Entrevista

Zoe Valdés: “El comunismo es el infierno, lo sabe el que lo ha vivido”

La escritora cubana explica que "las sanciones han impedido que el castrismo logre lo único que quiere: acceder a las líneas de crédito norteamericanas para seguir llenando sus arcas"

Cuando pienso en la Cuba de hoy veo a un anciano muriéndose de hambre en una acera, sin que a nadie le importe; pienso en esos niños pidiendo comida en las calles, descalzos, sucios, porque el régimen de ese país no ha solucionado nada durante 67 años, y lo único que ha hecho es exigir ayudas y millones al mundo, no para dárselos al pueblo cubano, sino para que la familia Castro y unos cuantos más se enriquezcan.

Esto dice la escritora cubana Zoe Valdés en respuesta a la entrevista de Artículo14. Es un asunto que tiene muy bien recorrido. En su novela La nada cotidiana (1995) Cuba aparece como una vida sometida a la escasez, al desgaste y a la repetición. No es una pobreza abstracta ni una denuncia de superficie, es una organización completa de la existencia en torno a la carencia. El tiempo se convierte en administración, el trabajo pierde sentido, el cuerpo acusa el golpe. La protagonista no tiene un centro porque vive en un entorno que desarticula cualquier continuidad. Lejos de desaparecer, esa experiencia persiste en sus otros libros.

Zoe Valdés (La Habana, Cuba, mayo de 1959) ha publicado más de 40 libros, entre novelas, poesía, ensayo y guiones cinematográficos. No todos tienen trama cubana, pero al parecer todos parten de una misma matriz: una experiencia de fractura entre lo vivido y lo narrado que desestabiliza identidad, memoria y lenguaje. Aquellos cuya historia no transcurre en la isla prolongan esa lógica en otros escenarios, de modo que Cuba deja de ser solo un lugar y se vuelve la forma misma en que se percibe y se organiza la experiencia.

Su ensayo narrativo La ficción Fidel (2008) se caracteriza porque no narra la experiencia de Cuba desde la vida cotidiana, la memoria o el exilio, sino que se detiene a explicar el mecanismo que la produce. En lugar de contar cómo se vive dentro del sistema, desmonta cómo ese sistema se construye como relato de poder alrededor de la figura de Fidel Castro. Vemos, entonces, que el poder omnímodo no se limita a imponer normas o a distribuir recursos: organiza el lenguaje, ocupa la historia, define las palabras disponibles para decir la experiencia. El resultado es una dislocación constante entre lo que se vive y lo que se puede decir. La mentira deja de ser una desviación y se vuelve el medio donde transcurre la vida social. En ese punto, la obra de Valdés formula algo de gran precisión: la dominación no se sostiene solo en la coerción, sino en la construcción de un relato que se vuelve obligatorio.

Turistas pasean en autos clásicos frente a un mural del artista plástico Fuster en Jaimanitas este martes, en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

-¿Qué papel cree que está jugando hoy Estados Unidos en la realidad cubana: factor de presión efectiva o coartada funcional para el poder?

-Estados Unidos está jugando ahora un papel definitivo, el papel que ningún otro gobierno norteamericano anterior se atrevió a jugar, ni ningún otro país tampoco se atrevió a efectuar: el del derrocamiento radical del comunismo en Cuba. Y eso, si lo consiguen, se lo agradeceremos a Donald Trump y a Marco Rubio, cubanoamericano.

-Cuando se habla de Cuba en clave internacional, Estados Unidos ocupa casi todo el espacio. ¿Qué riesgo ve en esa centralidad? ¿Puede terminar diluyendo la responsabilidad del poder cubano sobre la situación actual?

-No veo ningún riesgo, es así. Estados Unidos es sin duda alguna el protagonista principal, con relación al poder, en este entramado internacional. Es ahora mismo el país más fuerte, y desde hace rato es la primera potencia mundial, lo que molesta mucho a los comunistas, que ahora se han aliado con los islamistas, para intentar arrebatar a Estados Unidos ese puesto tan privilegiado. Pero ese puesto se ha ganado con convicciones sociales y económicas de prosperidad del ser humano y capitalismo -el único sistema probado que funciona-, y no se ha basado como el comunismo -el peor sistema del mundo-  en la destrucción de la humanidad. Prefiero que lo sea Estados Unidos antes que lo sean China y Rusia.

