WNBA

Como una gorra y un tuit de Trump han hecho que no se deje de hablar de Sophie Cunningham

Tras unas polémicas declaraciones en verano sobre las mujeres trans, el último tuit del Presidente de los Estados Unidos con una foto de la jugadora ha terminado por incendiar las redes

En apenas unos días, Sophie Cunningham ha pasado de ser una jugadora de rotación de las Indiana Fever, el equipo donde brilla el fenómeno mundial Caitlin Clark, a convertirse en el foco de la batalla cultural y política en Estados Unidos. ¿El detonante? La combinación explosiva de una prenda de ropa con mensaje ideológico y la irrupción de Donald Trump, cuyas palabras difundidas masivamente en redes sociales han elevado la transcendencia de la jugadora a cuestión de Estado.

Todo estalló durante la tradicional fiesta de bienvenida de la Universidad de Missouri. Cunningham regresaba a su antigua universidad para ser homenajeada en el césped del estadio de fútbol americano como miembro del Salón de la Fama del Atletismo. Sin embargo, no hizo declaraciones ante el micrófono; dejó que hablara su outfit. Al ser presentada ante miles de aficionados, señaló con ambos dedos índices la gorra que llevaba puesta, en la que se leía: “No Cis, just… Woman” (“No cis, solo… mujer”).

Para entender el revuelo hay que acudir al diccionario y entender el debate de género actual. El término cis o cisgénero se utiliza para definir a aquellas personas cuya identidad de género coincide con el sexo biológico que se les asignó al nacer; es decir, el concepto opuesto a trans o transgénero. Con ese lema, Cunningham lanza un mensaje directo, no es la primera vez que la jugadora lanza un mensaje en contra de las trans en el deporte femenino. Por tanto, Cunningham muestra un rechazo frontal a las etiquetas de identidad de género modernas.

El efecto Trump

Por si el gesto de la gorra fuera poco, el debate terminó de ser tendencia esta misma semana cuando Donald Trump decidió poner la guinda del pastel. El mandatario estadounidense puso el foco sobre Cunningham, cuya postura contra las atletas trans en categorías femeninas coincide de lleno con su agenda política, desatando un aluvión de reacciones y publicaciones virales en X.

Durante un acto en Ohio, Trump elogió abiertamente a la jugadora de la WNBA: “Me gusta Sophie Cunningham. Hay muchos hombres que quieren ir a verla, es una joven hermosa”, afirmó antes de bromear con su habitual tono provocador sobre su rendimiento en la pista: «Probablemente la querrías en tu equipo, no para que te ayude con los puntos, sino para llenar el estadio». El respaldo de Trump y su eco en redes han terminado de convertir a Cunningham en un icono para la derecha estadounidense. Una salida de tono más del Presidente de los EEUU, una falta de decoro arrogante y obsoleta. Un “chascarrillo” sobre su belleza que difiere totalmente de una crítica sobre su rendimiento deportivo e incluso del tema que era tendencia, las mujeres trans. Lejos de aplicar el sentido común y declarar en función al tema que está defendiendo la escolta, Trump, sin fallo, se limitó a realizar un comentario verde sobre su físico.

“El sentido común”

La polémica de la gorra y el revuelo con Trump no son hechos aislados, sino el punto más alto de un discurso que Cunningham se ha apoderado. Tras recibir un aluvión de críticas en internet donde se la acusaba de transfobia, la jugadora decidió fijar su postura en un reportaje de ESPN apelando a lo que ella denomina «sentido común».

“Recibí muchos comentarios negativos diciendo que odio a las personas trans, y yo nunca dije eso”, se defendió Cunningham. Su argumento se apoya exclusivamente en la biología: asegura que su objetivo es demostrar afecto, pero diciendo la verdad y proteger a las niñas y jóvenes en los vestuarios y en los deportes para que no tengan que competir contra quienes describe como hombres biológicos. Discurso que casa perfectamente con la agenda política y las declaraciones habituales del Presidente Donald Trump.

¿Qué jugadoras trans existen realmente en la WNBA y en el deporte?

Al analizar el discurso de Cunningham, emerge una gran distopia con la realidad: en toda la historia de la WNBA jamás ha jugado una mujer transgénero (una atleta nacida biológicamente hombre que haya cumplido la transición a mujer). Es decir, la jugadora batalla contra un escenario que en su propia liga no existe.

Quienes sí han competido en la WNBA son personas nacidas biológicamente mujeres que se identifican como no binarias o trans masculinas, por lo que no existe debate alguno sobre una supuesta ventaja física, al menos en la WNBA. El caso más célebre fue el de Layshia Clarendon, quien se declaró persona no binaria y trans, se sometió a una mastectomía en 2020 con el apoyo oficial de la liga y se retiró en 2022, además de otras jugadoras no binarias como AD Durr.

En realidad, la reivindicación de Cunningham se nutre de la polémica generada en el deporte universitario estadounidense (NCAA) y olímpico. El caso que hizo saltar las alarmas en Estados Unidos fue el de la nadadora Lia Thomas, que en 2022 ganó un campeonato universitario femenino tras haber competido anteriormente en categoría masculina. A ella se suman nombres como la corredora CeCé Telfer o la halterófila neozelandesa Laurel Hubbard (primera mujer trans en participar en unos Juegos Olímpicos, en Tokio 2020), cuyos casos han llevado a varias federaciones internacionales a restringir o prohibir la participación de mujeres trans en el deporte femenino.

Apariciones públicas y el choque deportivo

Lejos de esconderse, Cunningham ha acercado su postura hacia líderes públicos contra la inclusión trans en el deporte. El pasado 31 de julio, tras un partido en Minnesota, posó sonriente junto a la exnadadora Riley Gaines, y hoy es la activista conservadora más famosa en esta materia, y la exejecutiva Jennifer Sey, sosteniendo una pancarta con corazones que decía: “Sophie, gracias. Una mamá de niñas”.

Entre las declaraciones de la jugadora, Trump y los numerosos guiños a la causa “anti-trans” se ha formado un terremoto dentro de la WNBA, una competición históricamente abanderada y líder de las causas progresistas, el movimiento Black Lives Matter y los derechos LGTBIQ+, colectivo al que pertenece un alto porcentaje de sus jugadoras. El malestar en los vestuarios es evidente: veteranas como Sydney Colson le han retirado el saludo públicamente y en hasta tres partidos consecutivos a domicilio se han registrado protestas organizadas en las gradas por sus declaraciones.

4,3 millones de seguidores

Pese a la tormenta política y a que su papel en la cancha es el de una jugadora de rotación, esta temporada 2026 ha promediado 7,9 puntos y un notable 41,9% en triples antes de caer eliminada con Indiana en los playoffs frente a Las Vegas Aces, fuera del parqué Cunningham es una potencia comercial inalcanzable para la mayoría de sus compañeras.

Con 4,3 millones de seguidores en su perfil principal y más de 8 millones sumando todas sus plataformas, la escolta domina al milímetro el mundo mediático. En sus redes sociales alterna sus dardos ideológicos y sus apariciones públicas, con flamantes campañas de publicidad. Fuera de sus perfiles, Tiktok está repleto de recopilaciones que dejan en evidencia comportamientos que tiene la jugadora dentro de la cancha, que se complementan con sus salidas de tono fuera ella.

TAGS DE ESTA NOTICIA