Moda

De María Antonieta a Dalí: tres citas que llevan la moda más allá de la pasarela

Mientras Milán acaba de celebrar Vogue World y recupera la relación de Salvador Dalí con la indumentaria, Versalles conmemora los veinte años de María Antonieta, de Sofia Coppola: tres citas que reivindican la moda como espectáculo, memoria y creación artística

De María Antonieta a Dalí: tres citas que han marcado la semana de la moda.
De María Antonieta a Dalí: tres citas que llevan la moda más allá de la pasarela
Montaje: kiloycuarto

Las semanas de la moda suelen medirse por la naturaleza efímera de las tendencias de cada temporada: los dobladillos que suben o bajan, las paletas cromáticas que cambian y los directores creativos que debutan en la pasarela. Esta semana, sin embargo, tres citas entre Milán y Versalles han desplazado la conversación más allá de la pasarela. En ellas, la indumentaria aparece menos como un producto destinado a desaparecer con la temporada que como un punto de encuentro entre historia, cine, arte y cultura visual. Vogue World ocupó la Galleria Vittorio Emanuele II, Versalles vuelve sobre el universo de María Antonieta y el Palazzo Reale recupera la relación de Salvador Dalí con la moda.

Vogue World convierte Milán en escenario

La quinta edición de Vogue World transformó la histórica Galleria Vittorio Emanuele II en un gran escenario dedicado a la creatividad italiana. Ubicado bajo la célebre cúpula de cristal situada entre La Scala y el Duomo, el montaje concibió la moda como un relato cultural dinámico más que como un desfile tradicional. Con Judith Clark como comisaria y Juan Costa Paz como director creativo, la producción se articuló en cinco actos en torno a la artesanía y el “toque humano” en la era de la tecnología, rindiendo homenaje al Made in Italy en un momento marcado por la inteligencia artificial y los entornos digitales.

El espectáculo comenzó con un homenaje al trabajo manual: un trío de artesanos abrió el recorrido portando una maqueta del Duomo, una esfera celeste hecha a mano con las 88 constelaciones y una pieza a medio camino entre el telón y el telar, ideada por Judith Clark. A este grupo le siguieron 18 artesanos representantes de 15 casas de moda italianas vestidos por Loro Piana, acompañados por figuras cubiertas con capas de terciopelo personalizadas por Etro. A lo largo de cinco actos —que abarcaron brocados de inspiración renacentista, sastrería industrial y la elegancia cinematográfica de mediados de siglo— el evento tejió un diálogo continuo entre el trabajo manual y la maquinaria.

Ese diálogo alcanzó su momento más comentado durante “La era de la inteligencia”, cuando cuatro robots humanoides desarrollados por la firma tecnológica Unitree desfilaron por el suelo de mosaico de la Galería al ritmo de música electrónica. En contraste con los encajes artesanales y los tejidos históricos, los autómatas ofrecieron un contrapunto ante una primera fila en la que se encontraban Miuccia Prada, Alessandro Michele, Donatella Versace, Domenico Dolce, Stefano Gabbana y Pierpaolo Piccioli, junto a Anna Wintour. Sobre la pasarela, supermodelos como Gigi Hadid, Vittoria Ceretti, Irina Shayk e Imaan Hammam —luciendo un mono de archivo de Versace— compartieron protagonismo con estrellas como Jennifer Lopez en Dolce & Gabbana, Cardi B y Alicia Keys, quien cerró la cita cantando bajo los arcos de la Galería. Además del despliegue estético, el evento sumó una vertiente social al destinar fondos para la renovación de la biblioteca pública del barrio de Quarto Oggiaro.

Veinte años después, seguimos queriendo vestir como María Antonieta

Mientras Milán debatía sobre el futuro de la artesanía, el Château de Versailles fijó su mirada en una de las obras cinematográficas más influyentes del siglo XXI. Alojada en el Petit Trianon —el refugio privado de la última reina de Francia antes de la Revolución—, una exposición conmemora el vigésimo aniversario de la célebre película de 2006, María Antonieta, dirigida por Sofia Coppola. Concebida en colaboración directa con la propia cineasta y co-comisariada por los conservadores Laurent Salomé y Hélène Delalex, la muestra explora cómo el filme transformó a una figura histórica en un icono de la cultura pop y renovó el lenguaje del cine de época.

