El triunfo de De la Espriella ha encendido las alarmas entre organizaciones feministas. Sus posiciones conservadoras durante la campaña, sus declaraciones sobre el aborto, la adopción por parte de parejas del mismo sexo y su lenguaje hacia las mujeres han generado preocupación por el futuro de una agenda que, en los últimos años, había logrado avances históricos en el país.
Catalina Martínez Coral, vicepresidenta para América Latina del Centro de Derechos Reproductivos, una de las organizaciones que integra el Movimiento Causa Justa, considera que el resultado electoral “es muy preocupante para la agenda feminista en Colombia”. Según explica, De la Espriella “durante toda su campaña tuvo posiciones sumamente conservadoras frente a los derechos de las mujeres”.
La inquietud se centra, especialmente, en las contradicciones que las activistas detectan en el discurso del presidente electo. Martínez recuerda que, aunque “repitió en reiteradas ocasiones que va a proteger la Constitución y las decisiones de la Corte Constitucional”, también fue “muy incisivo en decir que apoyaría cualquier iniciativa ciudadana que busque reformar temas como el aborto o la adopción gay”. Para la abogada, esa ambigüedad es grave porque se trata de derechos “ya reconocidos en Colombia a través de mecanismos constitucionales”.
Desde la Red Nacional de Mujeres y Defendamos la Paz, Claudia Mejía Duque coincide en que el nuevo escenario político exige una respuesta inmediata. “Implica un escenario de alerta máxima”, advierte. A su juicio, Colombia está entrando “formalmente en una ola de gobiernos de extrema derecha que ya ha impactado a otros países de la región y del mundo”. Para Mejía, una de las consecuencias más preocupantes de ese giro es “el quiebre de los avances históricos del feminismo”, que define como “un eje transversal de la nueva derecha”.

“No podemos dar nada por sentado”
El aborto aparece como uno de los principales puntos de tensión. Martínez Coral subraya que “tanto el aborto como toda la gama de derechos reproductivos son derechos ya conquistados por las colombianas” y que han sido “el resultado de luchas sociales y feministas que durante años se han ido consolidando”. Además, insiste en que cuentan con “el mayor rango de protección constitucional en Colombia”.
Por otro lado, Mejía Duque insiste que esos derechos no pueden darse por garantizados. “Están completamente en riesgo”, afirma. Aunque recuerda que el aborto está protegido por la Sentencia C-055 de 2022 de la Corte Constitucional, considera que “la experiencia internacional nos demuestra que no podemos dar nada por sentado”. Según la activista, el nuevo proyecto político podría buscar “los caminos legales, institucionales o presupuestales posibles para desmontar y erosionar este derecho de manera progresiva”.

La composición del próximo Gobierno también preocupa a las organizaciones feministas. Martínez Coral señala con inquietud que “está sonando una Vivian Morales para el Ministerio de Educación”, a quien define como “una señora abiertamente antiderechos” y que “ha estado en contra de toda la agenda de derechos reproductivos”. Para la activista, situar a una persona con ese perfil al frente de Educación sería especialmente delicado por el impacto que podría tener sobre “la educación sexual integral, que en Colombia es legal y también tiene protección constitucional”.
Mejía Duque comparte esa preocupación y sostiene que la posible designación de Morales “materializa y confirma” las alertas. La describe como “una figura de conocida militancia cristiana que se ha opuesto abiertamente a la adopción por parte de parejas del mismo sexo e incluso por personas solteras”. Además, advierte de que su gestión podría buscar “prohibir de raíz el enfoque de género en las políticas educativas del país”.
“Desafortunado, violento, misógino, machista”
Más allá de las decisiones legales o institucionales, las activistas alertan del impacto social del lenguaje utilizado durante la campaña. Martínez Coral califica el discurso de De la Espriella como “absolutamente desafortunado, violento, misógino, machista”. Recuerda, en particular, episodios en los que el entonces candidato hizo comentarios sobre “el tamaño de su paquete” y obligó a una periodista a hacer zoom. “Es absolutamente indignante”, denuncia, porque “manda un mensaje de no respeto frente a la igualdad de las mujeres”.

Para Mejía Duque, el tono del presidente electo no fue accidental, sino parte de una estrategia política. “Operó como un refuerzo permanente de su agenda ideológica”, sostiene. A través de su lenguaje y de “una corporalidad deliberadamente asociada a una postura de dominación machista”, considera que envió un mensaje claro: “la instalación de un modelo de sociedad donde la única estructura válida es la familia heterosexual”.
Martínez Coral insiste en que las narrativas presidenciales pueden tener efectos profundos en la sociedad. “Cuando uno escucha al jefe de la nación hablar de esta forma, pordebajear a las mujeres, tener este tipo de violencia, este tipo de odio en el lenguaje, pues esto lo que hace básicamente es que le crea una sensación a la sociedad de que eso está bien”, advierte. A su juicio, ese discurso puede repetirse y terminar creando “narrativas sociales profundamente discriminatorias y profundamente dañinas”.
Ante este panorama, ambas coinciden en la necesidad de reforzar la organización feminista. Martínez Coral recuerda que “Colombia hoy en día está a la vanguardia en el mundo frente a derechos reproductivos, frente a derechos de las mujeres” y advierte de que “sería muy peligroso retroceder de cualquier forma”. Mejía Duque llama a una respuesta colectiva y a articularse con redes internacionales para construir “una resistencia sólida que nos permita salvaguardar y retornar a una democracia plena”.

