A menos de tres días de que se celebren las elecciones presidenciales en Colombia, algunos estudios, como el publicado en The Economist, ya hablan de las elecciones más polarizadas en la historia del país sudamericano. Los extremos han llegado ya al arco parlamentario, y la polarización que vivimos en los Gobiernos de Occidente hace tiempo que también se nota al otro lado del Atlántico.
A la cita electoral llega un presidente, el exguerrillero Gustavo Petro, tremendamente desgastado. A pesar de que las últimas encuestas han detectado una tímida recuperación en su popularidad, también es cierto que mucha de las políticas aplicadas por el presidente le han pasado factura.

Aunque el ya no puede presentarse, la izquierda oficialista a la que tanto le costó llegar al poder, podría pagar los platos rotos. Y es que cuando Petro llegó a la presidencia en 2022 rompió la tendencia conservadora colombiana. Antes de él, los conservadores habían gobernado el país durante 200 años. Quizá por eso sorprendió que un exguerrillero pudiera llegar a ganar las elecciones en un país profundamente marcado por los grupos que intentaban tomar el poder mediante la lucha armada.

Una única mujer y en la última posición
En cualquier caso, 200 años pesan mucho y Gustavo Petro tan sólo ha estado una legislatura. A día de hoy los grandes favoritos son Abelardo de la Espriella, candidato de extrema derecha; e Iván Cepeda, sucesor de Petro y representante de la izquierda. Ambos compiten prácticamente en igualdad de condiciones. Según la encuesta realizada por AtlasIntel y publicada por la Revista Semana, Espriella acapara un 37,3% de intención de voto, justo detrás de Cepeda, que lidera con el 38,7%.
Muy por detrás se encuentra la única mujer que se presenta como candidata. Paloma Valencia, representante de un conservadurismo centrista y una derecha moderada, tan sólo acapara el 14,3% de los votos.
Con estos datos la duda será quién será el ganador de una contienda que se prevé muy ajustada. Y en el caso de que ninguno de los tres consiga acaparar la mitad de los votos más uno, Colombia tendrá que volver a las urnas el 21 de junio a una segunda vuelta entre los dos favoritos. Y con este panorama, todo apunta a que los más de 40 millones de colombianos llamados a las urnas tendrían que elegir entre dos hombres. O la izquierda o la ultraderecha.
Ambas son propuestas totalmente opuestas y recetas completamente distintas para solucionar los principales problemas de Colombia. A pesar de los avances de la última década, el país sigue siendo arrastrado por una profunda desigualdad, muchísima violencia y la insurgencia de grupos rebeldes y paramilitares.

“Paz total”
La política estrella de Petro, parecida a la implementada por López Obrador en México, ha sido la de “paz total”. Y lejos de funcionar, si de algo ha servido es para dar manga ancha a todos esos grupos armados que han intensificado la ola de violencia sobre el país.
La medida, formada por hasta 25 puntos proponía reforzar le acuerdo firmado en 2016 entre Colombia y la entonces guerrilla viva de las FARC. Dentro del plan se incluían negociaciones, reconocimiento de las víctimas y lucha contra el narcotráfico, pero siempre desde una diplomacia a la que muchos les ha parecido demasiado tibia y moderada.
Algunas expertas como María Vicoria Llorente, directora de la Fundación Ideas para la Paz (FPI), ya ha puesto nombre al fenómeno. “Colombia se mexicanizó”, relata a los compañeros de la BBC para explicar las consecuencias de la famosa doctrina mexicana “abrazos, no balazos” y que provocó profundas oleadas de violencia.
Y es que Colombia suma ya casi 50 masacres sólo en lo que va de año. 229 personas han muerto en acciones armadas. Las políticas de Petro, que han reducido drásticamente el número de efectivos y capacidades del ejército colombiano, ha hecho que grupos como el Ejército de Liberación Nacional (ELN) hayan aumentado su presión contra el Estado colombiano.

Aumento de la violencia armada
Precisamente por eso muchos colombianos hoy miran con envidia a El Salvador. Allí, el presidente Nayib Bukele ha apostado por una receta totalmente distinta: represión, cadena perpetua y megacárceles para los miembros de las maras. Es cierto que la violencia ha bajado a niveles históricos y que hoy por hoy, las maras ya no controlan el país, pero también es verdad que las políticas del presidente salvadoreño acumulan cientos de denuncias por violar los derechos humanos.
La violencia, sumada a la economía y a la desigualdad son los puntos débiles de la izquierda oficialista. Aunque Cepeda todavía se mantiene como favorito todo podría cambiar si los electores, en el último momento, prefieren apostar por recetas más impopulares y peligrosas, pero desconocidas de momento en Colombia.

