La imagen de Madrid como una región dominada por el asfalto, los edificios y las grandes infraestructuras oculta una realidad que reaparece cada verano. Más de la mitad de su territorio tiene carácter forestal y amplias zonas de la sierra están cubiertas por pinares, encinares, matorrales y dehesas expuestas al fuego. La emergencia desatada en julio de 2026 ha vuelto a demostrarlo con una magnitud desconocida hasta ahora.
Los incendios declarados en el suroeste de la Comunidad de Madrid terminaron uniéndose en un único frente de enorme complejidad. Las primeras estimaciones situaron la superficie afectada por encima de las 6.000 hectáreas, mientras las autoridades ordenaban nuevos desalojos en Navas del Rey, Chapinería y Colmenar del Arroyo. La emergencia alcanzó así una dimensión superior a cualquier otro episodio registrado anteriormente en la región.
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, lo describió como «el peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid». Aunque la cifra definitiva deberá esperar a que el fuego quede extinguido y pueda medirse con precisión todo su perímetro, la superficie provisional ya permite situarlo en cabeza de los peores incendios de la historia de Madrid.
La Sierra Oeste supera todos los registros anteriores

El gran incendio de julio de 2026 no nació como un solo fuego. La simultaneidad de varios focos en el oeste y suroeste de la región obligó a desplegar recursos en distintos puntos, hasta que el avance de las llamas terminó convirtiéndolos en un único frente. El viento, las temperaturas extremas y la sequedad acumulada favorecieron una propagación especialmente rápida.
El incendio afectó al entorno de municipios como Villa del Prado, Aldea del Fresno, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa, Navas del Rey, Chapinería y Colmenar del Arroyo. El fuego dejó de ser únicamente una amenaza forestal para convertirse en una emergencia directa para miles de vecinos, obligados a abandonar sus viviendas ante el riesgo de que las llamas, el humo o las pavesas alcanzaran los núcleos habitados.
Las aproximadamente 6.000 hectáreas contabilizadas durante las primeras jornadas casi triplican el registro del incendio que hasta ahora encabezaba las estadísticas madrileñas. La cifra, además, no era definitiva porque el frente permanecía activo cuando fue comunicada. Su magnitud rompe, por tanto, cualquier referencia reciente y cambia la escala con la que Madrid deberá recordar sus grandes catástrofes forestales.
Cenicientos y Cadalso, el incendio que marcó 2019
Hasta julio de 2026, el fuego de Cenicientos y Cadalso de los Vidrios había sido considerado el mayor gran incendio forestal de la historia reciente de la Comunidad de Madrid. Comenzó el 28 de junio de 2019 en Almorox, dentro de la provincia de Toledo, y cruzó después el límite autonómico hasta alcanzar los términos madrileños de Cenicientos, Cadalso de los Vidrios y Las Rozas de Puerto Real.
La Comunidad de Madrid calculó que el fuego afectó a 2.232 hectáreas dentro de la región, mientras que el Ministerio para la Transición Ecológica empleó posteriormente una superficie de 2.186 hectáreas para delimitar sus actuaciones de restauración. La pequeña diferencia responde a los distintos criterios técnicos y perímetros utilizados, pero ambas cifras reflejan la extraordinaria gravedad del episodio.
De la superficie recogida por el MITECO, 1.712 hectáreas correspondían a terrenos forestales de gran valor ecológico. Ardieron pinares, alisedas, castañares, pastos naturales y hábitats mediterráneos cuya recuperación necesitaría años. El fuego representó más del 70% de toda la superficie forestal quemada en Madrid durante 2019.
Robledo de Chavela, un territorio golpeado dos veces
Robledo de Chavela aparece en dos de los capítulos más graves de esta cronología. El primero comenzó el 27 de agosto de 2012 y se extendió también por Valdemaqueda y Santa María de la Alameda. Las estimaciones iniciales hablaron de unas 1.200 hectáreas, aunque balances posteriores elevaron el perímetro afectado hasta alrededor de 1.500.
El incendio obligó a desalojar a unas 2.000 personas de varias urbanizaciones y residencias. Las llamas alcanzaron ambos lados de la carretera que conecta Valdemaqueda con Robledo y avanzaron entre zonas de bosque, matorral y áreas próximas a viviendas. La aparición prácticamente simultánea de varios focos hizo sospechar desde el principio que podía tratarse de un incendio intencionado.
Ocho años después, en agosto de 2020, Robledo de Chavela volvió a sufrir otro gran fuego. La memoria de la Agencia de Seguridad y Emergencias Madrid 112 contabilizó 1.073 hectáreas forestales quemadas. Las investigaciones concluyeron que el origen había sido accidental, pero la superficie perdida volvió a situar al municipio entre los lugares más castigados por los incendios de la región.
Canencia y Bustarviejo, el gran precedente de 1990
Mucho antes de los fuegos de Cenicientos o Robledo de Chavela, los municipios de Canencia y Bustarviejo protagonizaron uno de los incendios más graves que conservan las hemerotecas madrileñas. En agosto de 1990, dos focos separados por varios kilómetros quemaron alrededor de 1.000 hectáreas de monte bajo y matorral.
La aparición de esos focos alimentó las sospechas de que el incendio podía haber sido provocado. Aquel verano resultó especialmente destructivo: al terminar agosto, la superficie quemada en el conjunto de la región superaba las 2.000 hectáreas, casi seis veces más que durante el mismo periodo del año anterior.
El incendio de Canencia y Bustarviejo permaneció durante años como una de las referencias utilizadas para medir las grandes emergencias forestales madrileñas. Su dimensión parecía excepcional en una comunidad de extensión relativamente reducida, aunque los episodios posteriores acabarían superándola.
Lozoyuela entra en la lista en julio de 2026
La gravedad de la temporada de 2026 ya había quedado patente antes de la emergencia de la Sierra Oeste. El incendio de Lozoyuela-Navas-Sieteiglesias, declarado días antes, quemó 865 hectáreas y obligó a confinar a unas 2.000 personas, evacuar a alrededor de un centenar y cortar varias carreteras.
Cuando el fuego quedó controlado, la Delegación del Gobierno en Madrid lo situó entre los mayores incendios sufridos por la comunidad. Sin embargo, apenas una semana después, la unión de los frentes del suroeste multiplicó varias veces aquella superficie y convirtió la emergencia de Lozoyuela en el antecedente inmediato de una crisis todavía mayor.
También figura entre los grandes fuegos madrileños el incendio de Navas del Rey de junio de 2003. Declarado cerca del pantano de San Juan, arrasó más de 840 hectáreas de monte y afectó a un espacio de considerable valor ecológico. La zona volvería a quedar amenazada más de dos décadas después por el gran frente de 2026.

