25º aniversario

La impostora Alicia Esteve: de víctima del 11-S a enemiga pública número 1 de Nueva York

Bajo la falsa identidad de Tania Head se hizo superpopular a costa de usurpar el dolor ajeno. Nadie la ha denunciado

Alicia Esteve
Tania Head ha sido analizada en decenas de documentales
The woman who wasn't there

Silvia San Pio es la única española que murió en el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Casada, con 26 años, trabajaba con su marido en unas oficinas del piso 92 de la Torre Norte. Es unas de las 1.344 víctimas de esa torre. En la Torre Sur hubo 600. El margen de 17 minutos de evacuación entre el primer y segundo impacto. Aun así, se cuentan con los dedos de una mano los supervivientes de las plantas superiores. Tania Head fue una de ellas. O eso hizo creer al mundo durante los seis años que duró su impostura.

Con americana de tweed blanca, el gesto serio de quien recuerda la tragedia en primera persona, Tania le contó al mundo quién era: la mujer que logró escapar de “una carnicería”, como ella misma describió su huida desesperada del desplome de la torre sur, “entre el olor a carne quemada” y los héroes espontáneos con los que aseguró cruzarse mientras descendía desde el piso 78. Desde los bomberos al hombre del pañuelo rojo. Verdaderas víctimas del 11-S de cuyas historias reales se apropió Alicia Esteve, la mujer que estaba detrás de esa identidad falsa para la que inventó incluso un prometido muerto en la tragedia.

De la “carnicería” al hombre del pañuelo rojo y el anillo del viudo

Dave o ‘Big Dave’. Es el nombre y apodo que eligió para referirse al novio que no había logrado escapar de la hecatombe. Por supuesto, todo según ella. Como contó que en su descenso desde el piso 78 notaba una “lluvia de meteoritos” a su alrededor y se fue topando con cuerpos mutilados hasta que, cuando se creía exhausta y a punto de morir en la torre, se topó con “el hombre del pañuelo rojo”.

11-S
Las torres del World Trade Center en llamas poco después de ser embestidas por aviones la mañana del 11 de septiembre de 2001 en la ciudad de Nueva York
Efe

Welles Remy Crowther existió de verdad y salvó la vida de una decena de personas en el 11S. Tenía 24 años y llevaba un distintivo pañuelo rojo que todos sus rescatados recordaron después. Él murió en el colapso del World Trade Center. Pero según Alicia Esteve, en su papel de víctima inventada, también la rescató a ella. Gracias a él, contaba la falsa Tania Head, no perdió la vida. La única marca visible que le quedaba era una cicatriz en el brazo. Aseguraba que había estado a punto de perderlo. Lo que era cierto. Pero no el 11 de septiembre de 2001, en Nueva York, sino veinte años antes, en Valencia.

Esa cicatriz y los relatos ajenos que contaron los verdaderos supervivientes le sirvieron a Alicia para construir su personaje hasta límites insospechados. Tania Head llegó a contar que en medio del horror se cruzó con un hombre moribundo que le entregó su anillo de casado con el objetivo de que ella se lo llevase a su viuda, como así afirmó haberlo hecho. Seguramente, confiaba en que nadie comprobaría sus mentiras.

La impostora que hacía de guía por la zona cero junto al alcalde

¿Hasta cuándo habría mantenido la farsa? ¿Qué buscaba Alicia Esteve? ¿Qué futuro imaginaba para Tania Head? En el devenir de los acontecimientos es imposible predecir hasta dónde habría sido capaz de llegar o durante cuánto habría aguantado viviendo bajo esa falsa identidad. De no destaparse todo, quizás seguiría al frente de la Red de Supervivientes del World Trade Center. Quién sabe. Lo cierto es que logró sostener el castillo de naipes hasta 2007.

