Visionarias

Lila Ibrahim, la ingeniera que prepara al mundo para la próxima era de la inteligencia artificial

La directora de operaciones de Google DeepMind sostiene que "no vamos a tener nunca tanto tiempo para prepararnos como ahora"

Lila Ibrahim.
Lila Ibrahim.
KiloyCuarto

Lila Ibrahim se enamoró de la ingeniería cuando era una adolescente. Con esa formación fue puliendo su pasión por los algoritmos y la inteligencia artificial. Con ocho años de experiencia como directora de operaciones de Google DeepMind, el laboratorio de investigación en IA de Google, Ibrahim reconoce la revolución tecnológica en la que estamos sumergidos. “El miedo no soluciona los problemas” dice esta mujer enamorada de los números . “Me hice ingeniera eléctrica porque pensaba que era una combinación de matemáticas, arte y ciencia. Lo que he disfrutado de mi carrera como ingeniera es la capacidad de reunir todo eso y aportar una visión única a todo lo que hago”.

Su maridaje de disciplinas le sirve para una tarea que va mucho más allá de gestionar una organización dedicada a la investigación. Desde enero, Ibrahim trabaja en preparar a la sociedad para una inteligencia artificial que avanza más deprisa que la capacidad de muchos gobiernos e instituciones para comprender sus consecuencias. Su trabajo consiste en mirar hacia delante, anticipar qué podría llegar a hacer la tecnología, estudiar sus posibles implicaciones y contribuir a que existan mecanismos para responder cuando esas posibilidades se conviertan en realidad. “No vamos a tener nunca tanto tiempo para prepararnos como ahora, dada la velocidad a la que se desarrolla la tecnología” ha dicho ante la pregunta del momento de ¿cómo nos aseguramos de no estar auto destruyéndonos con la IA?

Ibrahim conoce bien el vértigo que acompaña a las revoluciones tecnológicas. Antes de llegar a Google DeepMind pasó por Intel, Kleiner Perkins y Coursera. Su trayectoria responde a la imagen convencional del científico encerrado frente a una pantalla. Pero también es una profesional acostumbrada a moverse entre la investigación y los negocios tomando decisiones que determinan cómo una tecnología llega finalmente a la sociedad. “Ser ingeniera me ha enseñado a preguntar qué, por qué y qué intentamos conseguir”, explica. La clave, según ella, está en comprender primero el problema antes de apresurarse a fabricar soluciones. En el mundo de la inteligencia artificial, donde la velocidad se ha convertido en uno de los grandes argumentos de la industria, esa pausa resulta casi contracultural.

La propia Google DeepMind reconoce que la expansión de la IA se está produciendo a un ritmo peligroso. Koray Kavukcuoglu, director de tecnología del laboratorio, ha advertido de que la adopción de estas herramientas y su incorporación a productos destinados a los usuarios están creciendo de manera exponencial. “Es muy rápido. A veces, quizá demasiado rápido”, señaló en el podcast AI That Means Business, producido por Custom Content de The Wall Street Journal.

Para Ibrahim, ahí reside el problema. Una tecnología que se incorpora a cada vez más ámbitos de la vida no puede dejar las preguntas abiertas sobre seguridad, responsabilidad y confianza sin resolver. Su nueva función está relacionada con preparar a los investigadores, científicos, economistas, organizaciones y organismos gubernamentales dedicados a la seguridad de la IA y estudiar juntos escenarios futuros y establecer respuestas antes de que sea demasiado tarde.

Ibrahim cree incluso que llegará un momento en que las compañías de inteligencia artificial tendrán una figura específica dedicada a esa tarea. “Es necesario un responsable de preparación ante la IA que tenga que moverse entre las oportunidades que ofrece la tecnología y los riesgos que plantea. La responsabilidad y la seguridad no pueden ser algo que se piense después”, sostiene. Su preocupación nace únicamente de una reflexión teórica. “He visto a lo largo de mi carrera qué ocurre cuando hacemos bien la tecnología y qué ocurre cuando no lo hacemos”, afirma. La inteligencia artificial, en su opinión, exige dar pasos adicionales para reducir los riesgos porque una vez perdida la batalla con la IA resultará difícil recuperarse.

Hija de inmigrantes

Ibrahim creció como hija de inmigrantes y el inglés fue su segunda lengua. Durante su infancia y juventud se sintió en muchas ocasiones “una forastera”, primero en el Medio Oeste estadounidense, después durante un intercambio en Japón y finalmente en la Universidad Purdue, en Indiana, donde estudió ingeniería eléctrica. Allí, recuerda, había muy pocas mujeres. “De hecho, se podían contar con un par de dedos en aquella época”.
Aprender a desenvolverse en espacios donde no encajaba terminó convirtiéndose en parte de su formación. A comienzos de sus veinte años ya estaba acostumbrada, cuenta, a introducir una perspectiva diferente en las conversaciones. Aquella sensación de estar fuera de la mayoría comunal la impulsa ahora a incorporar diversidad a la industria tecnológica. “Las decisiones importantes necesitan la voz de personas de distintos espacios”.

La influencia familiar también está en el origen de su vocación. Su padre, libanés y huérfano desde los cinco años, se convirtió en ingeniero eléctrico. Ibrahim recuerda verlo trabajar en casa con dibujos que después se transformaban en microchips destinados a dispositivos médicos, entre ellos marcapasos. La niña que observaba aquellos planos comprendió que la ingeniería podía convertirse en algo mucho más concreto que una disciplina académica y cambiar la vida de las personas.

Ese recuerdo alimenta su responsabilidad y quiere trasladarlo a las nuevas generaciones quienes diseñan las tecnologías del futuro. “Espero que mis hijas y su generación amplíen los límites de lo que significa ser ingeniero o científico, mucho más allá de lo que mi generación pudo conseguir”, ha dicho.

Su concepto de diversidad también es más amplio que el género. “Siento que ahora es mi responsabilidad, en este puesto y en este momento de la historia, asegurarme de que no solo incorporamos a mujeres”, afirma. Habla de diversidad geográfica y étnica, además de la de género. “Para que una tecnología tenga un impacto positivo en la sociedad”, explica,” las voces que representan a esa sociedad tienen que estar presentes desde el principio”.

Los modelos que están transformando industrias, empleos y productos no se desarrollan en el vacío. Google DeepMind reúne científicos, ingenieros y especialistas en ética y ha participado en algunos de los avances que han definido la IA contemporánea, entre ellos la arquitectura Transformer, uno de los fundamentos técnicos de la actual inteligencia artificial generativa.

Su recorrido, de la ingeniería eléctrica a la dirección de operaciones de uno de los laboratorios de IA más influyentes del mundo y ahora a la preparación ante sus próximos avances, tiene algo de inesperado. Pero Ibrahim encuentra precisamente ahí la lógica de su carrera. “Sentía casi una llamada moral el hecho de estar en este puesto. Mi trayectoria es tan extraña como sinuosa pero tiene sentido”.

El desafío que Ibrahim plantea no es frenar la transformación en la que Google se encuentra. Ella busca cómo anticipar sus consecuencias mientras la tecnología todavía está en construcción. Cómo hacer que las comunidades formen parte de las decisiones y no se limiten a recibir sus resultados. Ibrahim elige mirar al futuro preguntándose lo que la IA será capaz de hacer en un mundo obligado a convivir con ella.

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