María Herrera llega al Gran Premio de Jerez con la tranquilidad de quien ha aprendido a gestionar la presión de la competición y la ilusión de volver a correr ante los suyos. Herrera afronta un fin de semana especial en un circuito que conoce desde sus inicios en Moto3 y que, por tercer año consecutivo, decidirá el campeonato del mundo femenino de motociclismo.
«Es un circuito que me ha gustado desde mis inicios en Moto3, se me ha dado bastante bien casi siempre, así que encima con toda mi gente es un fin de semana como que disfruto», reconoce. La presencia de familiares y amigos añade presión, pero también convierte la cita en una oportunidad para disfrutar de una afición que la ha acompañado durante toda su trayectoria.
El hecho de que Jerez vaya a acoger la última prueba del campeonato en este escenario también hace que la piloto viva la cita de una manera diferente. «Al ser el último año lo vivo con una ilusión diferente», explica, aunque espera que el trazado andaluz vuelva a formar parte del calendario en el futuro.
Del círculo cerrado en Jerez al giro inesperado en Donington
Volver a Jerez también significa recordar uno de los momentos más importantes de su carrera. El año pasado, Herrera se proclamó campeona del mundo en este mismo circuito, poniendo fin a una espera marcada por las oportunidades que se le habían escapado en otras competiciones.
«Fue una sensación de haber cerrado un círculo, porque es verdad que siempre que llegaba líder en un campeonato, ya sea en Moto3, en el Campeonato de España o en otro, pues tenía una caída y no podía culminar el título», recuerda.
Aquella victoria tuvo un significado especial para la toledana, que reconoce que le costaba creer lo que había conseguido. «Fue una emoción de no creérmelo, porque es verdad que el deporte es complicado y todos nos preparamos al máximo. Y llegar siendo líder, pues es difícil».
Esta temporada, sin embargo, asegura haber afrontado la competición de una forma diferente. «Este año me lo tomo con más tranquilidad», explica. Aunque reconoce que la tensión aumenta a medida que se acerca la última carrera, su objetivo es terminar el año disfrutando y con buenas sensaciones: «Realmente tengo ganas de terminar y acabar bien, disfrutando, porque el año ha sido muy bueno, la verdad».
Esa tranquilidad también se puso a prueba en Donington Park. Allí cruzó la meta en primera posición y llegó a celebrar el título antes de recibir una penalización que aplazó la resolución del campeonato. Un desenlace que la propia piloto define como «surrealista».
«No me esperaba nunca que pudiera pasar algo así», admite. Con el paso del tiempo, ha encontrado también una lectura positiva de lo sucedido: «Creo que hemos dado visibilidad y ganas de venir a Jerez». Sin embargo, reconoce que la decisión tuvo consecuencias en su manera de afrontar los meses posteriores.
«Un poquito de frustración después, pasado el fin de semana, decir: podía haberme tomado estos meses no de relax, porque siempre entreno, pero sí con la mente de ya está hecho», explica. Herrera considera que la acción no merecía la penalización, aunque deja claro que decidió aceptar la situación y continuar trabajando. «Fue así, lo acepté y seguí trabajando y ya está, o sea, no hubo más».
El reto de Holanda y el cara a cara con Beatriz Neila
Uno de los mayores desafíos de la temporada llegó en Holanda. Herrera compitió con una lesión en el hombro y dos dedos rotos en la mano, unas molestias que no impidieron que mantuviera su rendimiento en pista.
«Ese creo que ha sido el mayor reto, de que nadie se ha enterado de que estaba mal y aun así ganar. Y, sobre todo, mantener el nivel que llevaba», cuenta. La piloto también revela que tendrá que operarse al final de la temporada, una circunstancia que hasta ahora no había trascendido.
Pese a las dificultades, considera que esa experiencia ha sido una de las que más le han ayudado a crecer durante el campeonato. Su regularidad ha sido una de las claves de un año en el que ha sabido gestionar las carreras sin arriesgar más de lo necesario. «He sido muy constante, sobre todo en los podios, de no volverme loca en algunas carreras», explica.
La lucha deportiva también le ha obligado a mantenerse alerta frente a sus rivales, especialmente ante Beatriz Neila, con quien lleva dos temporadas peleando por el campeonato.
«Se aprende un montón de todos los rivales», señala Herrera. Aunque destaca la extrema igualdad mecánica: «Las motos estas nos igualan muchísimo porque no tienen ningún reglaje». Con un rebufo que mantiene al grupo compacto toda la carrera, la táctica es vital.

Lo que más admira de su oponente es su capacidad de crecimiento ante la dificultad: «He aprendido eso, que la verdad que en situaciones complicadas se crece y me gusta mucho, la admiro en esa parte». Una presión constante que la obliga a concentrarse al máximo: «A no dormirme, el siempre estar al 100% y pensar mucho en la estrategia, porque con este tipo de moto… te hace tener que pensar estrategias distintas»
De cara al futuro, la llegada de CFMOTO abre nuevas expectativas para la categoría. Herrera todavía no ha probado la nueva moto, pero considera que una mayor potencia y las posibles mejoras en la suspensión podrían favorecer su pilotaje.
«Todo lo que sea que corra un poquito más y que nos dejen, sobre todo la parte de suspensión, que sea un poco mejor, todo esto a mí me favorece», afirma. La piloto confía en que esos cambios permitan aprovechar mejor sus capacidades sobre una moto más competitiva.
