El gasto en Defensa de España vuelve a colocarse en el centro del debate europeo después de la publicación del informe anual de la OTAN sobre 2025. El documento confirma que España alcanzó el 2% del PIB destinado a defensa, el umbral mínimo fijado por la Alianza desde 2014.
Ese salto es relevante si se compara con el esfuerzo anterior, pero no cambia del todo la fotografía política: España sigue instalada en la parte baja del ranking aliado cuando se mide el gasto en proporción a la economía nacional.
Según la OTAN, todos los aliados alcanzaron o superaron en 2025 el listón del 2%. España comparte ese suelo con otros socios que también se quedan en ese mismo porcentaje. Aun así, el mensaje político es claro: el gasto en Defensa de España ha crecido, pero sigue lejos de los niveles que la organización considera necesarios para el nuevo escenario estratégico.
España cumple el mínimo, pero sigue en la parte baja
La principal novedad del informe es que España ya no aparece por debajo del objetivo histórico de la OTAN. El país pasó de cifras en el entorno del 1,3%-1,4% al comienzo del año pasado al 2% en 2025. Algo que el propio Mark Rutte destacó públicamente. El secretario general de la Alianza reconoció el esfuerzo del Gobierno español y subrayó que se trata de “miles de millones” adicionales de gasto estructural en defensa.
Sin embargo, el cumplimiento del mínimo no resuelve el debate. La propia OTAN deja claro que el 2% ya no es la meta política de fondo, sino apenas el punto de partida de una nueva etapa. En la cumbre de La Haya de 2025, los aliados pactaron una senda para elevar la inversión hasta el 5% del PIB en 2035, con un 3,5% dedicado al gasto militar central y otro 1,5% vinculado a infraestructuras, resiliencia, innovación y seguridad relacionada con la defensa.
El salto en euros no evita la presión aliada
En términos absolutos, el gasto en Defensa de España dio un salto muy visible. El documento de la OTAN sitúa la inversión española en 33.123 millones de euros en 2025, frente a los 22.693 millones del año anterior. Es una subida muy fuerte en solo un ejercicio y explica por qué la Alianza considera que España sí ha hecho un movimiento relevante.
Pero la OTAN no juzga el esfuerzo únicamente por el volumen bruto, sino por su peso sobre el PIB. Y ahí España sigue sin destacar. Ese es el motivo por el que, pese al aumento millonario, el país continúa apareciendo en la conversación como uno de los socios menos ambiciosos en términos relativos. El dato político pesa más que el contable: no basta con gastar mucho más si otros aliados destinan una porción mayor de su economía al mismo objetivo.
Rutte rebaja el choque, pero lanza una advertencia
Uno de los aspectos más reveladores de la presentación del informe fue el tono de Mark Rutte respecto a España. Lejos de un reproche frontal, el dirigente neerlandés elogió el esfuerzo realizado por el Gobierno de Pedro Sánchez y recordó que España ha cumplido con lo que prometió al pasar al 2%. Sin embargo, introdujo una advertencia de enorme calado: la OTAN cree que España necesitará acercarse al 3,5% para poder cumplir de verdad con los objetivos de capacidades militares acordados por la Alianza.
Ahí aparece el principal choque estratégico. España sostiene que puede responder a sus compromisos con un techo en torno al 2,2%, mientras la OTAN considera que ese nivel será insuficiente a medio plazo. Esa divergencia no rompe el consenso formal, pero deja un desacuerdo de fondo que probablemente marcará las próximas cumbres y el debate interno sobre presupuestos, industria militar y prioridades de Estado.
