Pádel

De dejar el tenis con 18 años a comprarse una pala por Wallapop y convertirse en la número uno del pádel: la historia de Gemma Triay

La menorquina creció compitiendo en el tenis de alto nivel hasta que una lesión frenó su carrera. El pádel apareció después, casi por casualidad, cuando ya había asumido que su futuro iba por otro camino.

Gemma Triay, la deportista de pádel que ha sabido reconstruirse.

A los 18 años, Gemma Triay pensaba que su etapa en el deporte de alto nivel había terminado. Una lesión la apartó del tenis justo cuando intentaba dar el salto definitivo y durante un tiempo su vida pasó a parecerse más a la de cualquier estudiante en Barcelona que a la de una futura número uno mundial. El pádel llegó después, casi sin buscarlo.

Crecer compitiendo

Triay creció con una raqueta en la mano. En su casa, el tenis formaba parte de la rutina familiar y desde los tres años y medio o cuatro ya pasaba horas en pista. Muy pronto empezó a competir en Menorca y durante años apenas encontró oposición dentro de su categoría, algo que la llevó a salir constantemente de la isla para jugar torneos.

A los 14 años dejó su casa para instalarse en Palma y entrar en la Escuela Balear de l’Esport. Ahí el tenis dejó de ser un juego de fines de semana. Los entrenamientos aumentaron, llegaron los torneos nacionales y apareció una exigencia constante alrededor del rendimiento.

Con el tiempo, también apareció la ansiedad. La propia jugadora ha contado que durante la adolescencia llegó a vomitar antes de algunos partidos. No tenía que ver con un rival concreto ni con un mal momento deportivo, sino con la sensación permanente de que perder no era una opción.

Parar antes de tiempo

Mientras otras jugadoras de su generación seguían avanzando en el circuito, Triay empezó a quedarse atrás. Una lesión abdominal frenó su progresión en uno de los momentos más importantes y terminó de desgastarla mentalmente.

Con 18 años tomó una decisión que entonces parecía definitiva: dejar el tenis.

Se mudó a Barcelona para estudiar ADE en la Universitat de Barcelona y durante un tiempo se alejó completamente de la competición. Su idea era sencilla. Estudiar, hacer deporte de vez en cuando y recuperar cierta normalidad después de años viviendo alrededor del resultado.

El pádel apareció sin buscarlo

El pádel apareció durante su etapa universitaria en Barcelona. Una compañera le propuso apuntarse a un torneo estudiantil, y le dejó una pala para jugar. No ganaron aquel primer partido, pero la sensación fue distinta a la que había tenido durante años en el tenis. Volvió a disfrutar compitiendo.

Gemma Triay en la Hexagon Cup 2024
@hexagoncup_

En segundo de carrera, antes de irse de Erasmus, decidió comprarse una pala de segunda mano por Wallapop. Fue la primera que tuvo. En ese momento no pensaba en dedicarse profesionalmente al pádel ni en volver al alto nivel. Simplemente quería seguir jugando cuando pudiera.

A su regreso empezó a competir en interclubs en Cataluña y poco a poco volvió a entrar en dinámica de competición. En 2013 comenzó a disputar previas del circuito profesional y el proceso se aceleró rápidamente.

Primero llegaron sus partidos junto a jugadoras como Marta Ruiz o Paula Eyheraguibel; después, la consolidación definitiva junto a Lucía Sainz, con quien alcanzó el número uno en 2020. Más tarde llegaría la etapa junto a Alejandra Salazar y, actualmente, su nueva alianza con Delfina Brea.

Otra forma de competir

La carrera de Gemma Triay suele explicarse a través de títulos, rankings y años en la cima del pádel mundial, pero gran parte de su historia ocurrió antes de todo eso. Antes del número uno. Antes de las finales.

Gemma

Ocurrió en los años en los que el tenis ocupaba prácticamente toda su vida, en la presión de competir desde niña y en el desgaste que terminó provocándole una lesión justo cuando intentaba dar el salto definitivo. También en la decisión de parar, marcharse a Barcelona y asumir que, probablemente, el deporte profesional ya no iba a formar parte de su futuro.

Por eso, cuando el pádel apareció durante su etapa universitaria, la situación era distinta. Ya no existía la estructura del tenis de alto nivel ni la obligación constante de rendir. Primero llegaron los torneos universitarios, después los interclubs y más tarde el circuito profesional, pero todo empezó desde un lugar mucho menos planificado de lo que suele imaginarse alrededor de una número uno mundial.

Con el tiempo llegaron los títulos, las finales y los años dominando el circuito. Pero seguramente una parte importante de la carrera de Triay se entiende mejor mirando lo que ocurrió antes de todo eso: la pausa, la lesión y el momento en el que volvió a jugar sin pensar que estaba construyendo otra carrera deportiva.

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