Cuba
Una mujer vende velas durante un apagón en La Habana (Cuba)
Efe

No entiendo qué ha querido decir con eso de diluir la responsabilidad del poder cubano sobre la situación actual. La situación de Cuba actual es la de la muerte, la mató el comunismo. Y ya basta que Cuba y su miseria, la muerte de los cubanos, por inanición sirvan para nutrir la utopía de la gente que no se afeita el sobaco o usan cuchillos que matan inocentes trabajadores en las calles del mundo vandálico que nos quieren imponer como “progresista” y “justiciero socialista”, como hicieron con el profesor Samuel Paty, decapitado en plena calle en Francia, o  Iryna, apuñalada en un metro en Estados Unidos, y con tantos otros que asesinan a diario en nombre de una ideología y de una secta.

-Si mañana cambiara por completo la política de Estados Unidos hacia Cuba, ¿qué cree que cambiaría dentro de la isla y qué permanecería igual?

-La política de Estados Unidos hacia Cuba sería extraordinaria, comparado con la basura que nos ha tiranizado durante 67 años. Espero que no siga igual en nada, espero que Cuba cambie de forma radical hacia las libertades y el neocapitalismo a la cubanoamericana, que ha hecho prosperar a tantos cubanos en el exilio, contrario al empobrecimiento y la miseria que produjo el comunismo en la isla.

-Las sanciones han sido durante décadas un eje del conflicto. En su opinión, ¿han producido algún efecto real sobre el poder en Cuba o han terminado afectando sobre todo a la sociedad?

-Las sanciones han impedido que el castrismo logre lo único que quiere: acceder a las líneas de crédito abiertas norteamericanas para seguir llenando sus arcas y burlándose del pueblo cubano y del mundo entero. El embargo norteamericano además se produjo por la brutal represión y los fusilamientos masivos que desataron los Castro en la isla desde el mismo año 1959, y que continúa contra los que se oponen a su ideología, y debido también a las masivas confiscaciones de empresas privadas cubanas y norteamericanas que habían conseguido elevar a Cuba en 1957 a ser el tercer país de la región por debajo de Argentina y Venezuela, más desarrollado, inclusive que España y Francia -que no son de la región obviamente. Cuba comercia con el mundo entero, y con dos potencias mundiales que favorecen ampliamente al castrismo: China y Rusia. La única cosa que afecta a los cubanos y a Cuba es el castro-comunismo.

Mujeres compran alimentos en un puesto ambulante, en La Habana (Cuba)
EFE/ Ernesto Mastrascusa

El infierno y lo insoportable

En su novela Sangre azul (1993), Valdés desarrolla una historia ambientada en la Cuba colonial que sigue a una mujer perteneciente a la élite criolla, atravesada por tensiones de clase, raza y poder. A través de su vida, la novela explora las jerarquías sociales, las apariencias de linaje y las contradicciones de una sociedad marcada por la herencia colonial. Más que reconstruir un período histórico de forma tradicional, el libro se interesa por cómo esas estructuras —el prestigio, la pureza de sangre, la pertenencia— configuran identidades frágiles y ficciones sociales que, de algún modo, anticipan problemas que reaparecerán en la Cuba contemporánea.

-¿Dónde cree que se juega hoy la dignidad de un cubano común?

-En la resistencia y la lucha diaria. No hay cubano más digno que ese que sale cada noche, en medio de apagones, a protestar completamente solo, sin el apoyo de nadie en este mundo. La dignidad del cubano no está a prueba, nadie ha luchado más que los cubanos por su libertad, mediante las armas -lo que es justo, porque los terroristas que gobiernan Cuba desde hace más de 67 años la doblegaron mediante el terrorismo armado-, y por la vía pacífica.

“El comunismo es el infierno, lo sabe el que lo ha vivido”

-¿Qué malentendido o abierta distorsión sobre Cuba le parece más persistente fuera de la isla?

-La de que en Cuba hay un paraíso ganado gracias al comunismo. Eso es falso. El comunismo es el infierno, lo sabe el que lo ha vivido.

Una mujer camina por una calle en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa

-¿Qué palabras o frases del discurso oficial le parecen hoy más vaciadas de sentido? ¿Hay alguna que le resulte particularmente ofensiva por su uso actual?

-Las de revolución, ninguna revolución dura tanto, y de imperialismo con relación a Estados Unidos. No hay nada más imperialista que China y ahí siguen, nadie los molesta con su comunismo cancerígeno que ha arruinado el planeta.