Cuando la película debutó hace dos décadas, rompió los códigos del biopic tradicional al combinar la investigación histórica con una banda sonora anacrónica de new wave, post-punk y pop, junto a una estética impregnada de tonos pastel. La exposición reúne en las galerías de Versalles el universo creativo de aquella producción: storyboards originales, guiones anotados por la directora, bocetos de vestuario, fotografías de rodaje tomadas por Andrew Durham y bocetos de escenografía creados por Anne Seibel y K.K. Barrett. En el centro del recorrido destacan los icónicos vestuarios diseñados por la oscarizada Milena Canonero. El proceso de Canonero —que ella misma definió como una “estilización”— reinterpretó los trajes de corte del siglo XVIII a través de vivos colores y tonos pastel que evocaban los sorbetes y los macarons franceses.

Junto a las prendas se exhiben los célebres zapatos creados para la película por el diseñador español Manolo Blahnik. La exposición cuenta además con el apoyo de Cartier, casa históricamente fascinada por la estética francesa del siglo XVIII. Los vestidos pueden contemplarse en las mismas estancias del Petit Trianon donde Coppola rodó en 2005. Esta ubicación refuerza la manera en que la cineasta despojó a la soberana de la rigidez del protocolo real para mostrar una esfera íntima de juventud, refugio y libertad personal.

Dalí vuelve a la moda en Milán

De vuelta en Lombardía, el diálogo entre las bellas artes y la alta costura continúa en el Palazzo Reale con la apertura de Dalí e la Moda. Promovida por el Ayuntamiento de Milán, la muestra cuenta con Montse Aguer en la dirección científica, Laura Bartolomé en el comisariado y Judith Clark como comisaria asociada de moda. Su inauguración coincidió con la cena de apertura de la Semana de la Moda celebrada en el Palazzo Reale, a la que asistieron, entre otros, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, Anna Wintour y Carlo Capasa, presidente de la Camera Nazionale della Moda Italiana. La exposición reúne más de 200 obras y documentos y aborda por primera vez de manera integral la relación de Dalí con la moda.

La muestra presenta al artista catalán no como un creador ocasional, sino como un “artista total” que entendió la indumentaria como una herramienta conceptual para construir la identidad, alterar la silueta y proyectar el deseo. A lo largo de seis salas escenográficas diseñadas por Judith Clark, la exposición aborda cómo Dalí y Gala utilizaron el vestuario para construir su propia imagen pública. El guardarropa exhibido incluye piezas históricas pertenecientes a Gala firmadas por Elsa Schiaparelli, Coco Chanel, Christian Dior, Pierre Cardin y Hubert de Givenchy.

La muestra recorre algunos de los hitos de la relación del artista con la moda: el escaparate concebido en 1936 para la tienda Bonwit Teller de Nueva York y su legendaria alianza de 1937 con Elsa Schiaparelli en el vestido Langosta, fotografiado por Cecil Beaton para Wallis Simpson. Asimismo, la exposición documenta la colaboración con Coco Chanel en Bacchanale (1939), para la que Dalí realizó la escenografía y el libreto mientras la diseñadora participó en el vestuario. También aparecen los trajes creados por Dalí y Christian Dior para el célebre baile de Carlos de Beistegui en el Palazzo Labia de Venecia y sus performances de los años sesenta con modelos y artistas vestidos por Paco Rabanne. Junto a obras como Tres jóvenes mujeres surrealistas sosteniendo en sus brazos las pieles de una orquesta, se exhiben por primera vez en Italia algunas de sus joyas más conocidas de 1949, entre las que destacan El ojo del tiempo y los Labios de rubí.

La moda como memoria cultural

Lo que une estas tres citas no es simplemente el gusto contemporáneo por recuperar archivos. En Milán, Vogue convierte el oficio artesanal en espectáculo frente a la inteligencia artificial; Versalles devuelve los vestidos de Milena Canonero a los espacios donde ayudaron a reinventar a María Antonieta; y el Palazzo Reale recuerda que Dalí llevaba décadas utilizando la ropa para deformar el cuerpo y construir una identidad. La moda dura mucho más que una temporada cuando deja de preguntarse únicamente qué vamos a vestir y empieza a preguntarse qué puede significar vestirse.

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