El 20 de septiembre de 2006, un día después de que George W. Bush se dirigiera a la Asamblea General de las Naciones Unidas, Hugo Chávez subió a esa misma tribuna y dijo: “Ayer estuvo el Diablo aquí, en este mismo lugar. Huele a azufre todavía esta mesa donde me ha tocado hablar”; acto seguido levantó un ejemplar de Hegemonía o supervivencia, de Noam Chomsky, el lingüista estadounidense que lleva sesenta años denunciando la política exterior de su país, y lo recomendó a la sala.
La frase ha circulado tanto que se olvida para qué servía. Venezuela hacía campaña por un asiento no permanente en el Consejo de Seguridad y el discurso era parte del alegato, Caracas se ofrecía como el contrapeso del Sur frente a Washington. Le costó caro. Entre el 16 de octubre y el 7 de noviembre de ese año la Asamblea votó 47 veces sin resolver el empate con Guatemala, hasta que ambos países retiraron sus candidaturas y el escaño fue a Panamá, elegido con 164 votos en la ronda 48. El azufre dio la vuelta al mundo y el asiento se perdió.
Convidada con prontuario
Delcy Rodríguez llegó a la política nacional por la vía del chavismo. Ministra del Despacho de la Presidencia con Chávez en 2006; de Comunicación en 2013; canciller entre 2014 y 2017; presidenta de la Asamblea Nacional Constituyente en 2017; vicepresidenta desde 2018; ministra de Economía y Finanzas entre 2020 y 2024 y ministra de Petróleo a partir de ese año. Esa secuencia es también el expediente de sus sanciones. Canadá la sancionó en septiembre de 2017, junto a otros 39 funcionarios, por presidir la Constituyente que había desplazado al Parlamento electo en 2015 (de mayoría opositora). La Unión Europea la incluyó en junio de 2018 en una lista de once nombres, por socavar la democracia y el Estado de derecho, y Suiza le congeló los bienes y le prohibió la entrada en julio de ese año. El 25 de septiembre de 2018, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos la sumó a la lista de la OFAC por formar parte del grupo que contribuyó a la destrucción de la democracia venezolana.

En enero de 2020, con la prohibición de entrada vigente, su avión aterrizó en Barajas y las autoridades españolas le impidieron pisar territorio Schengen. Aquella escena —una vicepresidenta retenida en zona de tránsito— duró años como emblema del aislamiento del chavismo.
El 1 de abril de 2026, tres meses después de la operación militar estadounidense que capturó a Maduro y a Cilia Flores en Caracas, el Tesoro la sacó de la lista. Rodríguez, que el 5 de enero había jurado como presidenta encargada de Venezuela, celebró el retiro como «un paso hacia la normalización». Para esa fecha ya había recibido en Caracas al director de la CIA, en enero; al secretario de Energía, en febrero; al secretario del Interior, en marzo. Este mes, Washington invitó a su régimen a la ministerial de energía del G20 en Houston. La semana que viene entrará a la Asamblea General por su propio pie y caminará sobre la alfombra verde oscuro del hemiciclo, la misma que restauraron en 2014 para devolverle el color original de 1952.
Lo que queda en Brooklyn
Maduro y Cilia Flores están recluidos desde el 3 de enero en el Centro Metropolitano de Detención de Brooklyn, en la calle 29, Sunset Park. Del edificio de la ONU a esa cárcel hay 10,6 kilómetros en línea recta. Ambos se declararon inocentes y el juicio está fijado para el 1 de junio de 2027.
La desconfianza entre la pareja ahora presa y los hermanos Rodríguez venía de antes. The New York Times reportó en febrero que Maduro consideró destituirla semanas antes del operativo, alarmado de que hubiera concentrado en sus manos la economía, las finanzas y el petróleo, y que desistió porque dependía de ella para sostener la administración pública. Desde la celda, sin embargo, el mensaje que hizo circular por medio de su hijo fue «Confíen en Delcy y su equipo». Un hombre acusado de narcoterrorismo pidiéndole al país que confíe en quien lo arrojó al calabozo… De las acusaciones de traición que corren desde enero no hay prueba pública, y ella las ha negado.