-¿Qué le parece hoy más insoportable de la vida diaria en Cuba: la escasez material o la presión simbólica?

-No sé a qué se refiere con presión simbólica. Lo más insoportable es la falta de libertad, que impide que un padre vuelva a ver a su niñita sólo por haber filmado un vídeo, me refiero a los muchachos de El4tico, encarcelados ambos, o que una poeta no pueda criar a sus dos hijos adolescentes, como el caso de María Cristina Garrido, o que una madre sea condenada a prisión domiciliaria porque su hija hace vídeos contando la realidad de su país, y después la hija sea citada para chivatear a la madre, y la condenen también a ella a prisión domiciliaria. De modo que eso es lo que encuentro insoportable, que en mi país un adolescente enfermo de 16 años sea encarcelado para castigar a su padre que es pastor, me refiero a Jonathan Muir. Insoportable es que en mi país se condene con penas de hasta 15 años a quienes el 11 y 12 de julio del 2021 ejercieron su derecho a manifestar pacíficamente. Insoportable que en el 2004, durante la Primavera de Cuba, se hayan ejecutado a tres jóvenes negros en menos de 48 horas por el mero hecho de desear abandonar la isla e irse hacia tierra de libertad: Estados Unidos.

Una mujer observa el viacrucis del Santo Entierro en la celebración del Viernes Santo, en La Habana (Cuba)
EFE/ Ernesto Mastrascusa

El exilio

En los libros donde el exilio ocupa el centro, la experiencia cambia de registro sin perder intensidad. Bailar con la vida (2006) y La cazadora de astros (2007) muestran que la salida del país no resuelve la fractura. La desplaza. Cuba deja de ser un espacio físico y se convierte en una memoria del cuerpo. El mar, la luz, los olores funcionan como marcas sensoriales que no encuentran equivalencia en otros lugares. La pérdida no se formula en términos abstractos; se percibe en la imposibilidad de repetir una experiencia concreta. El exilio no clausura el vínculo con el país, lo vuelve más inestable: lo que se recuerda no puede recuperarse y, sin embargo, organiza la vida entera.

-Después de tantos años fuera, ¿qué parte de Cuba cree que conserva intacta dentro de usted y cuál ha cambiado sin que usted lo haya decidido?

–Cuba soy yo. Los años fuera me han mantenido más adentro que cuando vivía adentro. De modo que conmigo esa no va. Porque Cuba soy yo, como Cuba lo era Guillermo Cabrera Infante. Cuba está más en Miami que en la propia Cuba.

-¿El exilio permite ver mejor la realidad cubana o también produce sus propias distorsiones?

-Permítame reírme, es que esta entrevista es tan evidente, que la respondo solamente porque respeto mucho el periodismo, pues yo misma lo ejerzo desde mis diecisiete años. El exilio es lucidez y agudeza, lo escribí en un libro que seguramente no ha leído. La Intensa Vida (2022), publicada por Berenice Libros, en España.

El exilio es libertad y vida. No es un premio, sin embargo, es un castigo cuando es impuesto -como fue mi caso tras haber escrito una novela: La Nada Cotidiana (1995); pero si se vive con coherencia el exilio es una fuente de aprendizaje sumamente interesante.

Una persona camina por una calle sin luz durante un apagón en La Habana (Cuba).
EFE/ Ernesto Mastrascusa ARCHIVO

-¿Hay algo que le reproche a la oposición cubana, dentro o fuera del país?

-Su dispersión, involuntaria a veces, y su falta de estudio, en otras ocasiones. Pero la oposición cubana en general es muy valiente, una de las más valientes del mundo.

Hablando de Marco Rubio

Si se mira el conjunto de la obra de Valdés [al menos, el conjunto de sus títulos que un lector medio puede conocer], lo que emerge es una idea de Cuba como experiencia escindida. Por un lado, hay una materialidad terrible: escasez, deterioro, desgaste del cuerpo. Por otro, hay un sistema de representación que reorganiza esa materialidad y la vuelve decible, transferible, en ciertos términos y no en otros. Entre ambos niveles se instala una tensión que atraviesa a los sujetos. La vida se vive en un plano y se narra en otro. Esa distancia obliga a desarrollar estrategias: la ironía, la invención, el humor, la memoria.

