Opinión

Mucho más que una visita

MELILLA (ESPAÑA), 14/10/2026.- El rey Felipe VI y la reina Letizia junto al presidente de Melilla, Juan José Imbroda (i) y la ministra de Inclusión y Migraciones, Elma Saiz (d) saludan a los ciudadanos de Melilla este miércoles a su llegada a la ciudad autónoma. Melilla recibe de nuevo una visita real casi 19 años después con la llegada de los reyes Felipe VI y Letizia en su primer viaje a la ciudad, con el que completan su recorrido por el mapa autonómico español tras viajar a Ceuta el día anterior. EFE/Mariscal
Los Reyes saludan junto al presidente Imbroda y la ministra Elma Saiz
Efe
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Ha sido mucho más que una visita real. Ha sido una visita oportuna y necesaria. Los ceutíes y los melillenses necesitaban escuchar que la soberanía de su ciudad es innegociable y el resto de España necesitaba escuchar como el jefe de Estado enviaba este mensaje a Marruecos. Ceuta y Melilla temen que se pacte una cosoberanía con Marruecos y por eso es tan importante que Felipe V haya advertido que la soberanía e integridad territorial de España no son negociables y que nuestra obligación es defender una parte que es irrenunciable de España. El mayor golpe que se podía llevar Mohamed VI y su régimen es la imagen de los Reyes guardando respeto ante las tumbas de los marroquíes fallecidos en el asalto masivo a finales de julio que ahora mismo están enterrados en el cementerio musulmán de Ceuta porque el reino alauita no ha querido saber nada de ellos, no los ha reclamado. El rey de Marruecos utiliza a sus ciudadanos como escudos humanos y los reyes de España honran su memoria.

Aunque la visita de Felipe VI y Letizia a las dos ciudades autónomas estaba prevista antes del asalto migratorio de finales de julio, la crisis le ha dado una dimensión de primer orden. La presencia de los reyes es sinónimo de soberanía. Significa que Ceuta y Melilla son españolas por mucho que Marruecos se resista a aceptarlo y por mucho que el Rey Mohamed VI haya amenazado con visitar la frontera de Melilla. El viaje es oportuno porque, desde que a finales de julio más de 70.000 personas procedentes de Marruecos cruzaron ilegalmente la frontera a Ceuta, la vida cotidiana quedó completamente trastocada y la ciudad se sumió en la incertidumbre. Y sobre todo porque muchos ceutíes han tenido durante más de dos meses una sensación de abandono por parte de las autoridades que exige una solución creíble y duradera. Lo que ha ocurrido es una crisis geoestratégica que ha desembocada en una crisis humanitaria. La permisividad marroquí y la incapacidad española para anticipar la magnitud del asalto siguen sin aclararse. Ahora encima sabemos que los buques de guerra marroquíes entraron en aguas de soberanía española durante aquellos días y que la Armada tuvo que intervenir para alejarlos. Ahora sabemos lo que en aquellos días sabía el Gobierno. Cuando se intentaba culpar a la situación de las mafias que traficaban con personas o a las redes sociales, lo que se intentaba realmente era construir una nube de niebla para ocultar una realidad que hablaba de otro tipo de crisis. No estábamos ante una crisis humanitaria, estábamos ante una crisis geoestratégica con fragatas y patrulleras marroquíes navegando por nuestras costas.

Durante más de dos meses el Gobierno no ha llamado a las cosas por su nombre por no enturbiar más las relaciones diplomáticas con Marruecos y por no reconocer lo que se ha constatado después y se investiga ahora en la Audiencia Nacional. Hubo muchas disfunciones de calado en la capacidad de España para gestionar una crisis de estas dimensiones. Los días previos y las semanas posteriores hubo avisos que no se tuvieron en cuenta, poca previsión y mucha descoordinación entre diferentes niveles del gobierno y en general una reacción tardía y desorganizada. Por eso la visita de los reyes en estas dos ciudades autónomas reafirma que el Estado está con los españoles allí donde el Estado falló y donde fue desafiado. Porque como en su día reconoció hasta el propio presidente del Gobierno la entrada de decenas de miles de inmigrantes constituyó una violación de la integridad territorial española. Que los Reyes pasen un día en Ceuta y otro en Melilla no va a resolver todo lo que ha pasado durante estos dos meses y medio, pero es un símbolo de compromiso del Estado y las instituciones, y puede ser, un paso clave para volver a la normalidad que tanto anhelan los ceutíes.

Lo siento pero Marruecos ha vuelto a demostrar que no es un socio fiable. No es una democracia, sino una monarquía autocrática con un rosario de casos donde se vulneran los derechos humanos. Tengo claro que España necesita cooperar  con Rabat pero no desde la dependencia ni mirando hacía otro lado. Mohamed VI anunció la semana pasada de que el modelo de cooperación ha llegado a sus límites. La UE debería exigirle aclararle que significa esta afirmación y que pretende de sus socios europeos. También debería pedirle explicaciones sobre el retorno de sus migrantes, particularmente de los menores. Rabat incurre en una evidente hipocresía: reclama facilidades para repatriarlos pero los hechos desmienten que tenga voluntad de hacerlo. Y mientras Rabat eleva sus exigencias España y Europa continúan  bailándole el agua como si no hubiese otra forma de seguir cooperando con ellos sin decir a todo amén. Al final y como se intuía desde el principio ahora se sabe que Marruecos organizó el asalto. A la pasividad de la gendarmería por no detener en la frontera a los miles de personas que cruzaron a Ceuta se suma ahora las maniobras de al menos una fragata y varias patrulleras. Cualquiera que conozca un poco Marruecos sabe que nada ni nadie se mueve sin que Mohamed V lo permita o tolere. Entonces ¿por qué el Gobierno se ha jugado su maltrecho prestigio para defender a Marruecos? ¿No sería una vuelta a la normalidad comenzar por aclarar que tipo de relación tenemos con Marruecos?

La masiva acogida popular a los Reyes y su compromiso con los ceutíes y melillenses que han dado un emocionante ejemplo de patriotismo cívico, muestran el valor de una Corona que ejerce su función constitucional de unidad. Frente a un Gobierno que ha tratado de rebajar desde hace dos meses la dimensión de este ataque, Felipe VI ha respondido con claridad institucional. Ceuta necesita recuperar la normalidad y esto puede ser un primer paso. Y España necesita un ejecutivo que defienda al país con la misma determinación con la que lo ha hecho el jefe de Estado.

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