Opinión

Montse Mínguez y Óscar López: chistes y desahucios desde el Búnker de Berlín

MADRID, 26/09/2026.- El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López, participa en la clausura de las Jornadas de Educación y FP “Otra educación es posible en Madrid” este sábado en la capital española. EFE/ Fernando Villar
El ministro para la Transformación Digital y de la Función Pública, Óscar López.
EFE
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La escena se imagina fácil. Sánchez, en su despacho de la Moncloa, o en el de Ferraz, 70, que el lector elija, rodeado de su camarilla de fernandogalindos, como en El hundimiento, aquella película dirigida por Oliver Hirschbiegel en la que un estupendo Bruno Ganz encarnaba a Hitler. “¡Era una maldita orden –clama el presidente–! ¡La ofensiva de Steiner, perdón, de la vivienda, era una orden!”. Bolaños resopla. Robles disimula una sonrisilla sabrosona. Marlaska actualiza su perfil de LinkedIn. Y Montse Mínguez y Óscar López, respectivamente, la pareja del gran tenedor Vélez y el ministro que presuntamente ordenó desahuciar a un vecino de Maricarmen, sumisos e idólatras, juran por su vida política que se dejarán los cuernos –metafóricamente, quiere decirse– para tapar/manipular los muchos y graves rotos que Artículo14 les ha hecho esta semana, mientras el presidente del Gobierno, tras ciscarse en Chicote durante largo rato, se consuela entonando “La realtà non esiste”, de Claudio Rocchi.

Escucho a López decir, con la indignación plastificada de un actor de telenovela mala, que “la víctima es Maricarmen y, como Maricarmen, miles y miles de madrileños y madrileñas que no pueden pagar el alquiler”, y a Mínguez, como una Manuela Malasaña de AliExpress, declarar en RNE que “de lo que se trata es de que la vivienda sea considerada como un derecho, y no como un negocio”, y me viene una risa inevitable, torrencial y loretovalverdiana. Su hipocresía, por burda y desacomplejada, es amarga y terriblemente graciosa. Están el chiste del mono de san Chiquito de la Calzada, la historia de las paelleras del Risitas, la obra de teatro del Gañán que interpretaba Ernesto Sevilla en La Hora Chanante, y el candidato del PSOE a la Comunidad de Madrid y la número uno del PSC en la lista de Lérida al Congreso de los Diputados apoyando, campanudos, al Sindicato de Inquilinas y asegurando –la segunda, en sede parlamentaria– que “se trata de fondos buitre o de familias”. Cuñaaaaaao.

Artículo14 es, para el PSOE, nombre de absceso dental. Javier Chicote desveló en exclusiva que “la pareja de la portavoz del PSOE posee decenas de pisos en alquiler de los que ha desahuciado a inquilinos”, que “tiene cuatro empresas de alquileres y otras cuatro constructoras” y que “Óscar López pide el desahucio de un inquilino de Muface vecino de Maricarmen”. Por su parte, Mercedes Serraller hurgó en el pasado y destapó “el otro escándalo del novio de Montse Mínguez que casi le cuesta la carrera”. La catalana denunció “ataques personales”, y el madrileño afirmó en Twitter que jamás ha pedido ni firmado “el desahucio de nadie”. Media hora después, el periodista de investigación le respondió publicando el fragmento del documento en el que consta la delegación de competencias. “No se trata –declaraba el ministro este miércoles– de perseguir ni señalar a quien hace una actividad lícita. Lo importante es quién quiere garantizar el derecho a la vivienda y quién no”. El chiste se hace solo.

El judío de Tréveris escribió hace 175 años que “la historia ocurre dos veces: la primera vez como una gran tragedia y la segunda como una miserable farsa”. Durante el sanchismo, la farsa se transmutó en franquicia, y López y Mínguez se han convertido, a su pesar, en las últimas superestrellas de una saga trepidante, mutante y agónica que arrancó hace ocho años y que, según parece –yo, como santo Tomás, sólo creeré cuando toque las llagas–, expirará en siete domingos. Si cae este Gobierno de hypokritēs, qué grandes artistas morirán con él. Siempre, insisto, metafóricamente. La duda ofende.