación. A medida que aumenta la categoría y la complejidad del UAS, también aumenta la complejidad de la operación: la planificación, los procedimientos, la gestión de los sistemas, las comunicaciones, el trabajo en equipo y la toma de decisiones, adquieren cada vez más importancia. Y, precisamente, parte de mi trabajo consiste en preparar a los futuros operadores para gestionar toda esa complejidad.

“Una de las cosas más importantes es enseñar al alumno a gestionar lo inesperado”

¿Qué escenario considera más crítico o le preocupa más cuando forma a futuros operadores?

En nuestro entorno de instrucción trabajamos en unas condiciones controladas y en territorio amigo, por lo que los riesgos no son exactamente los mismos que encontraríamos en una operación en territorio hostil. Desde el punto de vista de la formación, una de las cosas más importantes es precisamente enseñar al alumno a gestionar lo inesperado: una pérdida de enlace, una degradación de un sistema, un cambio en las condiciones de la misión o cualquier situación que obligue a tomar decisiones.

En una operación real, además de proteger la aeronave, hay que proteger la información y garantizar, en la medida de lo posible, la continuidad de la misión. Por eso entrenamos procedimientos y situaciones anormales: no podemos evitar que aparezca una incidencia, pero sí podemos preparar a las personas para responder correctamente cuando aparezca. Probablemente, lo que más me preocuparía sería una pérdida de enlace total que nos hiciera perder el control de la aeronave o comprometiera la misión. Precisamente por eso entrenamos este tipo de situaciones, para saber cómo actuar si llegan a producirse.

La capitán Escudero con el simulador de aeronaves no tripuladas.
Ejército del Aire.

 

¿Dónde está la verdadera frontera entre operar un dron civil y uno militar?

Hay muchos conocimientos, conceptos y principios que son comunes o similares, especialmente todo lo relacionado con seguridad, normativa, planificación o conocimiento de la aeronave. La gran diferencia está fundamentalmente en la finalidad y en el contexto de la operación. En el ámbito militar, el UAS es una herramienta al servicio de una misión. Puede utilizarse para vigilancia, reconocimiento, obtención de información, apoyo a otras unidades o muchas otras funciones. Eso implica operar en escenarios que pueden ser más complejos y en los que la información obtenida y las decisiones tomadas pueden tener una importancia considerable. Por eso, además de saber operar el sistema, es fundamental tener conciencia de la misión, capacidad para trabajar en equipo, disciplina en la aplicación de procedimientos y una buena toma de decisiones bajo presión.

“La instrucción de drones es un territorio sin mapas donde cada decisión pesa”

¿Cuál diría que ha sido el salto tecnológico más determinante?

La evolución ha sido enorme. Los UAS han mejorado en autonomía, sensores, comunicaciones, navegación, capacidad de procesamiento y en la calidad de la información que pueden obtener y transmitir. Además, cada vez debemos pensar menos en el dron como una aeronave aislada y más como parte de un sistema. El vehículo, los sensores, la estación de control, los enlaces de comunicaciones y las personas que reciben y explotan la información forman parte de una misma cadena. Probablemente una de las grandes evoluciones está precisamente ahí. Ya no se trata simplemente de conseguir que una aeronave no tripulada vuele, sino de conseguir que proporcione información útil, en el momento adecuado, a quien tiene que tomar una decisión.

Marta Escudero, junto a un dron T19 y un helicóptero.
Manu Ayala

¿Cómo se afronta la responsabilidad de formar a operadores que manejarán sistemas con capacidad de ataque?

Trabajar con sistemas militares que pueden incorporar armamento implica una responsabilidad importante. Creo que hay que abordarlo con profesionalidad, rigor y mucho respeto. La tecnología proporciona capacidades, pero detrás de esas capacidades siempre hay personas, procedimientos, normas y una cadena de decisión. Como instructora, mi responsabilidad es contribuir a que los futuros operadores tengan una formación sólida, conozcan perfectamente el sistema y sean conscientes de la responsabilidad asociada a su trabajo.

