Los pisos de Muface han pasado de ser un patrimonio público prácticamente desconocido a situarse en el centro de la controversia política. Las dos exclusivas publicadas por Javier Chicote en Artículo14 han revelado el conflicto de un inquilino que podría perder su vivienda y la existencia de un plan para vender progresivamente los 204 inmuebles que pertenecen al Fondo Especial de la mutualidad.
Las informaciones han abierto numerosas preguntas. ¿Por qué Muface tiene viviendas en propiedad? ¿Quién puede vivir en ellas? ¿Cómo se establecen los alquileres? ¿Qué administración decide sobre los contratos y qué sucederá con los inquilinos si las propiedades terminan vendiéndose?
Detrás de estos pisos existe una estructura administrativa singular, heredada de antiguas mutualidades de funcionarios, que permite comprender su funcionamiento y el alcance de las decisiones adoptadas bajo el Ministerio de Óscar López.
¿Qué son los pisos de Muface y de dónde proceden?
La Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado, conocida como Muface, es un organismo público creado en 1975 para gestionar prestaciones sanitarias y sociales de los funcionarios civiles del Estado. Sin embargo, su patrimonio inmobiliario tiene raíces anteriores a su constitución.
Durante décadas, distintos colectivos de funcionarios estuvieron integrados en mutualidades profesionales que administraban sus propios recursos económicos. Algunas disponían de viviendas, locales comerciales y otras propiedades que proporcionaban ingresos para financiar prestaciones complementarias de sus asociados.
Con la integración de aquellas mutualidades, sus bienes pasaron a formar parte del denominado Fondo Especial de Muface. Se trata de un patrimonio que conserva una finalidad económica específica: financiar las prestaciones vinculadas a las antiguas entidades mutualistas.
Por tanto, los pisos de Muface no deben confundirse automáticamente con viviendas de protección oficial. Son propiedades públicas sometidas a un régimen patrimonial particular, aunque algunas permanezcan alquiladas como residencia habitual desde hace décadas.
La documentación oficial distingue entre el Fondo General, integrado por inmuebles destinados principalmente al funcionamiento administrativo, y el Fondo Especial, donde se encuentran las propiedades heredadas de las mutualidades desaparecidas.
Según el Plan Estratégico Muface Avanza2 2026-2028, este último patrimonio comprende 204 inmuebles. El inventario publicado en diciembre de 2025 enumera 203 bienes e identifica 86 viviendas. De ellas, 78 están situadas en Madrid, seis en Barcelona, una en Bilbao y otra en Jaén. El resto del patrimonio incluye locales, garajes y trasteros.
Esta concentración en Madrid explica parte de la relevancia inmobiliaria de Muface en la capital, aunque el inventario no permite determinar cuántas viviendas están actualmente alquiladas o desocupadas.
¿Quién gestiona las viviendas y cómo funcionan sus alquileres?

La propietaria de los inmuebles es Muface, un organismo autónomo adscrito al Ministerio para la Transformación Digital y de la Función Pública, que dirige Óscar López. La dependencia administrativa se articula a través de la Secretaría de Estado de Función Pública.
Esto significa que las viviendas pertenecen a la mutualidad, aunque sus principales decisiones patrimoniales estén sujetas a controles y autorizaciones de los órganos administrativos competentes. La Dirección General de Muface ejerce las funciones ejecutivas y de gestión del organismo.
También interviene Segipsa, la sociedad mercantil estatal especializada en gestión inmobiliaria y dependiente de Hacienda. La memoria de Muface de 2024 recoge un encargo para administrar las fincas del Fondo Especial y el nuevo plan contempla encomendarle su tasación y venta progresiva.
Respecto a los arrendamientos, el artículo 154 del Real Decreto 375/2003 establece que la cesión en alquiler de inmuebles de Muface debe concertarse, como regla general, mediante concurso público. También contempla excepcionalmente la contratación directa cuando lo autorice el órgano ministerial competente.
No obstante, esta regulación general no permite reconstruir cómo fueron adjudicados todos los pisos. Algunos contratos son anteriores a la normativa vigente y conservan condiciones determinadas por la legislación aplicable en el momento de su firma.
Tampoco existe una tarifa pública única que permita conocer el precio de los alquileres. La renta, las revisiones y las obligaciones de los inquilinos dependen de cada contrato. Ser mutualista no supone, por sí solo, disponer de un derecho automático a una de estas viviendas.
El caso del inquilino de Muface que ha salpicado a Óscar López

