La situación en el sur del Líbano permanece en un equilibrio frágil. Los enfrentamientos entre Israel y Hezbolá se prolongan sin que ningún acuerdo diplomático haya logrado frenar la escalada de manera sostenida, manteniendo en vilo a los cerca de 600 militares españoles desplegados en la zona en el marco de la Fuerza Interina de Naciones Unidas en Líbano.
Motivados y comprometidos pese a la incertidumbre
Esta semana, el general jefe de la Brigada del Líbano XLV, Antonio Ortiz Martínez, hizo un llamamiento a la tranquilidad en una videollamada con la ministra de Defensa, Margarita Robles. El mando reconoció que el escenario es “incierto” y que pueden aparecer noticias “preocupantes”, pero subrayó que la situación de las tropas “no es preocupante”.
“Veo a la gente muy satisfecha, muy contenta de estar aquí y, en la medida de lo posible, de intentar apoyar a la población, que realmente nos aprecia mucho y nos necesita“, afirmó. Robles, por su parte, respaldó la labor del contingente y calificó su presencia como “totalmente necesaria en momentos de alta inestabilidad internacional”.

Seis meses en zona de conflicto
El general Antonio Ramón Bernal, jefe de la BRILIB XLIV, describió un despliegue marcado por dos fases muy distintas. Hasta el 2 de marzo, fecha en que se reanudaron las hostilidades, el contingente desarrolló sus actividades con normalidad, alcanzando una media de un centenar de operaciones diarias entre patrullas, labores logísticas y apoyo a la población civil.
A partir de ese momento, el recrudecimiento del conflicto obligó a paralizar las patrullas de vigilancia de la Línea Azul, suspender la colaboración con las Fuerzas Armadas Libanesas en tareas de desarme y limitar al máximo los desplazamientos por la amenaza de artefactos explosivos improvisados.
La evacuación de la población civil, prácticamente total en la mayoría de las localidades, transformó además las tareas del contingente, que pasó de desarrollar actividades cívico-militares a centrarse en el apoyo y la protección del personal civil que permanecía en la zona.

El contingente no regresó a España hasta el pasado 22 de mayo, cuando 255 militares aterrizaron en Torrejón tras seis meses de misión. Antes de partir, Bernal dejó un mensaje claro a su sucesor: “Mantengan siempre la seguridad como prioridad absoluta. El entorno es complejo y cambiante, y la capacidad de evaluar riesgos y actuar con prudencia es fundamental para cumplir la misión.”
España, veinte años en FINUL
España participa en FINUL desde 2006 con alrededor de 600 militares desplegados en el sur del país, precisamente la zona donde se concentran los bombardeos israelíes y donde la ONU ha rechazado la ofensiva. La misión, la más numerosa de las contribuciones españolas a operaciones internacionales, opera en un entorno cada vez más hostil.
Pese a ello, el mensaje desde el terreno sigue siendo el mismo que trasladó Bernal antes de abandonar el Líbano: “La seguridad de nuestros soldados es prioritaria, y en este conflicto entre Israel y Hezbolá no somos objetivo por parte de ninguno de los contendientes.”
