Desde que Nicolás Maduro fue imputado por cargos de narcotráfico ya han pasado 6 años. Nadie se esperaba que después de tanto tiempo, esa fuera la principal justificación de la Administración estadounidense para intervenir en Venezuela y secuestrar al todopoderoso presidente Nicolás Maduro. El dirigente venezolano, en territorio enemigo desde que en enero fue capturado, se enfrenta a cargos por posesión de armas y vínculos con el Cártel de los Soles. Desde entonces, su mano derecha, la vicepresidenta Delcy Rodríguez dirige el país bajo la batuta de Trump que toca ahora una orquesta que beneficia a Estados Unidos.
Ante este contexto, cada vez más expertos advierten de que los pasos de Trump podrían volver a repetirse. Ahora le toca a Cuba. Tras meses intentando asfixiar a la isla castrista, el Departamento de Justicia estadounidense ha presentado este miércoles una acusación contra el expresidente cubano Raúl Castro. El departamento de Justicia estadounidense le imputa ser el responsable -o al menos, uno de ellos- en el derribo de los aviones de Hermanos al Rescate por parte de las Fuerzas Armadas de Cuba. En aquel entonces, el dictador era ministro de Defensa y en Washington asumen que era él el último responsable. Raúl Castro tiene hoy 94 años.

Tras meses de apagones prolongados y carestía en los productos más básicos, Estados Unidos pisa el acelerador. De poco ha servido el bloqueo económico que ha hecho que el régimen de Díaz-Canel mantenga, aunque obligado y a regañadientes, conversaciones con la administración estadounidense. Según Washington, la ronda de contactos continúa y la acusación contra uno de los dirigentes castristas no paraliza los canales diplomáticos, que se mantienen abiertos.
El precedente venezolano
Aunque la acusación por parte de Estados Unidos podría no significar nada, algunos expertos se acuerdan de lo que ocurrió hace menos de 5 meses cuando, en enero, Estados Unidos intervino en Venezuela y, por sorpresa, capturó a Nicolás Maduro.
Tan sólo hizo falta una orden de detención y un horizonte judicial complicado para que Estados Unidos legitimara aquella intervención. Y aunque la detención y secuestro fue algo ampliamente rechazado y cuestionado por expertos en Derecho Internacional, algunos de ellos creen que este podría ser el paso previo para que Trump pueda intervenir la isla. La orden de detención formal no sería más que el aval para una intervención “legal”.
La acusación llega 8 años después de que Raúl Castro abandonara el poder; con un nuevo y fiel sucesor (Díaz-Canel); y con la isla caribeña atravesando la mayor crisis de su historia. Al embargo económico que mantiene Estados Unidos contra Cuba desde la década de los 60, se han sumado medidas de presión hacia otros países para evitar que llegue ayuda a la isla y asfixiarla económica y socialmente.

La diáspora cubana
Mientras tanto, más de 3 millones de cubanos han huido de su país desde el triunfo de la revolución Cubana en 1959. n La Habana continúan aún 9 millones de personas que, desde siempre, pero sobre todo en las últimas semanas, viven apagones generalizados, una inflación galopante y un colapso energético que amenaza con tumbar el régimen de Díaz-Canel.
La caída de Nicolás Maduro en Venezuela, hasta ahora principal proveedor de petróleo a la isla, ha empeorado la situación a pasos agigantados. Tampoco México, a pesar de los últimos intentos de Claudia Sheibaum, continuó auxiliando a la isla. La estrategia de Trump, cada vez más cuestionada, consiste en asfixiar la isla para poder “tomarla de forma amistosa”.

La situación es tal, que el régimen de Díaz-Canel ya anunció la liberación de más de 50 presos para reflejar el espíritu de su buena voluntad”. Y ante los periodistas y las cámaras ya reconoce que “la situación es insostenible”.
Casualidad o causalidad
Tampoco parece casualidad que Marco Rubio, el secretario de Estado de Estados Unidos, haya ofrecido el mismo día que se presenta la acusación una “nueva relación” a los cubanos entre su país y Estados Unidos. “El presidente Trump ofrece una nueva relación entre Estados Unidos y Cuba, pero tiene que ser directamente con ustedes, el pueblo cubano”, sostuvo el secretario de Estado, en lo que muchos ya interpretan como un claro guiño a lo que podrían ser los próximos movimientos de la administración estadounidense.
Al mensaje de Rubio se han sumado varios congresistas estadounidenses. Mario Díaz-Balar, María Elvira Salazar, Carlos A. Giménez y Nicole Malliotakis ofrecieron una rueda de prensa al poco de formalizar la acusación. Sin embargo, sorprende que ninguno de ellos haya hecho una referencia concreta a los cargos que se le imputan a Castro, sino que han hablado de generalidades y de la “liberación de un régimen comunista”.

“Simplemente queremos que nuestro vecino sea libre, porque recuerden: se trata también de una cuestión de seguridad nacional”, comenzó Mario. “Hoy es un día glorioso para el pueblo cubano”, aseguró María. Sobre la posibilidad de que Trump intervenga la isla en los próximos días se manifestó el congresista Díaz-Balar. “No sabemos qué va a suceder, pero sí sabemos que otras personas han sido imputadas (…) y más de un presidente ha tomado medidas contra esos líderes imputados, enviando tropas militares para llevar a cabo una acción legal. (…) Es una opción que el presidente tiene a su disposición”, sentenció.
En Cuba, sin embargo, prefieren fijarse en otra fecha. Porque tanto el movimiento del Departamento de Defensa como el mensaje de congresistas republicanos son para el castrismo mucho menos importante que lo que realmente se celebra el 20 de mayo: el día de la Independencia Cubana. Por si acaso, Díaz-Canel ya ha respondido ante una posible intervención estadounidense, y ha asegurado que un ataque de EE.UU. a Cuba provocaría “un baño de sangre de consecuencias incalculables”.