Antes, había sido incluso la cara más visible, la que todos reconocían cuando pensaban en los supervivientes, la más peleona. En 2004, Tania entró en otro circuito, que la elevó aún más. Se metió en una asociación sin ánimo de lucro creada con fines terapéuticos y de acompañamiento, con tal implicación como para convertirse en la presidenta y guía. Ella era la encargada de hacer los tours por la zona cero junto a las autoridades, sin ningún reparo. Engañó al mismísimo alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, al exalcalde Rudy Giuliani y al exgobernador George Pataki.

Para todos pasó a ser considerada después la enemiga pública número 1. No de manera oficial, pues esa figura se reserva para criminales violentos y fugitivos buscados por el FBI, pero sin ninguna duda se convirtió en persona non grata cuando se destapó su red de mentiras.

La verdadera vida de la ‘Head’ estudiosa y de familia bien catalana

Ella decidía cuándo, a quién y en qué foro contaba su historia. Tania Head no concedió ninguna entrevista en profundidad. En actos y foros públicos hizo intervenciones, con alguna puntual en televisión. Pero siempre intentaba controlar el relato y esquivar las preguntas indagatorias. Hasta que empezaron a aparecer las primeras grietas en el castillo. Pasado el shock inicial en el que nadie se hubiese planteado cuestionar a una víctima, empezaron a surgir las dudas sobre quién era realmente. Y Tania entró en el objetivo inquisitivo del The New York Times. Sobre todo, cuando rechazó ser entrevistada por ellos.

Nueva York
El reportaje en portada de The New York Times que destapó a Tania Head
Captura NYT

Seis años después de la tragedia, el 27 de septiembre de 2007, el periódico publicó el artículo In a 9/11 Survival Tale, the Pieces Just Don’t Fit -en la historia de supervivencia del 11S, las piezas simplemente no encajan-. Ni su identidad ni lo poco que había contado de su pasado ni menos aún su paso por las Torres Gemelas. Aún hoy existe la duda de si estaba ese día en Nueva York o asistiendo a clase en la escuela de negocios Esade, en Barcelona. 37 años e hija de familia bien catalana, de su auténtica identidad Alicia Esteve le había reservado a Tania su segundo apellido: Head.

El fraude que nadie denunció y por el que no tuvo condena penal

También la cicatriz del brazo. La que se hizo tras un accidente de coche viajando con amigas a sus 18 años, pero de la que obviamente no quedaba rastro en Estados Unidos al indagar los periodistas. Ninguna Tania Head había estado ingresada ni había sido atendida por heridas tras el 11-S, en ningún hospital de Nueva York, pese al detalle con que narraba cómo había estado a punto de perder el brazo en el atentado. Tampoco le había entregado ningún anillo a la viuda de una víctima. Ni había perdido a su prometido en el piso 78.

Tras la mujer afligida se reveló un lado más macabro. Ese en el que había perfilado toda su impostura sobre un dolor real, hasta para construir su particular historia de amor rota por los terroristas de Al Qaeda. El nombre de su supuesto prometido resultó ser el de un joven que sí había muerto en las torres, pero con quien nunca trató y a cuya familia le espantó saber del vínculo inventado. Sin mayor recorrido punitivo. Ni por la usurpación de lo ajeno en una tragedia de tales dimensiones ni por la impostura mantenida durante años a la vista de todos.

Nadie denunció a Tania Head. Y como tal no hubo delito. Su impostura le granjeó una visibilidad de la que no se benefició económicamente y todos en su entorno acusaron el golpe emocional de la mentira, pero le reconocieron la implicación en la asociación sin ánimo de lucro. Fue la gran impulsora, a cambio de nada. De ser reconocida sin ser quien decidía ser. Empoderó a una mujer fantasma. Y en ese se convirtió la propia Alicia Esteve, ahora que un reciente documental la ha vuelto a colocar en el foco sin que su director, Kike Maíllo, haya querido sobrexponerla 25 años después. En un acto de empatía, considera que ya pagó por lo que hizo. Como si en el fondo también fuera víctima de sí misma.