Guerra abierta contra Infantino. La vicepresidenta de la UEFA, Laura McAllister, y Lise Klaveness, la única otra mujer en el comité ejecutivo de la UEFA y presidenta de la federación noruega de fútbol, han mostrado su enfado contra el presidente de la FIFA.
El motivo del enfado
El fútbol femenino apenas mereció una mención solitaria en las 25 páginas del dosier con el que la FIFA planteó la venta de los derechos del Mundial. Sin embargo, el proyecto de Gianni Infantino falló, fueron precisamente mujeres quienes fueron decisivas para tumbarlo.
En la reunión de urgencia que la UEFA convocó a toda prisa tras conocerse el plan, McAllister pidió un boicot total a las competiciones de la FIFA, propuesta que el organismo europeo terminó respaldando. “Se sintió como un grupo de federaciones unidas en el deseo de frenar lo que habría sido una intervención apocalíptica en nuestro deporte. Hubo un sentimiento real de unidad y de propósito, y la necesidad de plantar la postura más firme posible frente a una propuesta que realmente amenaza los principios y la ética de nuestro juego“, ha explicado la vicepresidenta de la UEFA.
Klaveness, por su parte, tampoco se quedó callada en aquella reunión de emergencia. Esta no fue la primera vez que planta cara a Infantino y a la FIFA. En su momento criticó el Mundial de Catar por la actitud del país anfitrión hacia los derechos de los trabajadores y del colectivo LGBTQ+, cuestionó el proceso de adjudicación que llevó a Arabia Saudí a organizar el Mundial de 2034, pidió la abolición del Premio de la Paz de la FIFA que Infantino entregó a Donald Trump, presionó para que Israel fuera suspendida de la competición internacional y denunció la injerencia política que llevó a la anulación de la tarjeta roja a Folarin Balogun. Noruega, de hecho, fue la primera federación en pedir la dimisión de Infantino.

“Ha sido una crisis profunda desde que se planteó este proyecto. Ahora se ha retirado, que era el objetivo número uno, pero la confianza ha recibido un golpe muy serio”, cuenta Klaveness a Telegraph Sport. “El actual liderazgo de la FIFA fue elegido sobre la base de una reforma de gobernanza, por eso salió elegido Infantino. Esas reformas o bien se implementaron y luego se revirtieron, o directamente no se implementaron, y eso ha sido una gran preocupación para nosotros. De repente nos vemos arrojados al caos y entonces reaccionamos”.
A ellas se suma Debbie Hewitt, presidenta de la Federación Inglesa de Fútbol, con un perfil menos público pero que ha trabajado incansablemente entre bastidores para unir a las federaciones frente a Infantino.
La ausencia de mujeres en puestos de poder
Las tres han sido decisivas en la revuelta contra Infantino, pero son la excepción cuando se trata de puestos de decisión. De las 37 plazas del consejo de la FIFA, solo ocho están ocupadas por mujeres.
“Lo que refleja esta situación, de forma más general, es la ausencia de mujeres en la gobernanza del fútbol”, dice McAllister. “Si te fijas en el comité ejecutivo de la UEFA, Lise y yo somos ambas exjugadoras, no hay nada que no sepamos sobre la estrategia del juego, femenino y masculino. Pero no debería recaer solo en nosotras el estar constantemente alertando sobre las amenazas al fútbol femenino, o el ser las guardianas de la ética del juego. Necesitamos diversificar la gobernanza en todas las confederaciones, porque si no corremos el riesgo de perdernos decisiones realmente importantes”.
McAllister fue elegida para el comité ejecutivo de la UEFA en 2023, ocupando entonces la única plaza designada para una mujer, hasta que en 2024 se creó una segunda plaza que ocupó Klaveness un año después. “Es un problema enorme y también algo muy difícil de cambiar“, señala la noruega. “El fútbol femenino es el deporte femenino más grande de Europa; esa es también una razón por la que debería haber mujeres en estos puestos. No es solo una cuestión de representación, también es una cuestión de competencia”.
La generación que viene
McAllister insiste en la necesidad de animar a las futbolistas a orientar su carrera hacia la gobernanza al retirarse. “He hablado con Lucy Bronze varias veces sobre esto, y con jugadoras como Hayley Ladd o la capitana italiana Elena Linari. Una idea es reunir a grupos pequeños de jugadoras cercanas a la retirada y organizar masterclasses sobre lo que se necesita para dar el paso a un consejo directivo. Las futbolistas son mucho más fuertes que los futbolistas en cuanto a conciencia política, porque han tenido que luchar por muchas cosas a lo largo de su carrera. Pero es un mundo brutal a ese nivel: hay más política en el fútbol que en la política de verdad”.
Klaveness, que cursó un máster en Derecho mientras aún jugaba, trabajó como jueza suplente en Oslo y fue la primera mujer noruega en comentar partidos de fútbol masculino, coincide: “Deberíamos darles a las jugadoras tiempo para hacer esa transición y presentárselo antes, porque suelen tomar decisiones pronto, ya que ganan menos dinero jugando. Tenemos que convertirlo en una tendencia, en una cultura, en algo popular, porque si aman el fútbol, les gustará”.
McAllister, Klaveness y Hewitt han demostrado el papel crucial que pueden desempeñar las mujeres en puestos de decisión. Ahora, esperan, la próxima generación podrá seguir sus pasos.