“Ya no se trata simplemente de conseguir que una aeronave no tripulada vuele, sino de obtener que proporcione información útil”

Participó en la misión Atalanta con avión de transporte. ¿Qué es lo que más le marcó de entonces? 

Comprobar de una manera muy tangible lo que significa la cooperación internacional. Sabemos teóricamente que diferentes países y Fuerzas Armadas colaboran para conseguir un objetivo común, pero cuando estás desplegada lo ves realmente: personas de diferentes nacionalidades, culturas y ejércitos trabajando para una misma misión. También me marcó vivir durante un tiempo en Djibouti. Salir de tu entorno habitual te hace relativizar muchas cosas y también darte cuenta de que necesitamos bastante menos de lo que pensamos para vivir y estar bien. Y, profesionalmente, un despliegue hace que entiendas de otra manera el sentido de tu trabajo. Durante la formación entrenamos procedimientos una y otra vez, pero allí comprendes que detrás de todo ese entrenamiento existe una finalidad real. Lo que haces puede contribuir a la seguridad de personas que están a miles de kilómetros de su casa y que probablemente nunca sabrán quién estaba detrás de esa misión.

“Lo que entrenas durante años cobra sentido cuando ves una embarcación asaltada en pantalla”

¿Cómo recuerda el momento en el que detectó una embarcación asaltada por piratas?

Fue una mezcla de sensaciones. Por una parte fue gratificante desde el punto de vista profesional porque te das cuenta de que aquello para lo que llevas tanto tiempo entrenando está sirviendo para algo real y que puedes contribuir a ayudar a personas que se encuentran en una situación complicada. Pero, al mismo tiempo, recuerdo cierta sensación de incredulidad. Sabes perfectamente cuál es la misión que estás realizando y por qué estás allí, pero una cosa es conocer la piratería desde un briefing o desde las noticias y otra verla con tus propios ojos y pensar: “Esto está ocurriendo ahora mismo”.
Es uno de esos momentos en los que la misión deja de ser algo abstracto. Detrás de una embarcación que aparece en una pantalla hay personas reales y, de repente, eres mucho más consciente de la responsabilidad de tu trabajo.

Marta Escudero junto a compañeros del Ejército del Aire.
Ejército del Aire y del Espacio

¿Qué legado quiere dejar en quienes instruye?

Es una de las partes más bonitas de la enseñanza. Cuando formas a alguien, no solamente transmites conocimientos técnicos, inevitablemente también transmites una manera de trabajar, experiencias, criterios y valores profesionales. Me gusta pensar que dejo una pequeña parte de mi experiencia en cada alumno. Dentro de unos años muchos de ellos estarán operando sistemas que probablemente serán más avanzados que los actuales y participarán en misiones que hoy ni siquiera podemos prever. Saber que una pequeña parte de lo que aprendieron conmigo puede ayudarles algún día a tomar una buena decisión o a resolver correctamente una situación complicada es una responsabilidad, pero también un motivo de orgullo.

“La tecnología importa, pero lo decisivo es quién toma la decisión al otro lado del sistema”

¿Cómo se entrena un piloto de drones?

Hay una parte teórica muy importante porque antes de operar un sistema hay que comprenderlo: conocer la aeronave, sus sistemas, sus limitaciones, los procedimientos, la normativa, la planificación de misión y muchos otros aspectos.
Después está la formación práctica, y ahí el simulador tiene muchísimo valor. Nos permite reproducir situaciones normales y también escenarios que sería difícil, costoso o incluso arriesgado provocar deliberadamente en una aeronave real. Podemos entrenar averías, situaciones de emergencia, pérdidas de determinados sistemas o escenarios complejos y observar cómo reacciona el alumno. Y hay dos partes fundamentales por parte del alumno, estudio, disciplina y capacidad de aprender; y por parte del instructor, implicación. Nuestro trabajo no consiste únicamente en decir qué ha hecho bien o mal, sino en conseguir que comprenda por qué y que desarrolle criterio para que, cuando esté solo ante una situación real, sea capaz de tomar una buena decisión.

