La Brigada paracaidista integra liderazgo femenino y precisión técnica en el ejercicio Lone Paratrooper 26

Especialistas coordinan protocolos de seguridad y despliegue logístico internacional mediante lanzamientos tácticos desde 24.000 pies.

La BRIPAC preparando un salto masivo desde un A400M
La BRIPAC preparando un salto masivo desde un A400M
ET

En el corazón de la Brigada “Almogávares” VI de Paracaidistas (BRIPAC), la concentración es extrema. Donde el éxito de las misiones depende de la labor de preparación en los hangares antes del despegue. Previo a la salida, equipos de especialistas se encargan de la revisión y el empaquetado de los sistemas de salto, una tarea en la que la precisión técnica es fundamental, ya que de su correcto procedimiento depende directamente la vida de los efectivos que operan en el aire.

Teniendo esto presente del 18 al 29 de mayo de 2026 cuando la Base Aérea de Villanubla se convertirá en el epicentro del ejercicio multinacional Lone Paratrooper 26. Bajo el liderazgo de la BRIPAC, esta cita se consolida como el ejercicio de infiltración a alta cota más importante de Europa, en el que las capacidades HALO/HAHO (lanzamientos a gran altitud con apertura baja o alta) pondrán a prueba la interoperabilidad entre naciones como Portugal, Francia, Alemania, Italia, Polonia y Estados Unidos.

La capitán De Blas en la BRIPAC
Mujer militar de la BRIPAC
BRIPAC

La estadística detrás del valor

En una unidad que suma casi 3.000 componentes, la presencia de la mujer es una realidad consolidada, aunque con margen de mejora. Actualmente, las mujeres representan el 7,5% del total de la Brigada. Si desglosamos la jerarquía, encontramos que el 6,5% de los oficiales son mujeres, un 4,9% en la escala de suboficiales y un 8,1% en la tropa, el grupo más numeroso.

Pero más allá de los porcentajes, están los nombres propios. Mujeres como Esther Martínez Díaz, Karla Torres Chulde y Leitza Aranda Calzado, Damas Legionarias Paracaidistas, que encarnan el espíritu de sacrificio de la unidad. Para ellas, el éxito del Lone Paratrooper no empieza en el salto a 24.000 pies desde un A400M, sino días antes, en la “liturgia” del plegado.

BRIPAC
Javier Cuadrado

Un entorno de alta especialización técnica

En estas maniobras, la seguridad y el éxito de la misión dependen de un riguroso protocolo de preparación en tierra. En las instalaciones de la BRIPAC, el proceso de mantenimiento de los paracaídas sigue una normativa técnica estricta. Antes de cada plegado, las campanas deben permanecer suspendidas en la torre de aireado durante 24 horas. Este procedimiento es indispensable para disipar la electricidad estática acumulada y garantizar que el material se seque por completo si ha estado expuesto a humedad, evitando así incidentes críticos como el “efecto vela romana”.

Especialistas como las Damas Legionarias Paracaidistas Karla Torres Chulde y Leitza Aranda Calzado integran la sección de plegado de personal. Su labor consiste en una secuencia de supervisión y empaquetado que requiere ciclos de 50 minutos de alta concentración. Cada paracaídas de apertura manual requiere entre 30 y 40 minutos de trabajo especializado y puede producir hasta 20 unidades en jornadas de alta exigencia.

Leitza Aranda Calzado, Esther Martínez Díaz y Karla Alexandra Torres Chulde en una labor de la BRIPAC.
Javier Cuadrado

Una preparación de alto nivel

El Lone Paratrooper 26 no es solo adiestramiento; es un laboratorio táctico. Durante las dos semanas de ejercicio, la primera nacional y la segunda internacional, se validarán los sistemas de navegación nocturna y el uso de máscaras de oxígeno para infiltraciones discretas en profundidad. Es aquí donde la BRIPAC reafirma su carácter expedicionario y su integración en la OTAN.

Para Esther, Karla y Leitza, este nivel de exigencia no implica una diferencia de género. “Si hay que correr 10 kilómetros, corremos los mismos 10 kilómetros“, afirma Leitza con naturalidad. Entraron por vocación, por seguir la estela familiar o por buscar una unidad operativa donde “demostrar que las mujeres podemos estar en cualquier lugar”.

Cuando los paracaidistas se lancen sobre los campos de Valladolid este mayo, navegando más de 40 kilómetros bajo sus campanas, lo harán confiando en una cadena de seguridad en la que el eslabón femenino es fundamental. Ellas son las manos invisibles que dominan el aire.

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