La justicia alemana ha condenado a Daniela Klette, antigua integrante de la organización terrorista de extrema izquierda Fracción del Ejército Rojo (RAF), a 13 años de prisión por una serie de robos armados cometidos mientras permanecía oculta durante más de tres décadas bajo una identidad falsa. La sentencia pone fin a uno de los casos más mediáticos relacionados con el grupo conocido también como la banda Baader-Meinhof, responsable de numerosos atentados en Alemania Occidental durante las décadas de 1970 y 1980.
El tribunal regional de Verden declaró culpable a Klette, de 67 años, de varios delitos de robo agravado, secuestro con fines de extorsión y tenencia ilegal de armas. La Fiscalía sostenía que la acusada participó, junto a los antiguos militantes Burkhard Garweg y Ernst-Volker Staub, en asaltos a transportes blindados y supermercados entre 1999 y 2016 para financiar la vida clandestina de los tres fugitivos después de la disolución oficial de la RAF en 1998.
Durante el juicio, celebrado bajo fuertes medidas de seguridad, el juez Lars Engelke afirmó que los acusados actuaban de forma “altamente conspirativa” y con un reparto preciso de funciones en cada atraco. Los investigadores estiman que el grupo logró obtener más de 2 millones de euros mediante estos golpes.

“Libertad para Daniela”
La lectura del veredicto provocó tensión dentro de la sala. Según medios locales, varios simpatizantes de Klette interrumpieron la sesión con gritos de “libertad para Daniela”, mientras en el exterior del tribunal se concentraban decenas de personas con pancartas en apoyo a la exmilitante.
Klette había sido durante años una de las fugitivas más buscadas de Alemania. Su detención se produjo en febrero de 2024 en Berlín, donde residía bajo un nombre falso en el barrio de Kreuzberg. Allí llevaba una vida aparentemente normal: participaba en actividades culturales, practicaba capoeira e incluso mantenía vínculos con una comunidad brasileña de la ciudad.
La investigación policial reveló que la mujer había conseguido integrarse discretamente en el entorno vecinal durante cerca de veinte años. La pista decisiva llegó tras el análisis de fotografías publicadas en redes sociales relacionadas con un grupo de capoeira. El periodista de investigación Michael Colborne, vinculado a la plataforma Bellingcat, utilizó herramientas de reconocimiento facial para comparar imágenes antiguas de Klette con fotografías recientes tomadas durante el carnaval multicultural de Berlín. Ese trabajo permitió confirmar su identidad.
En el registro de su apartamento, los agentes encontraron armas de fuego, munición, documentación falsificada, pelucas, lingotes de oro y alrededor de 240.000 euros en efectivo. También apareció una réplica de lanzagranadas y material relacionado con los robos investigados. La policía aseguró además haber hallado rastros de ADN de Garweg y Staub en la vivienda, incluidos en objetos personales como un cepillo de dientes eléctrico. Ambos continúan en paradero desconocido.

Vinculada a tres atentados en Aelmania
La defensa intentó desacreditar la acusación alegando que no existían pruebas concluyentes que situaran a Klette directamente en las escenas de los robos. Sus abogados denunciaron igualmente que el proceso estuvo condicionado por la carga política asociada al pasado de la RAF y criticaron el enorme despliegue policial alrededor del juicio.
La propia Klette aprovechó algunas de sus intervenciones ante el tribunal para insistir en que el caso tenía motivaciones políticas. En declaraciones realizadas al inicio del proceso, defendió su compromiso ideológico contra el capitalismo y el patriarcado, aunque evitó confirmar explícitamente su pertenencia a la organización terrorista. También expresó arrepentimiento por el impacto psicológico que los atracos pudieron causar a trabajadores y conductores de los vehículos asaltados.
Pese a la sentencia, la exmilitante todavía podría enfrentarse a nuevos procedimientos judiciales. La Fiscalía federal alemana la vincula con varios ataques ocurridos a comienzos de los años noventa, cuando la llamada “tercera generación” de la RAF seguía activa. Entre esos hechos figuran un atentado contra instalaciones de Deutsche Bank, disparos contra la embajada estadounidense en Bonn y la explosión de una prisión en 1993.
No obstante, Klette ya no puede ser procesada por pertenencia a organización terrorista, ya que el plazo legal para ese delito expiró en 2018, veinte años después de la desaparición formal del grupo.

