El Despliegue Atlántico 2026 es una demostración de que la mujer tiene cada vez un papel más importante dentro de las Fuerzas Armadas españolas. Es el caso de Andrea Gil, marinero de 28 años, nacida en Ubrique a los pies de la Sierra de Grazalema, en Cádiz, con tres años de trayectoria en la Armada. Es una de las 309 mujeres que están participando en la operación naval más relevante del año.
Sin embargo, su camino, no ha sido fácil. Durante sus inicios, fue infante de marina y participó en la misión española de ayuda humanitaria tras los devastadores terremotos que sacudieron Turquía en febrero de 2023. Dos años después, una lesión la obligó a poner fin a ese contrato y buscar un nuevo destino dentro de la institución. ‘Estudiando mucho quedé de las primeras de promoción y pude elegir la Flotilla de Aeronaves’, recuerda.”
Ese cambio la llevó a la Novena Escuadrilla de la Flotilla de Aeronaves de la Armada, con base en la Base Naval de Rota, donde actualmente vive y trabaja. Su labor diaria gira en torno a los aviones AV8B Harrier, una de las joyas de la aviación naval española: repostar aceite y combustible, trincar y destrincar las aeronaves, y guiarlas en sus movimientos por la base. “Cuando hay que moverlos de un lugar a otro, me subo para poner y quitar los frenos“, explica.

Guiando aviones hasta el refugio
Cada vez que un Harrier aterriza en Rota, Andrea es una de las encargadas de guiarlo hasta el shelter, el refugio donde las aeronaves estacionan tras cada vuelo. “Los guío hasta allí y me meto debajo para ver si tienen los frenos calientes, porque hay que esperar a que se enfríen”, relata. Es un trabajo que exige precisión, conocimiento técnico y, sobre todo, mucha responsabilidad sobre una de las piezas más sensibles del avión tras el aterrizaje.
Un día de trabajo en el Despliegue Atlántico 26
Su rutina ha cambiado durante el Despliegue Atlántico 26, la mayor operación naval española del año. Sus jornadas comienzan revisando el planning de vuelos. Después, junto al resto de compañeros de mantenimiento de la Novena Escuadrilla, prepara los aviones para los vuelos programados: inflar las ruedas, recargar aceite y combustible y destrincar la aeronave. “Cuando tienen que volar los AV8B Harrier nos avisan y quitamos las dos últimas trincas para que despeguen“, señala, todo ello siguiendo estrictos procedimientos de seguridad que no admiten errores.

“Estoy feliz y me encanta mi trabajo”
Pese a las exigencias del puesto, Andrea no tiene dudas sobre su vocación. Asegura estar feliz con su trabajo y destaca el buen ambiente y la camaradería que existe entre sus compañeros de la Novena Escuadrilla, un factor que para ella resulta fundamental en un trabajo que se desarrolla en espacios reducidos y durante largos periodos de convivencia a bordo.
Sin embargo, no todo es sencillo. Andrea admite que de vez en cuando echa de menos “tener un poco de intimidad“, algo difícil de encontrar en un buque donde la vida diaria transcurre rodeada de compañeros. Por eso, cuando el barco llega a puerto, aprovecha para dar un paseo en solitario, un pequeño momento de desconexión antes de volver a la rutina del despliegue.
El Despliegue Atlántico 26 no será el último para Andrea. Tras superar una lesión que pudo haber truncado su carrera militar, hoy forma parte de una de las operaciones navales más exigentes del año, cuidando de los Harrier que sobrevuelan el Atlántico, y con la intención clara de seguir adelante en una profesión que, según ella misma reconoce, le apasiona.

