
La soledad de la pista
En la pista no hay banquillo, ni compañeros entre los que camuflar los errores propios. Lo que sí hay en el tenis es silencio, lo que amplifica el ruido de la mente. La reciente imagen de Mirra Andreeva, de tan solo 19 años, dándose raquetazos sobre la pista, para después derrumbarse, rota en lágrimas, en la rueda de prensa tras caer en Wimbledon. La extrema exposición en redes sociales, quizá a aumentado la presión que asumen las tenistas españolas. Las lágrimas de la jovencísima Andreeva, no refleja un mal partido, sino el eco que resuena en su cabeza.
Your heart breaks for Mirra Andreeva who struggled to contain the emotions after her second-round defeat 💔
↳ Wimbledon. Every Match. Live & On Demand. Centre Court in 4K.#StanSportAU #Wimbledon pic.twitter.com/LNOOBtu1ox
— Stan Sport (@StanSportAU) July 2, 2026
El colapso de la jugadora no es un episodio aislado en el circuito de la WTA, sino el último momento viral de una sucesión de casos que evidencia la tremenda carga psicológica que soportan estas atletas. La frustración, ese rival invisible que se planta al otro lado de la red, no entiende de edad, palmarés ni experiencia. Cuando el límite mental se desborda, las vías de escape son tan impredecibles como humanas: a veces toman la forma de ira explosiva, otras de llanto desconsolado, y muchas veces se manifiestan como un grito de impotencia ante la injusticia o el error.
A lo largo de los últimos años, el mundo del tenis ha sido testigo de cómo esta tensión ahoga a las mejores raquetas del planeta. Lo vimos en el mediático y polémico estallido de Serena Williams en la final del US Open 2018, donde la frustración derivó en unas acaloradas protestas hacia el árbitro. Lo presenciamos también en la intimidad robada de Aryna Sabalenka (2023), quien tras aguantar el tipo en la pista, hizo añicos su raqueta a golpes en el vestuario, siendo la viva imagen de la rabia contenida.
Victoria Azarenka (2022) en Indian Wells sufrió un colapso emocional, demostrando que a veces la vida personal pesa tanto que es imposible dar un solo golpe más sin romper a llorar en medio de la pista. Y en 2018 la insólita reacción de Karolína Plíšková (2018) en Roma, canalizando la impotencia de un error arbitral a base de golpes contra la silla de la jueza.
Episodios distintos en su ejecución, pero idénticos en raíz.
La opinión de la experta
Para entender qué ocurre en la mente de una jugadora cuando el colapso es inminente, charlamos con la psicóloga deportiva Tamara Arroyo. Su diagnóstico de partida es claro: no estamos observando a deportistas débiles, sino a personas sometidas a niveles de presión extraordinarios.

El cerebro bajo amenaza: la ciencia del colapso
Cuando la presión en la pista se vuelve extrema, la parte racional del cerebro de la tenista no llega a desaparecer, pero sí queda desplazada temporalmente por una respuesta fisiológica de amenaza. La psicóloga deportiva Tamara Arroyo señala que, “ante la percepción de que un partido se escapa de control, el sistema nervioso activa una señal de alarma”. En esos instantes, la amígdala (estructura clave en la detección de amenazas) cobra gran protagonismo, restando eficacia a la corteza prefrontal, encargada de regular emociones y tomar decisiones. Esto provoca conductas aparentemente irracionales, fruto de un sistema emocional que, momentáneamente, ha superado la capacidad de autorregulación de la jugadora. Este desbordamiento se manifiesta en dos grandes respuestas clínicas. “Por un lado, la externalización, donde la deportista exterioriza la rabia mediante gritos o golpes al material, buscando recuperar el control o descargar la tensión. Por otro, la internalización, que deriva en un colapso emocional, indefensión y bloqueos paralizantes”, comenta la experta.
Para la psicología, la clave no es quedarse con la acción visible, sino entender qué función intenta cumplir el sistema emocional en ese preciso instante.
