Sentadas en un banco de un parque cercano al Campo del Rayo Vallecano, donde recientemente tomó fotografías, Ángela Páramo cuenta una historia que comenzó hace casi una década y a miles de kilómetros de Madrid. Tiene 33 años, nació en Bogotá, Colombia y lleva una cámara entre las manos desde que descubrió que la fotografía podía ser su manera de acercarse al arte. El fútbol apareció más tarde, casi por casualidad, pero terminaría convirtiéndose en una parte fundamental de su trayectoria profesional.
Su primer contacto con la fotografía no tuvo que ver con los estadios. Cuando era joven comenzó a acudir a un pequeño teatro cercano a su casa para trabajar con la iluminación y fotografiar escenas de obras como ‘Así que pasen cinco años’. Siempre había sentido una fuerte atracción por el cine, “pero hacer cine es muy complicado y estudiar cine aún más y más caro”, comenta Páramo quien terminó eligiendo la fotografía.
Páramo tenía además otra pasión desde niña: el deporte. Su familia era aficionada al Independiente Santa Fe, uno de los equipos más famosos de Bogotá Colombia, y ella creció siguiendo al equipo. Durante la universidad encontró la manera de unir ambas cosas. En una asignatura de antropología urbana tenía que escoger un elemento representativo de Bogotá para desarrollar un trabajo. Mientras sus compañeros optaban por edificios, estatuas o arquitectura, ella decidió mirar hacia el fútbol.
“¿Qué más representa a Bogotá?”, recuerda que pensó. Para Páramo, el fútbol era mucho más que un deporte: era una forma de observar cómo se construye una sociedad, qué ocurre en las calles y cuáles son las tensiones políticas y sociales de una ciudad. Así comenzó a fotografiar a los equipos capitalinos.
El proyecto la llevó hasta Independiente Santa Fe y allí conoció a Pablo García, responsable de prensa del club en el 2017. Después de ver su trabajo, García le permitió acudir al estadio para fotografiar al equipo masculino. Las imágenes llamaron su atención y le propuso que siguiera asistiendo y que intentara hacer sus prácticas universitarias en el club. Páramo aceptó. Aquella oportunidad terminó convirtiéndose en su entrada profesional a la fotografía deportiva.
Entonces llegó una noticia que cambiaría también su trayectoria: Colombia iba a poner en marcha su primera Liga Femenina profesional.
Cuando las mujeres comenzaron a ocupar el campo
En 2017, Independiente Santa Fe creó uno de los equipos que marcarían el inicio de aquella competición. Páramo fue incorporada para acompañarlo desde la fotografía. En aquel vestuario estaban jugadoras que terminarían convirtiéndose en referentes del fútbol femenino, como las colombianas Leicy Santos y Lady Andrade, la venezolana Oriana Altuve y la costarricense Melissa Herrera.
Santa Fe no solo participó en aquella primera edición. Se convirtió en el primer campeón de la historia de la Liga Femenina colombiana después de derrotar al Atlético Huila en la final. El equipo bogotano ganó 1-0 el partido de vuelta y se impuso por 3-1 en el resultado global, con un gol de Leicy Santos.
Para Páramo, aquella primera temporada fue también una experiencia completamente distinta a la que había vivido fotografiando al equipo masculino. La mayoría de los profesionales que trabajaban como fotógrafos deportivos eran hombres. “Siempre era la única chica fotografa” recuerda. Y hasta el día de hoy, todavía hay muy pocas mujeres fotógrafas en el fútbol. Se atreve a decir.
Y esa realidad no se limitaba a las fotógrafas. También estaba presente en la forma en la que se hablaba de las mujeres que trabajaban dentro de este deporte y en la consideración que recibían.
Desde coqueteos a apuestas, Páramo recuerda haber recibido comentarios machistas por parte del público y críticas de otros fotógrafos que, según cuenta, no tenían una intención constructiva. Le decían que a sus imágenes les faltaba fuerza o poder, pero ella percibía que detrás de algunas de aquellas críticas había algo más que una valoración profesional: la idea de que una mujer no podía hacer fotografía deportiva de la misma manera que un hombre.
