En Menorca, el mar aparece incluso cuando no se ve. Está detrás de las paredes de piedra seca, al final de las carreteras estrechas y al otro lado de los campos que atraviesan el interior de la isla. Y, naturalmente, está también en la mesa.
Puede aparecer convertido en una caldereta de langosta en Fornells, en uno de esos platos que justifican por sí solos haber organizado una comida; alejarse después de la costa para entrar en una antigua casa de pueblo donde el producto menorquín pasa por una cocina mucho más actual; o regresar finalmente al agua en el puerto de Ciutadella, donde lo que ha pescado una embarcación por la mañana puede decidir parte de la carta unas horas después.
No hace falta intentar resumir toda la gastronomía menorquina en tres comidas. Sería imposible. La isla tiene quesos, embutidos, verduras, carnes, dulces y una cocina doméstica que va bastante más allá de aquello que encuentra el visitante en primera línea de playa. La propuesta es otra: recorrer Menorca a través de tres mesas muy diferentes y entender, de paso, tres maneras de relacionarse con el producto local.
La ruta empieza al norte, en Fornells, con la caldereta más inevitable del viaje; baja después hasta Es Migjorn Gran para descubrir la cocina de Víctor Lidón en Ca na Pilar y termina al oeste, en Ciutadella, ante el pescado y el marisco de Cafè Balear. Tres reservas y una isla suficientemente pequeña para que la carretera que las separa forme también parte del plan.
Fornells, una caldereta que justifica el viaje
Hay platos que terminan haciendo inseparable un lugar de su nombre. En Fornells sucede con la caldereta de langosta. El pequeño puerto del norte de Menorca se ha convertido en uno de los lugares de referencia para probar esta receta, hasta el punto de que resulta difícil recorrer sus calles en verano sin encontrar alguna mesa en la que aparezca una cazuela humeante.
La primera parada está en Es Cranc, uno de los clásicos del pueblo y una de las direcciones que la Guía Michelin mantiene actualmente en su selección de Menorca. El restaurante ocupa una casa encalada de ambiente sencillo y centra su cocina en pescados, mariscos, arroces y guisos marineros. La fama, sin embargo, tiene un protagonista bastante claro: la caldereta de langosta.
No conviene llegar esperando artificios. Precisamente parte del atractivo está en lo contrario. La langosta entra en una receta construida a partir de sofrito, caldo y tiempo, acompañada tradicionalmente por finas rebanadas de pan. Es una preparación en la que el fondo importa casi tanto como el crustáceo y en la que resulta complicado mantener cualquier protocolo cuando toca apurar las últimas cucharadas.
La caldereta puede ser el motivo principal de la reserva, pero no necesariamente el único. Los arroces caldosos, los pescados y otros productos del mar completan una carta concebida desde una cocina marinera reconocible. Guía Repsol señala también el pulpo menorquín a la plancha entre sus platos destacados y mantiene a Es Cranc entre sus restaurantes recomendados en 2026.
Aquí la comida funciona mejor si se convierte en el centro del día. Llegar antes permite recorrer el pequeño puerto de Fornells y seguir caminando hasta la torre levantada durante la dominación británica, desde donde la bahía se entiende de otra manera. El propio destino turístico de Baleares vincula el puerto, sus embarcaciones pesqueras y la caldereta como tres elementos prácticamente inseparables del pueblo. Y después, mesa sin demasiada prisa. En agosto reservar con antelación resulta bastante más sensato que confiar en la improvisación.
Es Migjorn Gran, Menorca tierra adentro
La segunda parada cambia deliberadamente de escenario. No hay puerto ni mesas junto al agua. Ca na Pilar está en Es Migjorn Gran, uno de los pueblos pequeños del interior de la isla, instalado en una casa tradicional menorquina de más de dos siglos.
Al frente de la cocina está Víctor Lidón, cuya trayectoria antes de regresar a Menorca pasó por restaurantes como ABaC, con Xavier Pellicer, y el Racó de Can Fabes de Santi Santamaria, donde llegó a ejercer como jefe de cocina. En lugar de trasladar a la isla una cocina descontextualizada, aquel aprendizaje sirve aquí para trabajar producto de mercado, fondos, técnica clásica y una cierta influencia francesa.
La Guía Michelin define actualmente la propuesta de Ca na Pilar como una cocina honesta, basada en buen producto local y con esos pequeños acentos afrancesados. Entre sus recomendaciones aparece un carpaccio mar y montaña de vieiras, un plato que resume bastante bien el terreno en el que se mueve la casa: Menorca está rodeada de mar, pero su cocina no termina en la orilla.
Ese es precisamente el motivo para colocar esta comida entre dos restaurantes esencialmente marineros. Después de la langosta de Fornells y antes del pescado de Ciutadella, Ca na Pilar recuerda que el paisaje gastronómico menorquín también se construye con huerta, carne, embutidos, hierbas, quesos y recetas en las que campo y costa pueden terminar compartiendo plato.