La primera exclusiva de Javier Chicote, publicada el 15 de octubre, situó este funcionamiento bajo el foco público. Según la documentación revelada por Artículo14, Muface mantiene un conflicto con el hijo de una arrendataria que había firmado su contrato en febrero de 1988.
La mujer falleció en junio de 2025 y su hijo solicitó continuar residiendo en el inmueble, situado en la madrileña calle Alcalde Sainz de Baranda, frente a la vivienda que ocupó Maricarmen, cuyo desahucio provocó una fuerte controversia política.
Muface reconoció la subrogación del hijo, pero fijó la extinción del contrato para febrero de 2026. El afectado recurrió la decisión alegando que el arrendamiento original contemplaba condiciones que permitían su continuidad.
El Ministerio desestimó su recurso en enero. La resolución fue firmada por el secretario general técnico del departamento por delegación ministerial, mientras que Óscar López negó haber pedido u ordenado personalmente un desahucio. Desde Función Pública defendieron que la actuación seguía el criterio de la Abogacía del Estado.
La controversia ilustra la complejidad de los contratos históricos de Muface: la subrogación de un familiar no garantiza necesariamente la prórroga indefinida del alquiler. Su duración depende de las cláusulas pactadas y del régimen legal correspondiente.
Por qué Muface quiere vender su patrimonio inmobiliario
La segunda exclusiva de Chicote, publicada este viernes 16 de octubre, revela el alcance del plan de venta recogido en la estrategia de Muface para 2026-2028.
El documento plantea la liquidación progresiva del patrimonio del Fondo Especial para financiar una transformación de sus pensiones complementarias. En noviembre de 2025, Muface abonaba 51.981 prestaciones de este tipo, con una cuantía media de 39 euros mensuales.
La mutualidad argumenta que administrar esas pensiones y mantener los inmuebles supone una elevada carga de trabajo. Su propuesta consiste en estudiar la conversión de las prestaciones periódicas en pagos únicos, un proceso que requiere modificaciones normativas y cálculos actuariales.
El calendario contempla estudiar, tasar y enajenar progresivamente las propiedades entre 2026 y 2028. Sin embargo, no establece el precio de venta de los 204 inmuebles ni identifica qué viviendas habitadas saldrán al mercado.
La venta tampoco es una iniciativa completamente nueva. El plan estratégico anterior ya contemplaba estudiar la liquidación del Fondo Especial. Además, Muface ha celebrado subastas inmobiliarias durante años, aunque Hacienda ordenó suspenderlas en 2024 por motivos relacionados con la política de vivienda asequible. En 2025 se celebró una nueva subasta de 12 lotes.
¿Qué ocurrirá con los inquilinos de Muface?

El futuro de las viviendas presenta una posibilidad adicional. El Real Decreto-ley 29/2026, aprobado en octubre, contempla que la entidad pública Casa 47 pueda gestionar inmuebles del Fondo Especial de Muface para destinarlos a vivienda asequible, sin que la mutualidad pierda necesariamente su titularidad.
Esta alternativa deberá concretarse administrativamente y su continuidad normativa depende de la convalidación parlamentaria del decreto. Tampoco hay una relación oficial de viviendas seleccionadas para esa finalidad.
En cualquier caso, la venta de una propiedad no supone automáticamente el desalojo de sus ocupantes. Los derechos de los inquilinos dependen de sus contratos y de la legislación arrendaticia aplicable, especialmente en los alquileres históricos anteriores a 1994.
La principal incógnita continúa siendo cuántas de las 86 viviendas de Muface están ocupadas, cuántos contratos podrían extinguirse y cuáles terminarán vendiéndose o incorporándose a programas públicos de alquiler.
Mientras esas cuestiones permanezcan sin resolver, el patrimonio inmobiliario de Muface seguirá planteando una doble cuestión: cómo financiar las prestaciones heredadas de las antiguas mutualidades y qué destino dar a unas viviendas que llevan décadas formando parte del patrimonio público.

