El precio del aceite de oliva continúa cayendo en origen y el sector agrícola empieza a mirar con preocupación una situación que podría tener consecuencias tanto para productores como para consumidores. Aunque la producción española de la campaña 2025/2026 ha sido ligeramente inferior a la del año pasado, el mercado vive un momento de frenazo comercial y exceso de oferta que está empujando los precios hacia abajo.
Según los últimos movimientos del mercado mayorista, el aceite de oliva virgen extra ronda ya los cuatro euros por kilo en origen, una cifra muy inferior a la registrada hace apenas unos meses y que confirma una tendencia descendente continuada.
La situación genera inquietud especialmente entre los olivareros, que denuncian que los costes de producción siguen siendo elevados mientras el valor del producto cae rápidamente. El encarecimiento de fertilizantes, energía, combustible agrícola o mano de obra ha reducido notablemente los márgenes de rentabilidad en muchas explotaciones.
¿Por qué está bajando el precio del aceite?
El principal motivo que señalan desde el sector es el frenazo de las compras en origen. Las operaciones comerciales se han ralentizado en las últimas semanas y eso ha provocado una sensación de “atasco” en el mercado.
La explicación, según productores y organizaciones agrarias, está en el desequilibrio entre la gran cantidad de aceite disponible y el reducido número de operadores que concentran las compras y el envasado.
A ello se suma un contexto internacional con más oferta procedente de otros países productores del Mediterráneo. Túnez, por ejemplo, ha registrado una cosecha especialmente elevada esta campaña, lo que incrementa la competencia y permite a muchas empresas abastecerse fuera de España.
Además, el verano suele ser una época de menor movimiento exportador, algo que también influye en la ralentización de las ventas.
¿Cómo afectará esta bajada al consumidor?
La gran pregunta es si esta caída acabará trasladándose de forma clara al supermercado. Y todo apunta a que sí, aunque probablemente no de manera inmediata ni tan pronunciada como esperan muchos consumidores.
En los últimos años, el aceite de oliva se convirtió en uno de los productos más castigados por la inflación alimentaria. En algunos momentos, el litro de virgen extra superó ampliamente los diez euros en determinados establecimientos, alterando incluso los hábitos de compra de muchas familias.
Ahora, el descenso en origen podría aliviar parcialmente esa situación durante los próximos meses.
El aceite podría abaratarse este verano
Si la tendencia se mantiene, los expertos prevén que el consumidor empiece a notar precios más bajos en lineales y promociones más agresivas en supermercados de cara al verano.
Las cadenas de distribución podrían utilizar el aceite de oliva como producto reclamo para atraer clientes, especialmente en plena temporada turística y de alto consumo.
Sin embargo, desde el sector agrícola recuerdan que existe una diferencia importante entre el precio en origen y el precio final que paga el consumidor. Factores como el envasado, el transporte, la distribución o los márgenes comerciales también influyen en el coste final.
Por eso, aunque el precio baje, no necesariamente volverá a los niveles previos a la crisis de los últimos años.
El temor de los agricultores: vender por debajo de costes
La otra cara de esta bajada afecta directamente al campo. Muchas explotaciones temen que el desplome de precios termine dejando márgenes mínimos o incluso pérdidas.
Los agricultores denuncian que la situación actual no refleja realmente los costes reales de producción y alertan de que muchos olivares tradicionales podrían verse especialmente perjudicados.
El olivar de montaña o de menor mecanización es uno de los más vulnerables, ya que sus costes son mucho más altos que los de las grandes explotaciones intensivas.
En algunas zonas productoras comienza además a extenderse la preocupación por posibles movimientos especulativos dentro del mercado, especialmente en momentos de menor actividad comercial.
Un mercado marcado por la incertidumbre
El aceite de oliva atraviesa así una nueva fase de enorme volatilidad después de varios años de precios históricos por la sequía y la escasez de cosechas.
Ahora el escenario parece haberse invertido: hay más disponibilidad de producto, las compras avanzan lentamente y el mercado empieza a tensionarse a la baja.
Mientras tanto, el consumidor observa expectante. Después de años pagando cifras récord por uno de los productos estrella de la dieta mediterránea, muchos esperan que esta caída en origen se traduzca finalmente en una factura más ligera al pasar por caja.