“Recibí comentarios y propuestas bastante indeseables”. Entre los episodios que recuerda hay incluso una apuesta entre personas relacionadas con el fútbol para ver quién conseguía mantener relaciones sexuales con ella primero.
Pero si el fútbol masculino le mostró algunas de las dificultades de ser mujer detrás de una cámara, el fútbol femenino le ofreció una relación completamente diferente con las protagonistas de sus fotografías.
Las que jugaban aunque casi nadie mirara
“Con el femenino todo era muy distinto”, cuenta. Durante aquella primera temporada, Páramo acompañaba a las jugadoras a entrenamientos y partidos amistosos. No se limitaba a aparecer el día del encuentro: quería conocer el equipo, entender sus dinámicas y documentar el proceso completo. Las seguía allá donde fueran y, en ocasiones, terminaba igual de embarrada o empapada que ellas.
Las condiciones tampoco eran comparables a las de los equipos masculinos. Páramo recuerda especialmente la falta de transporte y las dificultades logísticas que tenían las futbolistas. Muchas de ellas no contaban con los mismos recursos y comodidades que sus compañeros hombres. Para ella, fotografiarlas significaba también acompañar esas dificultades.
Mientras el fútbol masculino estaba acostumbrado a concentrar periodistas y fotógrafos, los partidos femeninos podían disputarse ante gradas prácticamente vacías. Hubo encuentros en los que recuerda haber visto alrededor de cincuenta personas en el estadio y en los que ella era prácticamente la única fotógrafa que estaba allí para documentarlos.
La situación comenzó a cambiar a medida que Santa Fe avanzaba en la competición. Cuanto más cerca estaba el equipo de la final, más medios empezaron a prestar atención. Aquellas jugadoras a las que durante meses habían fotografiado muy pocos profesionales empezaron a convertirse en protagonistas.
La final de la primera Liga Femenina enfrentó a Santa Fe y Atlético Huila en El Campín. El encuentro reunió a 33.327 espectadores,”nunca se había llenado tanto un estadio de fútbol en la historia de Colombia hasta ese entonces”, comenta. Una cifra extraordinaria para una competición que apenas unos meses antes había tenido partidos ante unas pocas decenas de personas. Santa Fe ganó y se convirtió en el primer campeón de la Liga.
“Ellas querían celebrarme a mí los goles” cuenta Páramo, quien para ella, aquella final tuvo un significado personal, pues había estado con ellas durante toda la competición, incluso cuando prácticamente nadie más estaba pendiente de lo que ocurría.
Los fotógrafos que habían ido apareciendo a medida que el equipo se acercaba a la final terminaron colocándose cerca de ella para conseguir las imágenes de las celebraciones. Páramo no lo interpreta como un problema, sino como una muestra de compañerismo profesional. Para entonces, sin embargo, ella sabía que había documentado algo que iba mucho más allá de una temporada deportiva.
Una Liga en peligro
Para la segunda temporada comenzaron a escucharse argumentos sobre la falta de rentabilidad del fútbol femenino y el coste que suponía para los clubes. La Liga había conseguido llenar El Campín, pero todavía no estaba consolidada económicamente y la continuidad del torneo no estaba garantizada.
En ese contexto se produjo una declaración que terminaría convirtiéndose en uno de los episodios más polémicos de aquellos primeros años. Gabriel Camargo Salamanca, entonces presidente del Deportes Tolima, afirmó públicamente que el fútbol femenino era un “caldo de cultivo del lesbianismo”.
La frase provocó una fuerte reacción y posteriormente fue recogida en una sentencia de la Corte Constitucional colombiana. El caso llegó a los tribunales después de que la Defensoría del Pueblo interpusiera una acción de tutela en defensa de las futbolistas. La controversia no se limitó a la orientación sexual: la Corte terminó analizando la discriminación que sufrían las mujeres dentro del fútbol profesional y las condiciones en las que se desarrollaba la competición.
