La apertura de una nueva ronda de conversaciones entre representantes del chavismo y un sector de la oposición venezolana es un nuevo capítulo en la crisis política del país. Sin embargo, el proceso arranca con la ausencia de María Corina Machado. La dirigente con mayor respaldo popular dentro de la oposición y Premio Nobel de la Paz en 2025, no formará parte de la mesa negociadora promovida por Estados Unidos.
Lejos de rechazar la iniciativa, Machado y el presidente electo de las elecciones de 2024, Edmundo González Urrutia, han optado por no bloquear el proceso. En un comunicado conjunto aseguraron que juzgarán el diálogo por sus resultados y no por su planteamiento inicial. “No seremos obstáculo a ninguna iniciativa que produzca avances reales”, afirmaron, aunque dejaron claro que no participaron en el diseño de las conversaciones y reclamaron a sus impulsores que expliquen públicamente “sus objetivos, su método y su cronograma”.
Los dos dirigentes fijaron además las condiciones que consideran imprescindibles para considerar exitoso el proceso: la recuperación de las instituciones democráticas, la liberación de todos los presos políticos, garantías para todos los actores políticos, un calendario para celebrar elecciones presidenciales y el respeto a la voluntad expresada por los venezolanos en las urnas.
Su posición respalda cualquier avance hacia la democratización, pero evitan asumir la responsabilidad de unas negociaciones cuya arquitectura ha sido definida sin contar con ellos.

Dinorah Figuera dará voz a la oposición
La decisión de Washington de dejar a Machado fuera de la mesa no responde únicamente a criterios políticos internos. Desde la captura de Nicolás Maduro el pasado enero y el establecimiento del Gobierno interino encabezado por Delcy Rodríguez, la Administración estadounidense ha modificado parcialmente sus prioridades.
La estabilidad institucional y el mantenimiento del flujo de petróleo venezolano han ganado peso frente a la idea de impulsar una transición inmediata encabezada por la líder opositora. Durante los últimos meses, el Ejecutivo interino ha reforzado su posición, reorganizando el Gobierno y manteniendo el control de buena parte de las instituciones mientras incrementaba las exportaciones de crudo hacia Estados Unidos.
Dentro de ese nuevo escenario, la Casa Blanca ha impulsado una negociación en la que la interlocución con la oposición recaerá en la exdiputada Dinorah Figuera, antigua presidenta de la Asamblea Nacional elegida en 2015. Las reuniones comenzarán el 1 de agosto y estarán encabezadas, por parte del oficialismo, por Jorge Rodríguez, presidente del Parlamento y hermano de la presidenta encargada.
Además, la propia Figuera ha defendido públicamente el papel de Machado y la ha definido como una figura “muy importante” para este proceso. La dirigente opositora ha insistido durante los últimos meses en que considera que le corresponde dirigir cualquier negociación con el Gobierno venezolano, al entender que su liderazgo fue refrendado en las urnas a través de la candidatura de Edmundo González tras su inhabilitación.

El terremoto complica la transición
El diálogo, además, llega en un momento especialmente delicado para el país. Venezuela continúa intentando recuperarse de los terremotos del pasado junio, que dejaron miles de fallecidos, decenas de miles de heridos y un enorme número de familias sin hogar. Machado y González recordaron precisamente esa situación en su comunicado al denunciar que, tras la catástrofe, parte de la ayuda organizada por la sociedad civil fue obstaculizada o desviada antes de llegar a los damnificados.
Ambos dirigentes anunciaron también su intención de regresar a Venezuela para recorrer el país y participar en la reconstrucción nacional, aunque no ofrecieron detalles sobre cómo pretenden hacerlo. Machado permanece fuera del país después de que fracasaran varios intentos de regresar, mientras continúa denunciando las trabas impuestas por las autoridades venezolanas.
El proceso que ahora comienza pretende avanzar hacia la renovación del Consejo Nacional Electoral y del Tribunal Supremo de Justicia como paso previo a unas futuras elecciones. Sin embargo, el hecho de que la principal figura de la oposición permanezca fuera de la mesa alimenta las dudas sobre la legitimidad política de unas conversaciones llamadas a definir el futuro institucional del país.