“Para mí normalizar significa que llegue un momento en el que no tengamos que hablar de ello”

¿Qué mensaje daría a las mujeres que dudan si esta especialidad es para ellas?

En realidad animaría tanto a mujeres como a hombres que tengan inquietud por la aviación y la tecnología. Los sistemas aéreos no tripulados tienen cada vez mayor presencia y ofrecen capacidades muy interesantes: permiten realizar misiones de larga duración, acceder a determinados entornos sin exponer de la misma manera a una tripulación y obtener información que puede ser fundamental. Además, es una especialidad que combina muchas disciplinas como la aviación, tecnología, comunicaciones, sensores, planificación, toma de decisiones y trabajo en equipo. Para una persona a la que le guste aprender continuamente es un ámbito muy atractivo.
Y a las mujeres, en particular, les diría que no descarten una especialidad o profesión porque históricamente haya habido menos mujeres en ella. Que el criterio sea simplemente: “¿Me gusta?, ¿me interesa?, ¿quiero formarme en esto?”. Si la respuesta es sí, adelante.

Imagen de archivo de un dron
shutterstock

¿Qué falta para que esa normalidad sea completa?

Para mí, normalizar significa precisamente que llegue un momento en el que no tengamos que hablar de ello. Que entrar en una unidad y encontrar a una mujer como piloto, ingeniera, instructora, operadora o responsable de un equipo no resulte llamativo, sino que sea simplemente una profesional más desempeñando su trabajo. Creo que la verdadera normalización llegará cuando no sea necesario destacar que una persona ocupa un determinado puesto por ser hombre o mujer, sino que hablemos de su preparación, su experiencia y su capacidad profesional.
Mientras llegamos a ese punto, entiendo que dar visibilidad a mujeres que ya están desempeñando estos puestos puede ayudar a que otras vean que esas posibilidades existen.

“No recordaremos todos los puestos, pero sí cómo tratamos a las personas”

¿Qué le ayuda a desconectar ante una especialidad como esta?

Para mí el deporte es fundamental. Me ayuda a desconectar, a reducir el estrés y, sobre todo, a despejar la cabeza después del trabajo. Además, soy bastante inquieta y curiosa. Me da un poco igual que sea en la montaña, en el agua o en el aire; me gusta retarme continuamente. Intento leer sobre actualidad, geopolítica, historia, finanzas y desarrollo personal, porque me gusta seguir aprendiendo también fuera del ámbito estrictamente profesional.

En cuanto tengo algo más de tiempo, viajo. Creo que viajar te abre mucho la mente, te permite conocer otras formas de vivir y de entender las cosas y, muchas veces, también te hace valorar de otra manera lo que tienes en casa. Y aprecio mucho pasar tiempo con mi familia y mis amigos. Actualmente tengo a mi familia lejos, y este tiempo he aprendido a valorar algo que a veces olvidamos: saber estar sola. Tener momentos para leer, hacer deporte, viajar, pensar o simplemente no hacer nada. Creo que aprender a disfrutar de nuestra propia compañía también es una forma importante de cuidarnos.

¿Cuál su propósito?

Mi propósito ha ido evolucionando con los años. Siempre he tenido muy presente la formación continua: seguir aprendiendo, mejorar idiomas, ampliar mis conocimientos y no acomodarme profesionalmente. Pero cada vez doy más importancia también a la parte humana de nuestra profesión. Las Fuerzas Armadas necesitan buenos profesionales técnicamente, pero también personas capaces de liderar, escuchar, enseñar y conseguir que quienes trabajan con ellas puedan desarrollar lo mejor de sí mismos. Por eso, si tuviera que definir mi propósito, sería seguir creciendo profesionalmente sin perder nunca de vista a las personas. Y, especialmente ahora que tengo la oportunidad de enseñar, intentar dejar algo positivo en quienes pasan por mis manos. Al final, quizá no recordemos todos los puestos que hemos ocupado o todas las misiones que hemos realizado, pero sí podemos dejar una determinada forma de trabajar, de liderar y de tratar a los demás. Para mí, eso también es contribuir a mejorar el Ejército del Aire y del Espacio.