Del rugby al Ejército: la sargento primero que lidera desde la melé

Ester Vallinas González jugará con el equipo de rugby femenino en los Juegos Olímpicos de 2027. "Nadie es más importante en el grupo y nadie se queda atrás"

Sargento primero y capitana de rugby, Ester Vallinas.
Sargento primero y capitana de rugby, Ester Vallinas.
Cedida.

Hay mujeres que avanzan como si llevaran una melé entera detrás, sosteniendo el peso del choque sin perder el paso. Mujeres que conocen el silencio previo a una formación al amanecer y el rugido compacto de un equipo que se prepara para empujar. Entre esos dos mundos -el de la instrucción militar y el del rugby de alto nivel- se mueve la sargento primero de Caballería, Ester Vallinas González, destinada en el CEFOT‑1 de Cáceres, capitana de la selección nacional militar de rugby a 7 y pilar del CAR Cáceres en la Liga Regional.

En el campo ocupa el puesto de “la 3”, la que entra al impacto, la que abre camino para que otras avancen; en la milicia ha sido exactamente eso: un apoyo firme, una fuerza que sostiene y que hace avanzar al grupo. Su trayectoria demuestra que la épica no siempre está en los focos, sino en quienes empujan sin pedir protagonismo, convencidas de que la victoria -en una patrulla o en una melé- solo existe cuando nadie se queda atrás.

¿En qué estaba pensando cuando decidió formar parte de las Fuerzas Armadas? 
Ingresé en las Fuerzas Armadas en septiembre del 2007. En aquel momento trabajaba muchas horas, jornadas que en ocasiones superaban las 14 horas diarias. Sentía que, a pesar del esfuerzo, no estaba realmente realizada. Necesitaba un cambio, un trabajo que me permitiera crecer en lo personal y lo profesional, que tuviera unos valores con los que me sintiera identificada y donde pudiera sentir que lo que hacía tenía un propósito. El Ejército me ofrecía precisamente eso: disciplina, compañerismo, espíritu de sacrificio y la posibilidad de superarme cada día. Fue una decisión importante, pero nunca me he arrepentido. Con el paso de los años he comprobado que encontré mucho más que una profesión, encontré una forma de vida y una segunda familia.

¿Y cómo se cruzó el equipo de rugby femenino en su camino? 
La oportunidad llegó a la vuelta de una misión en Irak, fue una teniente quien me animó a probar y me habló de las similitudes del rugby y el ejército.

La sargento primero de caballería, Ester Vallinas y capitana de rugby femenino.
La sargento primero de caballería, Ester Vallinas y capitana de rugby femenino.

¿Qué le dijo su familia?
Mi familia siempre me ha apoyado en todas las decisiones que he tomado, siempre que pueden vienen a verme jugar.

Si tuvieras que elegir a cinco compañeras de rugby para montar una patrulla militar, ¿qué cualidad tendría que aportar cada una?
Lo tendría difícil porque las compañeras con las que comparto equipo ya reúnen muchas de esas cualidades. Si tuviera que elegir cinco perfiles, buscaría a alguien que aporte liderazgo sereno para tomar decisiones cuando la situación se complica, otra persona con iniciativa y capacidad de adaptación, alguien que transmitiera confianza y calma al grupo, una compañera con fortaleza física y mental para no rendirse ante la dificultad y por último alguien con espíritu de sacrificio absoluto.

“Nadie consigue nada solo”

Pero si hay una característica que comparten todas mis compañeras de rugby es que son auténticas guerreras, son personas que lo dan todo por el equipo y por la compañera que tienen al lado, sin esperar nada a cambio. En el rugby aprendes que avanzas porque alguien está empujando contigo y esa forma de entender el esfuerzo colectivo encaja perfectamente con los valores militares. Por eso sé que cualquiera de ellas sería una gran compañera en una patrulla.

Imagen de equipo de rugby.

¿Cuál ha sido el gesto más fuerte de compañerismo que ha vivido en el rugby o en el ámbito militar?
Me resulta difícil quedarme con un único momento, quizás lo que más me ha marcado es esa actitud de estar siempre pendientes las unas de las otras. He visto compañeras asumir esfuerzos extra, sacrificar su comodidad e incluso renunciar a reconocimientos personales para que el equipo saliera adelante.

En el rugby se dice que las cicatrices cuentan historias. ¿Hay alguna experiencia (física o mental) que sienta que le define?
Creo que las cicatrices más importantes no son las que se ven. Tanto el rugby como la vida militar me han enseñado a gestionar la frustración, aceptar que no siempre se consigue el objetivo a la primera.

“No dejen que nadie les diga hasta dónde pueden llegar”

Si su forma de liderar fuera una jugada de rugby, ¿qué jugada sería?
Sería una jugada en la que todo el equipo avanza unido, y así fue en el “challenge” de Agen. No me identifico con el liderazgo individual ni con quien busca destacar por encima de los demás. Me identifico más con esas acciones en las que cada jugadora aporta su esfuerzo para que el conjunto avance.

¿Qué similitudes encontró en el rugby con la milicia? 
Muchísimas. Ambas actividades se basan en la confianza, la disciplina, el sacrificio y el espíritu de equipo. En los dos ámbitos dependes de las personas que tienes al lado y ellas dependen de ti. Gracias a conseguir el tercer puesto del mundo en el “3rd Military Rugby 7´s Challenge” la selección femenina y el segundo puesto de Europa, podemos representar a nuestro país en los Juegos Olímpicos de EEUU el 2027. Para nosotros es muy importante, ya que llevamos muchos años luchando por este deporte dentro de las Fuerzas Armadas. El rugby se parece a una unidad, cada persona tiene una misión, cada puesto es importante, dependemos de todos. Hay disciplina, esfuerzo, liderazgo, sacrificio, y sobre todo un profundo sentimiento de compañerismo.

