Ni la buena marcha de las conversaciones ni los “avances” logrados en las últimas conversaciones han hecho que Donald Trump de marcha atrás. La madrugada de este martes, la administración norteamericana invocando la “legítima defensa” bombardeó el sur de Irán, muy cerca de la base naval de Bandar Abbás.
El ataque se produjo horas antes de llegar a un preacuerdo en el que ambas partes aceptarían el cese de los ataques durante dos meses. Según la Casa Blanca el ataque no fue más que una respuesta a lo que desde Washington han tildado de amenaza y el bombardeo se hizo estrictamente “para proteger a las tropas estadounidenses”.

Como era de esperar, el ataque no ha gustado nada a los ayatolás, que han dado un frenazo súbito en sus conversaciones con Estados Unidos y se reserva el derecho a responder. Irán, que en los últimos días había reconocido contactos con la administración norteamericana, ahora tiene dudas. No se fía de un enemigo que ha violado el alto el fuego sobre unas aguas ya demasiado caldeadas.
Para Lena Georgeault, directora del Grado en Relaciones Internacionales de la Universidad Villanueva, el ataque de Estados Unidos en medio de conversaciones “no es una contradicción ni un accidente, sino diplomacia coercitiva”. La experta considera que Estados Unidos apuesta por mantener la presión militar sobre el enemigo, pero en la práctica el riesgo es evidente. “Las negociaciones pierden credibilidad y pasan a interpretarse como un pretexto para ganar tiempo”.

Sobre el último ataque estadounidense
– ¿Cómo se explica que Washington bombardee y negocie al mismo tiempo, y es esto una estrategia de presión deliberada o una señal de que el proceso está más roto de lo que reconocen?
– No es una contradicción ni un accidente diplomático: es la esencia misma de la diplomacia coercitiva. Se trata mantener la presión militar para negociar desde una posición de fuerza. Pero este patrón de ataques selectivos seguidos de señales de apertura entraña un riesgo evidente: el umbral de violencia tolerable es difuso y cambiante. Si uno de los beligerantes percibe que se ha cruzado una línea roja, las negociaciones pierden credibilidad y pasan a interpretarse como un pretexto para ganar tiempo. Es ahí donde el proceso puede fracasar por completo. En este sentido, la narrativa del “ataque defensivo” permite a Washington operar militarmente sin declarar formalmente roto el alto el fuego.
Sobre los puntos débiles del acuerdo
– Irán ha enviado al presidente de su parlamento a Qatar para negociar, Trump habla de destruir el uranio enriquecido. ¿Qué sabemos del estado real de ese borrador, qué es lo que está bloqueando el acuerdo y hasta qué punto las condiciones que pone Trump lo hacen prácticamente inviable?
– El borrador, que gira esencialmente en torno al programa nuclear iraní y la gestión del Estrecho de Ormuz, presenta tres grandes puntos de bloqueo. El primero son las sanciones. Irán exige la descongelación inmediata de fondos y un alivio permanente de las sanciones, pero EEUU los condiciona a concesiones tangibles.
Luego está la cuestión nuclear. EEUU quiere recuperar los famosos 400 kg de uranio enriquecido acumulados por Irán, los cuales equivalen al material necesario para unas cinco o seis ojivas nucleares. También exige que cese por completo el enriquecimiento. Irán estaría dispuesto, como mucho, a aceptar restricciones reversibles o para periodos cortos.
El tercer punto, la ampliación de los Acuerdos de Abraham, es probablemente el más disruptivo. EEUU demanda que los países implicados en la mediación (Egipto, Jordania, Pakistán, Qatar y Arabia Saudí) establezcan relaciones diplomáticas plenas con Israel, lo cual es imposible en el contexto actual. Esto sobrepasa ampliamente el perímetro original de las conversaciones. Transforma una negociación bilateral en un intento de reordenamiento geopolítico completo del Oriente Medio.

Sobre el estrecho de Ormuz
– ¿Sigue teniendo margen negociador Irán con el estrecho de Ormuz todavía bajo control ayatolá?
– El control del estrecho sigue dando a Irán una tremenda capacidad de presión estratégica. Incluso debilitado militarmente, Teherán puede elevar enormemente los costes globales de una escalada mediante minas, drones, lanchas rápidas o amenazas ambiguas sobre el tráfico marítimo. Irán no puede derrotar militarmente a Estados Unidos en una guerra convencional, pero sí puede aumentar el precio de la victoria para su adversario.
Sobre una posible respuesta de Irán
– Irán se ha reservado el derecho a responder a los ataques estadounidenses. ¿Es posible que veamos un recrudecimiento del conflicto en las próximas horas?
Irán podría responder para salvar la cara y preservar su credibilidad estratégica, pero también sabe que una represalia directa contra bases estadounidenses podría desencadenar una reacción mucho más dura. Por eso, los escenarios más probables pasan por respuestas limitadas y calibradas: ataques contra objetivos periféricos, activación de proxies regionales, presión naval o incidentes controlados en torno al Estrecho de Ormuz, o incluso una represalia simbólica pero contenida. El escenario realmente peligroso sería un incidente descontrolado con un número significativo de muertos estadounidenses o israelíes. Entonces, la escalada se volvería muy difícil de contener.

Sobre la guerra paralela entre Israel y el Líbano
– Mientras se negocia con Irán, Israel prepara un ataque a gran escala contra Hizbulá en el Líbano, con más de 3.000 muertos ya desde marzo. ¿Hasta qué punto lo que ocurre en el frente libanés está vinculado a las negociaciones con Teherán?
– La conexión dista mucho de ser periférica. La lógica de desescalada que requieren las negociaciones afecta inevitablemente al frente libanés. El ministro de Asuntos Exteriores iraní dejó claro que Teherán interpreta los ataques israelíes en Líbano como una prolongación del enfrentamiento con Estados Unidos. La paradoja es que Israel busca exactamente lo contrario de lo que necesita el proceso diplomático: mientras Washington necesita enfriar el frente libanés para cerrar un acuerdo nuclear, Tel Aviv intenta aprovechar la debilidad iraní para liquidar definitivamente la amenaza de Hezbolá. Son dos agendas incompatibles operando al mismo tiempo.

