Cuba lleva años instalada en una crisis que se agrava sin llegar nunca al punto de ruptura. La isla acumula apagones interminables, escasez de alimentos, inflación disparada y una sangría migratoria sin precedentes, pero el régimen de Miguel Díaz-Canel sigue en pie. La resistencia de la población, asfixiada desde hace décadas, ha sido probablemente lo que ha obligado a Washington a corregir el rumbo. Este martes despegó desde Miami el primer avión con ayuda humanitaria estadounidense rumbo a La Habana, cargado con 18 toneladas de alimentos y kits de higiene. Un giro llamativo para una administración que llevaba meses apostando por lo contrario: apretar hasta que la propia población hiciera saltar el sistema.
La estrategia del ahogamiento no ha funcionado. Desde enero, el asedio petrolero impuesto por Estados Unidos ha empeorado una crisis energética que ya venía de mediados de 2024. Tampoco la represión o la falta de lo más básico ha provocado la caída del régimen, que ha recibido ahora la promesa cumplida del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, que ya en mayo ofreció 100 millones de dólares en ayuda directa con una sola condición: que el régimen no se interpusiera entre esos recursos y la población.
El envío de esta semana es el primer paquete de esos fondos e incluye arroz, alubias, aceite de cocinar, artículos de higiene y linternas para 700 familias, aunque el plan aspira a alcanzar a 196.000 en toda la isla. Del reparto se encargan Catholic Relief Services, la Iglesia católica y Cáritas Cuba, una fórmula pensada para esquivar cualquier intermediación oficial. “Vamos a entregar ayuda tanto por aire como por mar”, explicó el subsecretario de Estado para Asistencia Exterior, Jeremy Lewin, antes del despegue. Y avisó: “Si el régimen interfiere les haremos rendir cuentas. Hemos hecho todo lo posible para reducir esa posibilidad”. El compromiso con el pueblo cubano, aseguró, es “de hierro”.

Una sangría demográfica
Los números explican por qué la ayuda llega tarde. Cuba ha perdido hasta 245.264 habitantes en 2025 solo por migración, según el balance de la Oficina Nacional de Estadística e Información. Es aproximadamente un 2,5% de su población. La isla suma ya nueve años consecutivos de descenso demográfico y ha pasado de 11,2 millones de habitantes en 2017 a 9,4 millones.

Repunte de asesinatos machistas
A la sangría demográfica, los cortes de luz y una economía de juguete se suma una cifra que no para de crecer y que apenas figura en los balances oficiales, que el régimen se esfuerza en ocultar: la de las mujeres asesinadas. La ONG independiente Alas Tensas ha confirmado dos nuevos feminicidios, con los que ya son 7 los registrados en julio y 41 en lo que va de año. Entre mayo y junio la organización contabilizó 17, y en siete de esos casos los agresores tenían antecedentes de violencia. Desde 2019, junto a la plataforma YoSiTeCreo en Cuba, suman 350 mujeres asesinadas en la isla.
Los dos últimos casos ilustran hasta dónde llega el desamparo. Kirenia López Mendoza, de 43 años y madre de un hijo adolescente, apareció muerta el 18 de julio en su vivienda de Nueva Gerona, en la Isla de la Juventud. Había denunciado ante la policía los malos tratos de su pareja. Según Alas Tensas, “el crimen pudo ser cometido por varios hombres, incluido su pareja, por lo que se espera por mayor información para definir el tipo de feminicidio”. La otra víctima es Merlin Noay, de 17 años, que murió en el hospital tras ser agredida a principios de mes por un hombre de 64 años, su expadrastro. El Observatorio de Género de la organización lo calificó de “feminicidio familiar e infantil”.

El machismo aumenta durante las crisis
Alas Tensas ya alertó en abril de que la vulnerabilidad de mujeres y niñas está directamente ligada a la crisis económica y energética. Los apagones, la dependencia económica y la imposibilidad material de escapar de un hogar violento convierten el colapso en un factor de riesgo añadido. Por eso la organización reclama al Gobierno que publique datos oficiales, tipifique el feminicidio, active protocolos de protección, habilite refugios y garantice líneas de emergencia que funcionen.
Ninguna de esas medidas figura entre las prioridades del régimen, ocupado en sobrevivir a un derrumbe que dura ya demasiados años. Mientras Washington recalcula y las cajas de arroz empiezan a repartirse en las parroquias, dentro de la isla se acumulan dos cuentas que nadie parece capaz de frenar: la de los que se van y la de las que no llegan a irse.

