A partir de este miércoles 12, restaurantes, supermercados y hoteles deberán cambiar sus envases con el nuevo reglamento de la UE

La UE activa su nuevo reglamento de envases, con cambios graduales hasta 2030 en supermercados, hoteles, hostelería y comercio electrónico

Azúcar en monodosis - Sociedad
Una persona se echa azúcar en el café.
EFE

Europa empieza este miércoles 12 de agosto una transformación que terminará modificando algunos de los gestos más cotidianos de los consumidores. La nueva normativa de envases de la Unión Europea comienza a aplicarse de manera general en los 27 Estados miembros con un objetivo: reducir residuos, eliminar embalajes innecesarios y convertir la reutilización en una alternativa habitual al usar y tirar.

Los cambios no llegarán todos de golpe. Las pequeñas botellas de champú de los hoteles, determinadas monodosis de los restaurantes y algunos envases de plástico para frutas y verduras no desaparecerán hasta 2030. Antes habrá nuevas obligaciones para fabricantes, comercios y establecimientos de hostelería.

El Reglamento europeo de envases y residuos de envases sustituye el modelo anterior por unas reglas directamente aplicables en toda la UE. La transformación irá desplegándose durante los próximos años hasta hacerse especialmente visible al final de esta década.

La nueva normativa empieza este miércoles, pero los cambios serán graduales

La normativa de envases entró formalmente en vigor en febrero de 2025, aunque su fecha general de aplicación es el 12 de agosto de 2026. Desde ahora comienzan a desplegarse obligaciones sobre composición, sustancias químicas, información y responsabilidad de productores.

Uno de los primeros cambios afecta a los envases destinados a entrar en contacto con alimentos. A partir de este miércoles estarán sujetos a límites específicos para los PFAS, conocidos popularmente como “químicos eternos” por su enorme persistencia en el medio ambiente.

El nuevo etiquetado europeo, sin embargo, tardará más en llegar. La UE está desarrollando un sistema armonizado de pictogramas que permitirá saber de qué materiales está formado cada envase y facilitará su separación.

Las nuevas etiquetas serán obligatorias, como pronto, desde agosto de 2028. Los recipientes destinados a recoger residuos tendrán después identificaciones equivalentes para que el consumidor pueda relacionar cada material con su contenedor.

Restaurantes tendrán que aceptar el recipiente del cliente

Uno de los primeros cambios visibles llegará en febrero de 2027. Restaurantes, cafeterías y otros establecimientos que vendan bebidas o comida preparada para llevar tendrán que permitir que el consumidor aporte su propio recipiente.

El establecimiento no podrá cobrarle más ni ofrecerle peores condiciones por renunciar al envase desechable. Además, deberá informar claramente sobre esta posibilidad.

Un año más tarde llegará otro paso. Desde febrero de 2028, la hostelería deberá ofrecer también una alternativa de envase reutilizable integrada en un sistema de reutilización, aunque las microempresas estarán exentas de esta segunda obligación.

La intención es convertir el recipiente reutilizable en una opción normal para el café, la comida preparada y otros productos que actualmente generan millones de envases desechables.

2030 traerá las prohibiciones que notará el consumidor

El gran punto de inflexión de la normativa de envases llegará el 1 de enero de 2030. Desde ese momento quedarán restringidos numerosos formatos de plástico de un solo uso.

Los supermercados no podrán vender frutas y verduras frescas sin procesar en paquetes de plástico inferiores a 1,5 kilos, aunque se contemplan excepciones cuando sean necesarias para evitar deterioro, pérdida de agua, riesgos microbiológicos o daños físicos.

También desaparecerán determinados plásticos utilizados exclusivamente para agrupar varias unidades de productos, como algunos envoltorios que reúnen botellas o latas.

Las bolsas de plástico ultraligeras, de menos de 15 micras, quedarán igualmente restringidas, salvo cuando resulten necesarias por higiene o sirvan para proteger alimentos a granel y evitar desperdicios.

Adiós a determinadas monodosis en bares y restaurantes

La hostelería afrontará otra transformación importante. Desde 2030 no podrán utilizarse dentro del establecimiento determinadas porciones individuales de plástico para condimentos, salsas, azúcar, conservas, crema para café o productos similares.

La prohibición no será absoluta. Las monodosis podrán mantenerse cuando acompañen alimentos preparados para llevar o cuando existan necesidades especiales de higiene, como ocurre en hospitales, clínicas o residencias.

La idea es eliminar millones de pequeños envases utilizados durante unos pocos minutos y convertidos inmediatamente en residuos.

El cambio obligará a recuperar dispensadores, recipientes colectivos y otros sistemas capaces de cumplir simultáneamente las exigencias sanitarias y los objetivos medioambientales.

Los pequeños botes de champú desaparecerán de los hoteles

Uno de los efectos más reconocibles llegará a las habitaciones de los hoteles. La normativa de envases restringirá desde 2030 los pequeños recipientes de un solo uso destinados individualmente a cada huésped.

La norma incluye botellas de champú, lociones corporales y determinados envoltorios de jabón pensados para utilizarse durante una única estancia y desecharse antes de la llegada del siguiente cliente.

Los establecimientos tendrán que recurrir a alternativas como dispensadores recargables o formatos reutilizables. La clásica colección de pequeños productos de cortesía irá desapareciendo del paisaje hotelero europeo.

Las enormes cajas de las compras por Internet también tienen los días contados

La UE quiere actuar además contra los paquetes desproporcionadamente grandes. Desde 2030, los envases agrupados, de transporte y utilizados en comercio electrónico tendrán limitado al 50% el espacio vacío, una vez aplicada la metodología europea correspondiente.

Los materiales de relleno, como plástico de burbujas, almohadillas de aire, espuma o papel troceado, contarán como espacio vacío a efectos del cálculo.

También aumentarán progresivamente los requisitos de contenido reciclado y reutilización. Para 2030, numerosos envases de plástico tendrán que incorporar porcentajes mínimos de material reciclado, diferentes según su utilización y composición.

Botellas y latas tendrán que alcanzar un 90% de recogida

La transformación llegará antes a otro elemento habitual. Desde 2029, los Estados miembros deberán garantizar una recogida separada de al menos el 90% de las botellas de plástico de un solo uso y los recipientes metálicos para bebidas de hasta tres litros.

Como regla general, esto exigirá sistemas de depósito y devolución en los que el consumidor pagará una pequeña cantidad adicional al comprar la bebida y podrá recuperarla cuando devuelva el envase, aunque la normativa contempla excepciones para países que ya consigan tasas de recogida suficientemente elevadas mediante otros sistemas.

La nueva normativa de envases no supone así que todo cambie el 12 de agosto de 2026. Este miércoles comienza el calendario que conducirá hacia una transformación mucho más profunda.

Dentro de cuatro años, comprar fruta envuelta en plástico, encontrar pequeños botes de champú en una habitación de hotel o abrir una gigantesca caja para sacar un producto diminuto será bastante menos habitual en Europa. El objetivo de Bruselas es sencillo de formular, aunque complejo de ejecutar: que el mejor residuo de envase sea, cada vez más, aquel que nunca llegó a producirse.

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