El 15 de septiembre, Alex Saab, el empresario colombiano que se enriqueció con los contratos de alimentos del chavismo y terminó de ministro de Maduro, se declaró culpable de conspiración para lavar dinero ante la jueza Kathleen Williams, en el Distrito Sur de Florida. Acepta un decomiso de 195 millones de dólares, enfrenta hasta veinte años de prisión y será sentenciado en enero de 2027. El acuerdo lo obliga a entregar «información y testimonio veraces y completos» en cualquier procedimiento que le pida el gobierno, y menciona expresamente a altos funcionarios venezolanos de 2015, cuando Maduro presidía el país. La Fiscalía se reserva evaluar la calidad de lo que aporte antes de pedir una rebaja de pena.
Saab llegó a esa sala porque el régimen de Delcy Rodríguez lo deportó a Estados Unidos en mayo, decisión que ella defendió invocando «el interés de Venezuela». En diciembre de 2023, Maduro lo había traído de vuelta a Caracas (porque estaba preso en los EE UU) mediante un canje en el que Joe Biden le concedió el indulto y Venezuela dejó en libertad a diez estadounidenses presos y a una veintena de presos políticos. Hoy declara para el Departamento de Justicia, obligado por el acuerdo a contar todo lo que sepa.
Lo que se negocia en Nueva York
El debate general va del 22 al 28 de septiembre. Trump habla el martes 22 y Delcy Rodríguez, el jueves 24. El medio digital Axios informó que la Casa Blanca prepara el encuentro bilateral, posiblemente el mismo martes; sería el primero entre un presidente estadounidense y uno venezolano desde el de Barack Obama y Maduro en 2015. Consultado, Trump respondió que puede que sí. Un asesor suyo resumió el asunto sin rodeos: Irán es difícil, pero Venezuela es el mayor éxito del presidente y Delcy es la clave de eso.

Esa mesa huele a petróleo. Washington ya firmó un acuerdo que amplía la participación estadounidense en el crudo venezolano, y la reforma de hidrocarburos aprobada este año abrió el sector a la inversión directa. De elecciones no se habla, y el calendario constitucional venció hace meses. El 3 de enero la Sala Constitucional ordenó a Rodríguez asumir «en condición de encargada» las atribuciones de la Presidencia, sin declarar falta temporal ni falta absoluta. Si fue temporal, el artículo 234 le daba noventa días, prorrogables por otros noventa con acuerdo de la Asamblea Nacional que preside su hermano Jorge. El plazo máximo se cumplió el 3 de julio. Si fue absoluta, el artículo 233 obligaba a convocar elecciones dentro de los treinta días siguientes, esto es, para el 2 de febrero. El Tribunal no dijo cuál de las dos, la Asamblea no se ha pronunciado y así lleva Venezuela ocho meses y medio. El 7 de septiembre Trump dijo: «No creo que estén preparados todavía (para elecciones). Los sacamos de una dictadura y nos llevamos muy bien con el Gobierno». Rodríguez respondió que habrá proceso electoral «en las condiciones en que Venezuela esté preparada». La analista Carmen Beatriz Fernández lo contestó en una línea: «Venezuela está lista para votar». En esto hay consenso en Venezuela.
De ahí vienen las objeciones. El senador Rick Scott dijo el 16 de septiembre que una foto de Trump con Rodríguez sería «una bofetada para el pueblo de Venezuela» y añadió: «Que ella todavía mantiene a muchos presos». María Corina Machado, apartada del diseño estadounidense desde enero, la ha señalado como una de las principales responsables de la tortura, la persecución, la corrupción y el narcotráfico. El propio Axios apunta que la comunidad venezolana del sur de la Florida rechaza esta cercanía y que ni Trump ni Marco Rubio han pedido elecciones, con las legislativas de noviembre a la vista.
La legitimación de Delcy Rodríguez
Una fotografía en Nueva York le daría a Delcy Rodríguez lo que ninguna gestión suya había conseguido: el reconocimiento presidencial de la potencia que capturó a su jefe, tomada a diez kilómetros de la celda donde él espera. Sería, además, el acta de defunción del argumento antiimperialista con que el chavismo gobernó casi treinta años.

En septiembre de 2006, desde esa tribuna, Chávez llamó Diablo a George W. Bush. En enero de 2020 no la dejaron bajar del avión en Madrid. La semana que viene caminará sobre la alfombra verde para estrechar la mano del presidente de Estados Unidos.

