Armarios del mundo

Por qué las japonesas siempre parecen ir un paso por delante

Capas ligeras, vestidos sobre pantalones, calcetines con sandalias y bolsos llenos de amuletos. Llevan años demostrando que vestirse bien no consiste en seguir todas las reglas, sino en saltarse alguna

Fotografía: Kiloycuarto
Fotografía: Kiloycuarto

A las nueve de la mañana, Omotesando ya parece una pasarela sin fotógrafos. Hace calor, las cafeterías empiezan a llenarse y por la avenida avanzan mujeres que no parecen haberse vestido para llamar la atención. Y, sin embargo, es imposible no mirarlas.

Una lleva una camisa masculina de algodón, una falda transparente sobre pantalones fluidos y zapatillas blancas. Otra, un vestido negro amplio, calcetines rojos y un bolso cubierto de pequeños amuletos. Nada parece demasiado pensado ni perfectamente combinado… Y ahí está la gracia.

Tokio tiene una habilidad especial para hacer que la ropa de siempre vuelva a parecernos interesante. Una camisa blanca cambia si se lleva abierta sobre un vestido. Un pantalón sencillo se transforma al añadir una falda ligera. Y un bolso clásico pierde toda seriedad con un pañuelo, un llavero o un charm inesperado.

El estilo japonés no trata tanto de estrenar como de mirar las prendas desde otro ángulo. Justo lo que necesita nuestro armario cuando llega agosto y sentimos que ya nos hemos puesto todas las combinaciones posibles.

Vestirse bien sin parecer demasiado arreglada

Una de las cosas más atractivas de las japonesas es que rara vez parecen obsesionadas con resultar perfectas. No buscan marcar siempre la cintura, alargar las piernas o cumplir las normas tradicionales de lo que favorece. Prefieren jugar con las proporciones.

Una camisa puede llevarse dos tallas más grande. Una chaqueta termina más abajo de lo esperado. Un vestido cae recto, sin cinturón y sin necesidad de definir la silueta. En verano, esta manera de vestir resulta especialmente apetecible. Un pantalón amplio puede ser más elegante que uno ajustado, una manga generosa más sofisticada que una prenda ceñida y una camisa abierta más sensual que un escote.

Capas que no dan calor

Sí, Tokio es húmedo. Y sí, aun así, las capas sobreviven. Son prendas ligeras que se superponen sin añadir peso: vestidos finos sobre camisetas, sobrecamisas abiertas, faldas transparentes encima de pantalones, chalecos de punto calado y tejidos que dejan pasar el aire.

La idea se puede trasladar fácilmente a nuestro verano. Un vestido camisero puede convertirse en una chaqueta sobre una camiseta de tirantes. Una falda de encaje puede llevarse encima de un pantalón blanco. Y una camisa masculina puede acompañarnos desde el desayuno hasta la cena.

El secreto está en elegir algodón, lino, seda, viscosa o crochet y en no colocar las capas con demasiada exactitud. Que una prenda se entrevea, que otra se mueva y que el conjunto parezca haber surgido casi por casualidad.

El vestido sobre el pantalón y el color en pequeñas dosis

Durante años, llevar un vestido sobre pantalones parecía una idea reservada a las pasarelas. Hasta que vemos cómo lo hacen las mujeres de Tokio. La combinación funciona mejor cuando ambas prendas son ligeras: un vestido camisero abierto sobre un pantalón amplio, una túnica transparente con unos pantalones blancos o un vestido de tirantes sobre unos vaqueros finos.

Además de dar una segunda vida a vestidos que quizá ya no nos apetece llevar solos, resulta cómodo para viajar, caminar y pasar de la playa a una terraza. La versión más sencilla consiste en abrir el vestido hasta la cintura y dejar que funcione como una sobrecamisa. El efecto es parecido y exige bastante menos valentía.

Aunque solemos asociar la moda japonesa con el negro y el minimalismo, las calles de Tokio están llenas de color. Solo que aparece de forma más inesperada. Una base de blanco, gris, crudo o azul marino se despierta con unos calcetines rojos, unas gafas amarillas, un bolso verde o un pañuelo estampado.

Es una de las ideas más fáciles de copiar. Un vestido negro cambia con unas sandalias y unos calcetines de color. Una camisa blanca, con un bolso azul celeste. Un conjunto beige, con unas gafas rojas. No hace falta que todo combine. De hecho, suele resultar más interesante cuando no lo hace.

