Armarios del mundo

El nuevo chic australiano

Relajada, sensual y sin artificios, así es la elegancia que llega de Sídney y Melbourne

Fotografía: Kiloycuarto
Fotografía: Kiloycuarto

Si la moda danesa parece diseñada para salir a la calle en bicicleta bajo un cielo gris, la australiana empieza en otro lugar: la luz. No necesariamente en la playa —reducir Australia a bikinis, pareos y vestidos de vacaciones sería perderse gran parte de lo interesante—, sino en una manera de relacionarse con el cuerpo y con la ropa mucho menos rígida.

La australiana elegante enseña un hombro, una espalda o el tobillo sin que la sensualidad parezca el argumento principal del look. Lleva traje, pero debajo puede haber simplemente una camiseta de tirantes. El pantalón es impecable, aunque ligeramente demasiado largo. El vestido se ajusta al cuerpo en un lugar y cae libre en otro. Hay siempre cierta sensación de aire y puede que esa sea la palabra que mejor diferencia el chic australiano de otras escuelas de estilo: nada debería parecer demasiado apretado, demasiado coordinado ni demasiado terminado.

Para entender de dónde viene hay que mirar primero a Zimmermann. Nicky y Simone Zimmermann fundaron la firma en Sídney en 1991, después de que Nicky comenzara vendiendo sus diseños en los mercados de Paddington. Lo que empezó como una visión muy australiana del vestido femenino y del bañador terminó convirtiéndose en una de las marcas del país con mayor proyección internacional. Un vestido de algodón, un estampado floral, una blusa ligera o un bañador podían tener la misma sofisticación que cualquier pieza de ciudad. La feminidad no necesitaba rigidez para parecer elegante.

Años más tarde, Christopher Esber llevó esa sensualidad hacia un terreno mucho más arquitectónico. Sus vestidos recortados, drapeados, tejidos que parecen deslizarse sobre el cuerpo y prendas de construcción precisa representan perfectamente una nueva generación de diseño australiano.

También aparece en marcas como Aje, que juega con volúmenes y vestidos femeninos; Matteau, mucho más depurada y vinculada al lujo silencioso de playa; St. Agni, convertida en referencia internacional del minimalismo cálido; Camilla and Marc, especialmente fuerte en sastrería urbana; Bassike, especialista en básicos elevados; o Dissh, que ha hecho accesible esa combinación de lino, tonos neutros y siluetas sencillas.

De Lara Worthington a Yan Yan Chan (las mujeres que definen el chic australiano)

Si hubiese que elegir una mujer que resuma la versión más sofisticada del estilo australiano actual, probablemente sería Lara Worthington. Su armario ha evolucionado desde una estética mucho más asociada al glamour de Sídney hacia algo extraordinariamente depurado: trajes masculinos, pantalones amplios, tank tops, vestidos minimalistas, cuero, prendas vintage y accesorios de lujo.

Hay ecos de The Row, Phoebe Philo o Bottega Veneta, pero la manera de llevarlo continúa siendo inequívocamente australiana. Un poco más de piel. Un poco menos de rigidez. Cabello sencillo. Maquillaje casi invisible. La ropa buena aparece como si llevarla no requiriera ningún esfuerzo.

Sara Crampton, conocida durante años por Harper and Harley, representa otra cara de ese minimalismo. Su paleta se mueve principalmente entre negro, blanco, crema, gris y denim, y demuestra cuánto puede hacerse con muy pocas piezas cuando las proporciones están bien elegidas. Blazer negro, camiseta blanca, jeans, pantalón sastre, sandalia sencilla. Es quizá la australiana que más se acerca al minimalismo escandinavo, aunque su interpretación resulta más luminosa y sensual.

Bella Thomas lleva ese principio hacia un terreno todavía más silencioso. Trench, punto, vestidos blancos, pantalones bien cortados, camisas y accesorios discretos forman un armario que parece construido para durar años y no temporadas.

Yan Yan Chan introduce el componente cool. Su estilo mezcla vintage, prendas masculinas, vestidos delicados, bailarinas, transparencias y piezas de diseñador. Tiene algo del armario de una modelo fuera de servicio, pero también una sensibilidad muy de Sídney: la capacidad de pasar del bikini y la camisa abierta al vestido de noche sin que parezcan dos mujeres completamente distintas.

Amanda Shadforth, creadora de Oracle Fox, aporta una dimensión más editorial. Su estética es oscura, arquitectónica y mucho más cercana al lenguaje de una directora de moda europea: negro, cuero, sastrería, líneas depuradas y accesorios escultóricos. Y Nicole Warne, conocida desde la época de Gary Pepper Girl, representa la vertiente más pulida y femenina: vestidos impecables, tailoring, grandes casas de lujo y una sofisticación que funciona especialmente bien en eventos y alfombras rojas.

Lo interesante es que todas comparten, pese a sus diferencias, una misma relación con la ropa: la elegancia nunca debe pesar. Algo parecido ocurre con la paleta australiana. Sus colores fundamentales son blanco roto, negro, arena, crudo, marrón tabaco, gris piedra y azul denim. Son tonos que parecen pensados para convivir con materiales naturales y con la luz. Lino, algodón, seda lavada, punto fino, ante y cuero resultan casi tan importantes como el color. Después aparecen terracotas, verde oliva, chocolate, amarillo mantequilla, rojo o azul, pero raramente compiten todos dentro del mismo estilismo. Si una danesa puede disfrutar provocando una pequeña colisión cromática, la australiana suele preferir dejar espacio alrededor de cada elemento. Pantalón crema y tank negro. Vestido blanco con sandalias marrones. Jeans desgastados con blazer. Un vestido rojo sin demasiadas joyas.

También hay una cuestión geográfica. Sídney representa la versión más luminosa y sensual del estilo australiano: piel, vestidos, lino, sandalias y sastrería ligera. La proximidad del mar forma parte inevitable de su manera de vestir. Melbourne, con un clima diferente y una escena cultural más oscura, introduce más capas, negro, cuero, denim, prendas vintage y una sensibilidad algo más urbana e intelectual. Después está el universo de Byron Bay y de las zonas costeras, responsable de haber convertido elresortwear australiano en una categoría internacional: vestidos largos, algodón, rafia, punto ligero, sandalias y prendas que parecen diseñadas para pasar directamente de la playa a una cena.

Las australianas estilosas prestan muchísima atención a la silueta. El pantalón suele caer largo y ancho. El blazer tiene volumen. La camiseta queda limpia y pegada al cuerpo para compensarlo. Un vestido puede enseñar la espalda pero cubrir completamente el escote. Una falda larga se lleva con una parte superior diminuta… Para construir un armario con ese espíritu bastarían relativamente pocas cosas: pantalón sastre amplio, jeans rectos, blazer masculino, camiseta de tirantes de buena calidad, camisa blanca, vestido fluido, vestido negro sencillo, falda larga, sandalia mínima, mocasín o bailarina, bolso de cuero y unas buenas gafas de sol.

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