Caso Epstein

La dentista bielorrusa que sobrevivió a Epstein: quién es Karyna Shuliak, la mujer que puede heredar su fortuna

Fue la última persona con la que habló el magnate antes de suicidarse y podría recibir hasta 100 millones de dólares de su patrimonio. Pero a pesar de estar juntos durante más de ocho años, ningún tribunal ni el FBI la han señalado como cómplice

Caso Epstein
La dentista bielorrusa Karyna Shuliak y Jeffrey Epstein
Departamento de Justicia de EE UU

Hasta hace unas semanas atendía a sus pacientes en una consulta discreta del centro de Brooklyn. Se presentaba simplemente como “la doctora Karyna”. Ninguno de quienes se sentaban en su sillón sabía que aquella dentista de trato amable era Karyna Shuliak, la novia de Jeffrey Epstein durante los últimos ocho años de su vida y una de las grandes desconocidas de toda la trama.

Su anonimato saltó por los aires a finales de enero, cuando el Departamento de Justicia estadounidense hizo públicas tres millones de páginas de la investigación sobre el empresario. Entre ellas, miles de correos íntimos entre ambos y decenas de fotografías juntos. De golpe, una relación que Shuliak había logrado mantener en la sombra durante casi una década quedó expuesta al detalle: discusiones sobre sexo, pedidos a una empresa de bienestar sexual para parejas, conversaciones sobre anticonceptivos y tratamientos para el acné. La intimidad de una pareja convencional, salvo por quién era él.

El origen de todo

Su historia arranca en Minsk. Shuliak, hoy de 37 años, había estudiado cuatro de los cinco cursos de Odontología en Bielorrusia antes de dejarlo todo y mudarse a Nueva York en 2010 con una visa temporal para aprender inglés. Ganaba unos 15 dólares la hora como asistente dental y buscaba trabajo de camarera cuando, en marzo de 2011, otra joven del entorno de Epstein la presentó al magnate. Según esa mujer, que asegura haber sido víctima de abusos, se esperaba de ella que reclutara a otras chicas, y esa parecía la intención inicial de Epstein con Shuliak. Lo llamativo es que, al principio, Shuliak se resistió. En los correos de aquellas primeras semanas le dice a Epstein que lo considera una persona extraordinaria, pero que no puede aceptar su ayuda. Pero esa resistencia dura poco y meses después, en el invierno de 2012, ella aceptó su ayuda.

Y esa ayuda fue decisiva. Los documentos revelan cómo Epstein le allanó la entrada en la facultad de Odontología de Columbia después de un primer rechazo: recurrió a su propio dentista, un influyente exalumno, para llegar al decano, y llegó a ofrecer hasta 10 millones de dólares en donaciones, aunque finalmente aportó unos 210.000. Suficiente. Los archivos incluyen mensajes en los que dos responsables de la facultad avisan a Shuliak de qué temas le caerían en el examen de admisión. Él pagó su matrícula durante tres años y organizó el viaje de su madre desde Bielorrusia.

Green Card

El otro gran favor fue su situación migratoria, y aquí el relato se vuelve más turbio. Shuliak había superado el plazo de su visa de estudiante. La solución que ideó Epstein fue casarla con otra mujer, aprovechando que Nueva York acababa de legalizar el matrimonio entre personas del mismo sexo, para evitar sospechas de un enlace de conveniencia. Eligió para ello a una de sus asistentes, de 30 años. Las dos se casaron en octubre de 2013, y meses después Shuliak obtuvo la tarjeta de residencia; en 2018, la ciudadanía. La exesposa asegura ahora que fue obligada a casarse y que ignoraba que la boda se fijó pocos días antes de la audiencia de deportación de Shuliak.

Caso Epstein
El pasaporte estadounidense de Karyna Shuliak
Departamento de Justicia de EE UU

Con los años, Shuliak pasó de protegida a persona de máxima confianza. Ayudaba a gestionar las propiedades y el personal de Epstein, encargaba desde instalaciones florales para la mansión de Manhattan hasta muebles para su isla, y ordenaba a los chóferes tener siempre “agua fría” en los coches. Vivía la mayor parte del tiempo en su residencia neoyorquina y le transfirió cerca de un millón de dólares a lo largo de los años. También le dio acceso ilimitado a una tarjeta de crédito para comprar lo que quisiera.

Ese nivel de vida queda retratado en los propios documentos oficiales. Un estado de cuenta de American Express a su nombre, difundido por el Departamento de Justicia y consultado por Artículo14, refleja un gasto de 42.751 dólares en apenas cuatro meses de 2017, entre Nueva York y San Francisco. En un solo día de enero cargó más de 10.500 dólares en Bloomingdale’s y otros 3.160 en ropa de cama de lujo. También hay compras en tiendas carísimas como la parisina Vestiaire Collective, junto a un goteo casi diario de restaurantes caros y apps de reparto. El retrato de una existencia acomodada, financiada por un hombre que la mantenía cerca.

Una herencia millonaria

La cercanía se sostuvo hasta el final. En junio de 2019 viajaron juntos a París. Shuliak fue la última persona con la que Epstein habló por teléfono, unos veinte minutos desde la cárcel, la víspera de su muerte. Le aconsejó buscar otro alojamiento y, según su abogado, le pidió que “fuera fuerte”. A la mañana siguiente, el 10 de agosto de 2019, apareció ahorcado en su celda. Poco antes había modificado su testamento para dejarle buena parte de su fortuna, incluido un anillo de diamantes de 33 quilates “en previsión de matrimonio”. El patrimonio, valorado hoy entre 120 y 200 millones tras pagar a las víctimas, podría reportarle hasta 100 millones.

Caso Epstein
Karyna Shuliak y Jeffrey Epstein
Departamento de Justicia de EE UU

Pero pese a ocho años junto a Epstein, pese a administrar sus casas y a conocer de primera mano a las mujeres que lo rodeaban, Karyna Shuliak no ha sido imputada. No figura como víctima ni como cómplice. No hay constancia de que el FBI la interrogara, y los abogados de cientos de víctimas jamás la llamaron a declarar. En la mayor trama de abusos de las últimas décadas, la mujer que estuvo más cerca del centro durante más tiempo es, hasta hoy, la única que podría salir de ella millonaria y sin una sola pregunta pendiente ante la justicia.