Aprender a disfrutar más allá de los resultados
La experiencia acumulada también ha cambiado su relación con el campeonato y con los resultados. Herrera reconoce que al principio le costaba asumir el dorsal número uno, por el respeto que le imponía llevar el número reservado para la campeona.
«Yo tenía un poco de respeto al poner el número uno, como que no me lo merecía, pero sabía que me lo merecía», recuerda. Su idea era volver a luchar por el título antes de sentirse plenamente convencida de lucirlo. «Si ganaba el segundo año sí que estaría como más de acuerdo en ponerme el número uno. No por obligación, porque al final me decían póntelo. Yo no, no, es que no me sale. Este sí que a lo mejor sí que me sale más ponerme el número uno».
Pero uno de los aprendizajes que más destaca de este año no tiene que ver con los puntos, las victorias o los títulos. La piloto asegura que ha aprendido a disfrutar más del proceso y a valorar cada resultado, en lugar de darlo todo por hecho.
«Disfrutar más, disfrutar más del momento, de cada podio, de cada victoria sobre todo, no hacerlo todo, darlo todo como algo normal, sino que esto a lo mejor puede ser el último año y disfrutar el proceso», explica.
Herrera reconoce que antes estaba muy pendiente de entrenar y de mantener una alimentación perfecta. Ahora sigue dedicando tiempo al deporte, pero intenta hacerlo desde una perspectiva más relajada. «He aprendido a disfrutar más de mi familia y de los amigos», afirma.
Fuera de los circuitos, la pintura se ha convertido en una de sus principales vías de desconexión. Le gustan especialmente los paisajes y los cuadros abstractos, en los que puede expresar sentimientos sin pensar en la competición.
«Me encanta dibujar, me encanta pintar. Ahora estoy como haciendo más cuadros porque la gente siempre me ha pedido y siempre lo hacía como para mí, para casa», cuenta. También disfruta escuchando música, patinando y montando en bicicleta.
Un referente para las nuevas generaciones
Más allá de sus resultados, Herrera valora especialmente el vínculo que ha construido con las jóvenes que empiezan a competir y que encuentran en ella un ejemplo a seguir. Recuerda que, cuando llegó a la categoría, muchas de sus rivales se acercaban como admiradoras. Con el tiempo, la relación ha evolucionado hacia la rivalidad deportiva, aunque asegura que el respeto se ha mantenido.
«Creo que he sido como un poco la referente de todas, y es lo que me hizo mucha gracia el primer año, que todo el mundo venía como fan», explica. Ahora, las pilotos la reconocen como una rival, pero considera que haber ganado el campeonato no ha cambiado sustancialmente la percepción que tienen de ella.
Si pudiera hablar con la María Herrera que empezaba a competir, su mensaje no sería de victorias ni trofeos, sino de pura perseverancia. Recuerda con total sinceridad que hubo momentos oscuros en los que estuvo a punto de tirar la toalla:
«¿Qué le diría? Pues que menos mal que no te rendiste cuando lo veía muy negro, porque hay veces que piensas que no hay nada más que hacer, no tienes motivación ni de entrenar. Y en ese momento dices: bueno, pues ya está, ya se acaba y te dedicas a otra cosa», confiesa.
Ese mensaje a su ‘yo’ del pasado demuestra que aguantar cuando todo se complica es lo que acaba marcando la diferencia.

Por eso, para ella, uno de los mayores reconocimientos llega cuando una niña se acerca y le dice que quiere seguir sus pasos. «El no rendirse creo que vale la pena y, sobre todo, que te sientes super feliz cuando una niña pequeña viene y dice: “Quiero ser como tú”. Y es lo que interesa, ¿no? Que haya referentes y sigamos aquí al pie del cañón».
La familia, el mejor apoyo
Cuando termine la carrera de Jerez, Herrera tiene claro quiénes serán las primeras personas a las que buscará. Sus padres, sus hermanos y sus sobrinos estarán entre quienes la acompañen en un fin de semana que espera cerrar de la mejor manera posible.
«Abrazar a mi padre y a mi madre, a mis hermanos seguramente, y a mis sobrinos que estarán allí», responde al preguntarle qué será lo primero que quiere hacer al bajarse de la moto.
La piloto también aprovecha para reconocer el papel que ha tenido su entorno durante los momentos más complicados de su carrera. «Al final, darles las gracias porque siempre están en los momentos más difíciles, porque equipos van y vienen. Evidentemente, siempre agradecida a cada uno, pero la familia es la más importante para mí», asegura.
Después de la competición llegará una celebración diferente. El 24 de octubre, en su pueblo, organizará con sus amigos un dirt track dentro de una fiesta que ha bautizado como «el último baile del año». Un plan que quería llevar a cabo el año pasado, pero para el que no tuvo tiempo.
«Pase lo que pase, disfrutaremos ahí», afirma.
Con la última carrera todavía por delante, María afronta el cierre de temporada con una idea que va más allá del campeonato: valorar lo conseguido, aprender de las dificultades y disfrutar de las personas que han permanecido a su lado. Una forma de entender la competición que, en sus propias palabras, empieza por no rendirse cuando todo parece estar en contra.