Lo primero que destaca en sus libros sobre la Cuba de la tiranía castrista es la materialidad de la escasez como estructura de vida. No es un telón de fondo ni un dato económico. Es una forma de organizar el tiempo, el cuerpo y la conducta. Comer, conseguir, esperar, resolver, sustituir lo viejo y gastado… la existencia queda absorbida por operaciones mínimas. En La nada cotidiana esto aparece de manera frontal.

A esto se suma la transformación del país en experiencia sensorial irrecuperable en el exilio. En los libros donde la narradora está fuera, Cuba deja de ser un territorio para convertirse en una impresión física: el mar, la luz, los olores. Esa dimensión sensorial no encuentra equivalente en otros lugares. El exilio no corrige la fractura; la desplaza al terreno de la memoria corporal. Cuba queda fijada como algo que solo puede experimentarse en el recuerdo.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio
EFE/ Dominika Kortvelyesiova/ ARCHIVO

-¿Cómo evalúa la influencia real de Marco Rubio en la política hacia Cuba? ¿Es un actor decisivo o más bien una figura simbólica para el exilio?

-Ay, por favor, pero cómo se les sale a ustedes enseguida la pluma del plumero con las pocas plumas que les quedan. Marco Rubio es un político experimentado que lleva años en la política, y que además es un especialista en el Medio Oriente, tal como se ha podido constatar en estos días. Su simbolismo, que lo tiene sin duda alguna, está basado en su trabajo como Senador, y directamente con la comunidad de exiliados -no solo cubanos- y de inmigrantes. Es sin duda alguna un actor decisivo, que probablemente llegue a presidente de Estados Unidos, ya fue precandidato en el 2016, junto a otro cubano, Ted Cruz.

-¿Cree que la política hacia Cuba impulsada por figuras como Rubio responde más a una estrategia de cambio en la isla o a dinámicas internas de la política estadounidense?

-A ambas. ¿Qué hay de malo en eso? Se llama política internacional, y es secretario de Estado, no el pandillero de turno de cualquier manifestación pagada por Soros.

Una persona camina por una calle este viernes en La Habana (Cuba). EFE/ Ernesto Mastrascusa

-¿Qué le haría pensar que algo realmente ha cambiado en Cuba? ¿Qué tendría que ocurrir para que usted dijera: esto ya es otra cosa?

-Un cambio radical hacia la libertad entera, que se derrumbe el comunismo y se prohíba el Partido Comunista. Lucharía a brazo partido porque se produzca en Cuba el primer Nuremberg del comunismo.

La palabra literaria

La producción narrativa de Zoe Valdés está atravesada por el humor, la exageración y la invención, que en ella actúan como recursos activos de resistencia. La risa abre un espacio de enunciación en medio del deterioro, permite poner en palabras lo que pesa sobre la experiencia; la invención construye versiones habitables allí donde la realidad resulta opaca o incompleta. Ese movimiento se reconoce tanto en la niña que imagina genealogías posibles como en la voz adulta que trabaja con la ironía para tomar distancia del lenguaje impuesto. La imaginación, en este marco, funciona como una forma de continuidad y de afirmación de sí.

Lo literario en esta autora aparece como una práctica que organiza la experiencia, fija la memoria y produce sentido en medio de la dispersión. La escritura reúne fragmentos, enlaza lo vivido con lo recordado y construye una voz propia frente a discursos dominantes. Se reconoce una insistencia en escribir como modo de sostener la experiencia, de nombrarla con precisión y de darle una forma que pueda ser compartida.

-Si tuviera que escribir hoy una novela sobre Cuba, ¿en qué o quién la centraría y qué no podría dejar fuera?

-En Santiago Álvarez, uno de los más grandes luchadores por la libertad de Cuba de los tantos que he conocido; de hecho la novela ya está casi terminada.

-¿Siente que la literatura sigue teniendo algún poder frente a un sistema como el cubano, o ha sido desplazada por otras formas de intervención pública?

-La literatura tiene el poder de la palabra y de la imaginación, es un poder contra el que ninguna tiranía ha podido, mucho menos la comunista. Ha sido desplazada cuando autores como Leonardo Padura deciden defender mediante megáfono a un corrupto como Lula da Silva, y visitarlo en su celda de la prisión para llevarle recados de Raúl Castro, como cuando Gabo [Gabriel García Márquez] se servía de lo que se servía en Cuba, debido a su amistad con el peor de los tiranos que ha dado el mundo.

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