 

En Tokio, los accesorios cuentan historias. Los bolsos aparecen cubiertos de llaveros, cintas, peluches y pequeños recuerdos. Los teléfonos llevan colgantes. Las gorras conviven con lazos. Y los calcetines reciben tanta atención como los zapatos. Hay algo muy atractivo en personalizar lo que podría tener todo el mundo. Un bolso sencillo con un pañuelo, una inicial o un amuleto empieza a parecer verdaderamente nuestro.

En verano, cuando vestimos con menos prendas, estos detalles funcionan especialmente bien. Un capazo puede transformarse con una cinta de color y un bolso serio puede relajarse con un charm un poco absurdo. No se trata de añadir por añadir. Basta con colocar algo que no tendría por qué estar ahí.

En Tokio, los calcetines aparecen con sandalias planas, zuecos y zapatos deportivos. A veces son blancos; otras, rojos, grises o estampados. La versión fácil consiste en elegirlos finos, de algodón o canalé, y combinarlos con unas sandalias negras o marrones. Con un vestido amplio o unos pantalones cropped, el resultado puede ser sorprendentemente elegante. Además, permiten seguir usando las sandalias cuando refresca al final del día o cuando entramos en un restaurante con el aire acondicionado disparado.

Una falda de encaje con una camiseta deportiva. Un vestido de flores con zapatillas técnicas. Una blusa delicada con un pantalón de trabajo. Una falda de tul con una gorra. Cuando todo el conjunto pertenece al mismo estilo puede resultar bonito, pero también previsible. Introducir una prenda de otro mundo lo hace más actual.

Este verano, el vestido romántico no necesita sandalias delicadas. Puede llevarse con zapatillas y una camisa abierta. La falda especial puede salir a desayunar con una camiseta de algodón. Y el bolso elegante puede combinarse con prendas deportivas. La mezcla funciona porque cada pieza rebaja a la otra.

Las mujeres japonesas que conviene seguir

  1. Kozue Akimoto, modelo y DJ, mezcla piezas de vanguardia con referencias punk, prendas deportivas y accesorios rotundos.
  2. Kiko Mizuhara, modelo y actriz, puede pasar de un vestido vintage a un conjunto minimalista o lleno de color. Su cuenta demuestra que no hace falta tener una única estética para tener estilo.
  3. Mademoiselle Yulia, diseñadora y DJ, propone una versión más pop, con colores vivos, joyas y accesorios llamativos.
  4. Tokyo Fashion sigue siendo uno de los mejores archivos visuales para descubrir cómo se viste realmente en Harajuku y Shibuya.
Auralee

Dónde mirar en Tokio

En Aoyama y Omotesando se concentran algunas de las boutiques más espectaculares. En Daikanyama, la moda se vuelve más serena y relajada. Y Shimokitazawa continúa siendo territorio de cazadoras antiguas, camisetas, denim y hallazgos vintage. Junto a las grandes casas japonesas (Comme des Garçons, Yohji Yamamoto, Issey Miyake o Sacai) conviven firmas como Mame Kurogouchi, conocida por sus transparencias y bordados; Auralee, por sus tejidos; Hyke, por sus prendas de inspiración militar; Toga, por su excentricidad; y Kapital, por su manera imaginativa de trabajar el denim. No hace falta llenar una maleta para entender su propuesta. A veces, la mejor compra es simplemente una idea.

Siete trucos que podemos estrenar ya:

  1. Abrir una camisa masculina sobre un vestido
  2. Llevar un vestido sobre pantalones
  3. Añadir calcetines a las sandalias
  4. Personalizar el bolso con un pañuelo o un charm
  5. Mezclar una prenda romántica con otra deportiva
  6. Jugar con una camisa más larga o un pantalón más ancho
  7. Dejar algo sin combinar del todo
Mame Kurogouchi Aoyama

La lección japonesa para este verano no consiste en comprar más ni en transformar el armario. Consiste en jugar. Abrir la camisa que siempre llevamos cerrada. Colocar un vestido sobre un pantalón blanco. Añadir un pañuelo al capazo. Rescatar unos calcetines de color. Mezclar una falda especial con la camiseta más sencilla del cajón.

Tokio nos recuerda que vestirse también puede ser una manera de pasarlo bien. No hace falta que todo combine, que cada prenda estilice ni que el conjunto parezca completamente terminado. A veces, una silueta interesante resulta mucho más atractiva que una silueta perfecta. Y quizá ese sea el mejor truco de estilo para llevarnos de vacaciones: dejar de intentar hacerlo todo bien.

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