La carta cambia siguiendo el mercado y la temporada, así que aquí interesa menos llegar con una lista cerrada de platos que dejar cierto margen a lo que haya en ese momento. Es una cocina de producto, pero no entendida como simple exhibición de materia prima: hay técnica, fondos, combinaciones y elaboraciones que llevan la comida a un registro más actual.
También el plan que la rodea puede ser diferente. Es Migjorn Gran permite apartarse durante unas horas de la Menorca más fotografiada y, si el día acompaña, combinar la comida o la cena con la costa sur. Desde Sant Tomàs se llega caminando a Binigaus por un tramo del Camí de Cavalls; el organismo turístico balear calcula unos quince minutos a pie hasta esta playa protegida.
La mejor opción puede ser hacerlo al revés de lo habitual: playa durante el día, regreso al pueblo y cena en Ca na Pilar. De pronto la escapada gastronómica deja de consistir únicamente en buscar una mesa frente al mar.
Ciutadella, el barco decide qué se come
La última parada devuelve el recorrido al Mediterráneo, esta vez en el puerto de Ciutadella. Cafè Balear lleva allí desde 1970. Nació como una taberna portuaria y más de medio siglo después continúa ligado a la familia Caules y a una idea sorprendentemente sencilla: trabajar con el pescado y el marisco que llega del mar intentando intervenir lo justo para que sigan sabiendo a lo que son. Guía Repsol le mantiene un Sol en 2026.
La particularidad de la casa tiene nombre propio: Rosa Santa Primera. Es la embarcación del grupo y sale a faenar para abastecer al restaurante de parte de sus pescados y mariscos. Langosta, rape, gamba de Ciutadella y otras capturas pueden viajar así prácticamente del barco a la cocina; el propio restaurante explica que completa esa pesca con producto de otras pequeñas embarcaciones locales cuando es necesario.
Eso hace que aquí tenga más sentido preguntar qué ha llegado que empeñarse en pedir una especie concreta. La disponibilidad cambia con el día y con la temporada, y el pescado puede escogerse entre las piezas frescas antes de pasar por cocina.
Gambas de Ciutadella, sepia, cigalas, dentón, gallo de San Pedro o el pescado disponible pueden construir una comida casi sin necesidad de salir del producto. Para quien todavía quiera seguir investigando la langosta, la casa ofrece además varias preparaciones. Una de las más reconocibles se aleja de la caldereta de la primera jornada: langosta frita con huevos y patatas, convertida ya en uno de los clásicos del restaurante.
Si en Fornells la langosta aparece convertida en guiso y caldo, en Ciutadella puede llegar frita, acompañada de huevo y patata, o adoptar otras preparaciones. El mismo animal permite comprobar cómo cambia una cocina dependiendo del puerto y de la tradición que lo rodea.
Cafè Balear funciona especialmente bien como final de viaje porque la comida puede empezar mucho antes de sentarse. El casco histórico de Ciutadella desemboca casi naturalmente en el puerto: Ses Voltes, la catedral, la plaza del Ayuntamiento y finalmente las escaleras que bajan hacia los barcos y las terrazas.
Conviene tener en cuenta un detalle práctico en temporada alta: el restaurante admite reservas para el comedor interior, mientras que la terraza funciona mediante lista de espera. Quien quiera asegurar la comida debería reservar; quien quiera además comer junto al agua tendrá que añadir algo de paciencia al plan.
Agenda gastronómica
El primer día puede dedicarse al norte de la isla. Llegada a Fornells por la mañana, paseo por el puerto y subida hasta la Torre de Fornells antes de sentarse a comer en Es Cranc. La tarde puede quedar abierta para conocer alguna de las playas del norte o simplemente prolongar la sobremesa junto a la bahía.
El segundo cambia el mar por el interior. Es Migjorn Gran merece un paseo sin agenda demasiado ambiciosa y permite combinar el día con Sant Tomàs y Binigaus. Después de la playa, regreso al pueblo y cena en Ca na Pilar, reservando tiempo suficiente para que esa sea la única obligación importante de la noche.
Ciutadella funciona como cierre. Mercado y casco antiguo por la mañana, paseo hasta el puerto y comida en Cafè Balear mirando primero qué ha traído el mar ese día. Después ya no hace falta organizar demasiado: perderse por el centro, volver al puerto al caer la tarde y dejar que Menorca haga lo que mejor sabe hacer, que es convencer de que cualquier plan puede esperar un poco más.
Es Cranc
Carrer de ses Escoles, 31. Fornells.
Ca na Pilar
Avinguda de la Mar, 1. Es Migjorn Gran.
Cafè Balear
Passeig des Moll, 15. Ciutadella de Menorca.