La soledad del tenis
“El circuito exige convivir con un sistema de puntuación que resulta muy cruel: una jugadora puede tener el control del partido y perderlo por una doble falta en un instante crítico”, explica Arroyo. A esta amenaza constante se suma el aislamiento, ya que en el tenis no existe un banquillo que rescate a la atleta ni compañeros de equipo que puedan compensar su error. Esta disciplina obliga a la deportista a recuperarse emocionalmente cada pocos segundos, convirtiendo la filosofía de ir ‘punto a punto’ en una habilidad real que debe entrenarse. La psicóloga afirma: “al igual que se practica un golpe de revés, la mente se entrena repitiendo rutinas de respiración, autodiálogo, y estableciendo dónde mirar o qué hacer inmediatamente después de fallar para poder volver al presente”.
¿Represión o liberación?
En el ámbito deportivo se ha normalizado el falso mito de que el deportista fuerte es aquel que no se altera nunca, pero Arroyo advierte que esto muchas veces es pura represión emocional. “Tragarse la frustración no es la solución adaptativa, pero tampoco lo es destruir una raqueta”, expresa Arroyo.
@zyn45974 Aryna Sabalenka breaks her tennis racket following loss to CoCo Gauff at the US Open. #Tennis #USOpen #ArynaSabalenka #Sabalenka #CoCo #CoCoGauff #Sports #SportsNews
La experta diferencia entre “liberar” tensión (un simple desahogo hacia el exterior) y “regular” la tensión, que implica recuperar el control interno para volver a ser eficaz. La verdadera fortaleza pasa por permitir que la emoción exista y canalizarla a través de rutinas específicas (como tocar la toalla o usar una frase de anclaje) sin causar daño al rendimiento.
Adolescentes en la élite
La irrupción de fenómenos muy jóvenes plantea un riesgo: el talento competitivo de una adolescente puede madurar de forma espectacular mucho antes de que se desarrolle la estructura emocional necesaria para sostener todo lo que rodea a la élite. Tamara Arroyo afirma: “el cerebro de estas jóvenes aún está consolidando áreas encargadas de la autorregulación, al mismo tiempo que construyen su identidad personal”.
Bajo estas condiciones, una derrota pública o una expectativa desmedida puede interpretarse no como un fallo deportivo, sino como un fracaso como persona. Además de la competición, son sometidas al juicio físico y transformadas en marcas. Por ello, el enfoque no debe recaer solo en si ellas están preparadas, sino en comprobar si su entorno y sus equipos están capacitados para protegerlas y garantizarles espacios donde puedan seguir siendo jóvenes.
Las redes sociales y el juicio digital
La presión en la actualidad ha crecido exponencialmente. El partido ya no termina en la cancha, sino que continúa en una conversación digital constante y, a menudo, agresiva que llega sin filtros al móvil de la jugadora. Azarenka se ha borró Instagram y Twitter después del partido. La frustración de la tenista va mucho más allá de la pista, se traslada a la vida personal de las tenistas, queda claro con una jugadora importante en el circuito. Problemas en la guerra de su país y problemas personales. “Eliminar las redes sociales, por tanto, no debe leerse como un signo de debilidad, sino como una inteligente estrategia de autocuidado y para fijar límites frente a la exposición masiva”, afirma Arroyo.
Las deportistas de alto nivel actuales no son personas de hierro, sino humanas que deben sobre llevar la presión diaria que deriva de calendarios densos, patrocinadores y la construcción de una identidad pública. El verdadero triunfo, que concluye el análisis clínico, será dejar de tratar la salud mental únicamente cuando una crisis se hace viral, para exponerla como ejemplo en la cultura del alto rendimiento. La salud mental no debe ponerse en el foco público cuando hay un caso viral, esto se entrena como un drive o un revés, quizá incluso es mucho más importante entrenar la salud mental y la gestión del error y la frustración, que entrenar para tener el mejor saque del circuito.