Para Páramo, aquellas palabras eran la expresión de un prejuicio que llevaba tiempo presente alrededor del fútbol femenino. Colombia es, en su opinión, una sociedad en la que determinados estereotipos sobre las mujeres y las personas homosexuales todavía tienen un peso importante, y el fútbol no estaba al margen de ellos.
Pero la respuesta no fue quedarse en el silencio, la fotógrafa comenta con orgullo como ella junto a Laura López, entonces responsable de prensa de Santa Fe, redactó una carta dirigida a Marta Lucía Ramírez, que en ese momento era vicepresidenta de Colombia durante el Gobierno de Iván Duque. El objetivo era explicar por qué la Liga Femenina debía continuar y reclamar apoyo para una competición que todavía estaba intentando consolidarse.
Páramo y las jugadoras de Santa Fe se sumaron a la iniciativa. “Todas lo firmamos, lo firmaron las chicas de Santa Fe,y muchas jugadoras más”, comenta Paramo, quien según ella la carta llegó a la Vicepresidencia quien posteriormente mostraría su respaldo y se posicionaria públicamente en defensa de las futbolistas después de las declaraciones de Camargo.
El fútbol que vino después
La Liga Femenina colombiana siguió celebrándose y, aunque su estructura, duración y financiación han cambiado con los años, aquella primera edición abrió un camino que después recorrerían algunas de las principales futbolistas del país.
Entre ellas está Linda Caicedo, una de las grandes figuras surgidas del fútbol femenino colombiano y que hoy juega en el Real Madrid. Antes de llegar a España, Caicedo pasó por América de Cali y Deportivo Cali y se convirtió en una de las grandes promesas internacionales del fútbol femenino. En 2023 llegó al conjunto blanco con 18 años y, ese mismo año, se convirtió en la primera futbolista colombiana nominada al Balón de Oro femenino.
Desde entonces se ha consolidado como una de las jugadoras colombianas más reconocidas del mundo, con otros reconocimientos como el Golden Girl de 2023 y su inclusión en el FIFPro World11 de 2024.
Páramo habla también de Leicy Santos, Catalina Usme y de las generaciones que han ido llegando a la selección. Para ella, muchas de estas mujeres tienen además una característica que suele quedar fuera de las conversaciones sobre el deporte: han tenido que construir sus carreras mientras estudian, trabajan y superan circunstancias personales y sociales muy complejas. “Son mujeres muy cultas, mujeres que, a pesar de que también vienen de vidas difíciles, quieren salir adelante y estudian”, explica.
La selección colombiana también ha demostrado el crecimiento de sus futbolistas. El equipo nacional fue subcampeón de la Copa América en 2022 y 2025 y en 2026 conquistó la primera Liga de Naciones femenina de la Conmebol. Muchas de sus jugadoras desarrollaron parte de su carrera en el fútbol profesional colombiano antes de dar el salto a Europa.
Para Páramo, ese recorrido demuestra que la apuesta por una competición femenina no era un gasto sin retorno, como algunos argumentaban en aquellos primeros años. Actualmente, la Liga continúa y, aunque ha cambiado de formato y estructura con los años, se mantiene como la principal competición profesional femenina de Colombia.
Su propia carrera también ha seguido avanzando. Después de trabajar en proyectos de fotoperiodismo social con mujeres migrantes en Colombia, consiguió una beca para estudiar un máster en fotoperiodismo en España, donde volvió a centrarse en la fotografía deportiva. Desde entonces ha trabajado en fútbol y en otras disciplinas, como el baloncesto.
Hoy, desde España, continúa dedicándose a la fotografía deportiva. Su recorrido profesional la ha llevado mucho más lejos de aquellos primeros partidos de 2017, pero aquellas imágenes de Santa Fe siguen formando parte de una carrera que comenzó cuando todavía eran pocos los que miraban hacia el fútbol femenino en Colombia.

