Ha pasado algo más de un mes desde que Abelardo de la Espriella fue electo a la Presidencia de Colombia tras imponerse por un estrecho margen al candidato de izquierdas Iván Cepeda y hoy, 7 de agosto, asume finalmente el mando del país. Su victoria confirmó un giro político en el país después del mandato de Gustavo Petro y abrió un intenso debate sobre el rumbo que tomarán cuestiones como la seguridad, la economía o los derechos sociales. Mientras el nuevo Ejecutivo comienza a dar sus primeros pasos, muchas colombianas observan con atención si las promesas de campaña se traducirán en medidas concretas.
Sandra y Viviana, las dos mujeres consultadas por Artículo14, coinciden en que la principal exigencia al nuevo presidente pasa por cumplir con los compromisos adquiridos durante la campaña. Más allá de la ideología, ambas consideran que los ciudadanos esperan resultados visibles y una gestión eficaz.

“Gobernar para todo el país”
Sandra reconoce que comprende las dificultades que supone gobernar un país con importantes retos económicos y sociales, pero insiste en que eso no puede servir de excusa para abandonar el programa con el que fue elegido. Espera que el presidente “sea coherente con sus propuestas” y que empiece a ejecutarlas cuanto antes. Aunque admite que “uno espera que sea el 100%, pero sabe que es difícil”, considera imprescindible que al menos consiga materializar “un buen porcentaje de las propuestas que tiene su campaña”.
Entre sus prioridades figura el impulso a la economía y al empleo. En su opinión, el crecimiento empresarial repercute directamente en el bienestar de la población. “Mientras apoyen las empresas y haya trabajo habrá más derechos y habrá más oportunidades para uno conseguir lo que quiere”, sostiene, convencida de que la creación de empleo debe convertirse en uno de los pilares de esta nueva etapa política.
Viviana comparte esa visión sobre la necesidad de obtener resultados tangibles. Considera que el nuevo mandatario debe “gobernar para todo el país”, dejar atrás la confrontación política y concentrarse en cuestiones que afectan al día a día de los ciudadanos. Entre ellas menciona la seguridad, la sanidad y la generación de empleo, sin perder de vista “el compromiso con la reducción de la desigualdad”.

“No me siento amenazada”
Las dos entrevistadas también reflexionan sobre uno de los asuntos que más debate generó durante la campaña electoral: el futuro de los derechos sociales y de las políticas de igualdad.
Sandra asegura que personalmente no siente inquietud ante el cambio de Gobierno. “No, para nada, no me siento amenazada”, afirma con rotundidad. Explica que siempre ha defendido el respeto hacia todas las personas, independientemente de su género, orientación sexual o identidad. “La orientación no quita ni pone que sea buena o mala persona, que pueda trabajar o no pueda trabajar”, señala.
A su juicio, la convivencia debe construirse sobre la base del respeto mutuo. “Respeten mi opinión y respeten mi orientación, igual viceversa”, resume, antes de añadir que su principio es “respetar a la otra mientras a mí no me irrespeten ni yo irrespete a la otra persona”.
Además, considera que el debate político debería centrarse menos en las identidades y más en la preparación de quienes ocupan cargos públicos. Desde su punto de vista, lo importante es que “en el Gobierno haya personas” con “conocimiento, experticia y honestidad”, ya que entiende que esos son los factores que realmente determinan una buena gestión. Por ello cree que el relevo presidencial “no va a afectar absolutamente nada” en ese aspecto.
“Persisten prejuicios y violencia en muchos lugares”
La segunda entrevistada ofrece una visión algo más matizada. Aunque reconoce que durante los últimos años Colombia ha registrado avances en materia de inclusión, explica que entre muchas mujeres persiste cierta incertidumbre sobre el futuro de esas políticas. Según relata, “algunas mujeres sienten incertidumbre, especialmente frente a temas de igualdad y autonomía”. Recuerda, además, que el Gobierno de Gustavo Petro impulsó medidas inclusivas, aunque también hubo “desaciertos en la ejecución de varias políticas”, lo que, a su juicio, explica parte de las dudas existentes sobre su continuidad.
En cuanto a la situación del colectivo LGTBI, considera que el país ha evolucionado positivamente. Cree que Colombia “ha avanzado en aceptación y reconocimiento de derechos”, aunque advierte de que todavía “persisten prejuicios y violencia en muchos lugares”. Por eso espera que el nuevo Ejecutivo mantenga esa senda y contribuya “a un ambiente de mayor respeto, independientemente de sus diferencias políticas”.
Con sensibilidades distintas y prioridades diferentes, ambas coinciden en que este mes ha abierto una etapa marcada por las expectativas. Ahora esperan que las promesas electorales dejen paso a decisiones concretas y que el nuevo presidente sea capaz de responder a las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía, desde el empleo y la seguridad hasta la convivencia y el respeto de los derechos de todos los colombianos.