La sargento primera Ester Vallinas con miembros de su unidad.

Ni en el rugby ni en el ejército gana el mejor individuo, gana el mejor equipo. Da igual el puesto que ocupes o la función que desempeñes, todos somos necesarios. Es una filosofía que intento transmitir tanto a mis compañeras como a los futuros soldados de España, nadie es más importante que el grupo y nadie se queda atrás. Si salimos juntos, volvemos juntos. Esa idea resume perfectamente lo que significan para mí tanto el rugby como la profesión militar.

La selección española -masculina- de rugby se entrenó con la escuela de guerra en liderazgo, motivación y fortaleza mental… ¿la instrucción sirve para el deporte?
Sin ninguna duda. La instrucción militar aporta herramientas muy valiosas para el deporte: disciplina, resiliencia, liderazgo, gestión de la presión y trabajo en equipo.

¿Ha tenido que dar alguna arenga en su vestuario?  
Alguna vez antes de un partido, al finalizar el ultimo calentamiento antes de salir al campo, pero en ese momento no solo la capitán habla al equipo, cada jugadora aporta, tiene un rol una experiencia y es en ese momento donde se habla con el corazón. Nuestros entrenadores han sabido muy bien gestionarnos emocionalmente, ellos nos hablan con fuerza y con corazón.

“Las cicatrices más importantes no son las que se ven”

¿Y de quién la aprendió?

Se aprende con la experiencia, de escuchar a los entrenadores, de jugadoras veteranas, y es ahí donde sabes que tienes que seguir con esas tradiciones.

Las hakas son una declaración de identidad. Si su equipo o unidad tuviera una propia, ¿qué promesa no podría faltar?
La de no dejar nunca a nadie atrás. Tanto en el rugby como en la vida militar, la fuerza del grupo está en cuidar y apoyar a quienes tienes a tu lado.

¿Cómo se entrena la confianza cuando sabes que no puedes controlar todo? 
Con preparación, trabajo diario y experiencia. Cuando sabes que has trabajado duro y confías en las personas que tienes a tu lado, afrontas cualquier situación con más seguridad.

“El Ejército me ofrecía disciplina, compañerismo y espíritu de sacrificio”

Qué es más importante hoy: ¿tener referentes femeninos o ver mujeres ocupando esos espacios?
Ambas cosas son importantes, pero quizás lo más valioso sea la normalidad, que una niña pueda ver a una mujer mandando una unidad, jugando un campeonato o desempeñando cualquier responsabilidad sin que resulte extraordinario. Los referentes inspiran y abren camino, pero ver mujeres ocupando esos espacios con naturalidad demuestra que esos caminos ya existen y que cualquiera puede recorrerlos con esfuerzo, preparación y dedicación.

¿En qué consiste su trabajo a diario?
Mi trayectoria en el ejército me ha permitido desempeñar funciones muy diferentes. Durante años estuve destinada en unidades de la Fuerza (jefa de morteros, carro de combate) una etapa muy exigente y enriquecedora en la que aprendí la importancia y preparación, la
responsabilidad y el trabajo en equipo. Actualmente estoy destinada en un centro de enseñanza, donde tengo el privilegio de formar a los futuros soldados.

¿Qué es lo más importante de esa función?

Es una responsabilidad enorme porque somos su primera toma de contacto con la vida militar y, en muchos aspectos, también su primer referente dentro de las Fuerzas Armadas, Por eso es muy importante no solo lo que enseñamos, sino también como nos dirigimos a ellos y el ejemplo que damos cada día.
Una jornada habitual comienza con la formación de los alumnos para bandera frente al coronel.
Después realizamos educación física, seguida del tiempo de aseo y preparación para la jornada. A continuación, comienzan las actividades de instrucción y adiestramiento, combinando formación teórica y práctica. Nuestro trabajo consiste en enseñar, mostrar, supervisar, corregir y practicar tantas veces sea
necesario para que los alumnos adquieran los conocimientos y las capacidades que necesitará en su futura carrera militar.

“La fuerza del grupo está en cuidar y apoyar a quienes tienes a tu lado”

¿Cuál cree que es la fórmula del éxito?
Trabajo, constancia, humildad y equipo. Los logros individuales tienen valor, pero los grandes éxitos suelen llegar cuando muchas personas trabajan juntas por un objetivo común. He tenido la suerte de vivirlo tanto en el rugby como en el ejército. Los resultados llegan cuando nadie busca el protagonismo y todas están dispuestas a aportar lo mejor de sí mismas.

¿De pequeña ya le gustaba este deporte? ¿También la milicia?
He practicado muchos deportes de equipo, porque creo en la unión, en la piña, y estoy agradecida de aquel día donde mi jefa, una teniente me ofreció este maravilloso deporte.

Si hoy tuvieras delante a una niña, a una recluta nueva y a una jugadora que empieza su primer partido importante, ¿qué le diría para que salgan convencidas de que pueden liderar sin pedir permiso?
Les diría exactamente lo mismo a las tres: No dejen que nadie les diga hasta donde pueden llegar, que no tengan miedo a equivocarse y que recuerden que nadie consigue nada solo. Que trabajen, que sean constantes y que confíen en ellas mismas rodeadas de buenas personas, ayudando a quienes tiene al lado.

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