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Las pastoras que evitan incendios: así protegen 80.000 hectáreas en la Sierra de Segura (Jaén)

Una semana después del fuego que dejó 13 muertos en Almería, un grupo de ganaderos de Jaén demuestra que el pastoreo extensivo es el mejor cortafuegos en un terreno casi idéntico al que ardió

Ha pasado poco más de una semana desde que el fuego arrasó la sierra almeriense llevándose por delante 13 vidas y más de 7.000 hectáreas. Lo del jueves pasado fue el peor incendio que ha conocido Andalucía hasta el momento. A poco más de cien kilómetros, en la Sierra de Segura, en Jaén, el paisaje es casi calcado: barrancos, pendientes escarpadas, vegetación espesa. Sobre el papel, una de las zonas con más papeletas para arder de todo el país. Y sin embargo, allí hace más de medio siglo que no se registra ningún incendio. La explicación no está en la suerte, sino en las 80.000 hectáreas que vigila a diario un grupo de pastores con sus rebaños. Dos de ellas son Alicia y Sonia, dos jóvenes de la comarca que, a contracorriente, se han incorporado a la explotación ganadera y son pastoras.

Alicia Fernández tiene 33 años y el campo en la memoria desde niña. “Yo desde pequeña siempre iba con mi padre al campo. Nosotros somos trashumantes y cuando mi padre se iba a Sierra Morena íbamos los fines de semana a verlo”, cuenta desde la sierra a este periódico. Después llegó lo que casi nadie asocia con el pastoreo: salió fuera a estudiar ADE (Administración y Dirección de Empresas), aprendió inglés en Birmingham y pasó por Oporto. “Creo que el campo necesita de jóvenes formados”, explica cuando le preguntados por qué después de haber salido decidió volver. “No estoy sola, aquí seremos en torno a 80 jóvenes incorporados. Por tradición, apoyo familiar, nos estamos incorporando cada vez más”.

Alicia Fernández Rico, pastora

La historia de Sonia García, de 38 años, es distinta y quizá más reveladora. Ella no tenía relación alguna con la ganadería. Vivía en Alicante con su pareja hasta que decidieron dar el paso: “Nos decidimos volver porque no nos adaptábamos a la vida de la ciudad”, explica con decenas de vacas pastando de fondo. Empezó acompañándole y terminó montando su propia explotación el pasado diciembre. “Mi vida aquí es muy calmada, aunque es un trabajo muy esclavo. Tenemos pocos días libres pero nos intentamos organizar para llegar a todo”. Aun así, percibe que algo está cambiando en cómo se mira su oficio: “Poco a poco estamos cambiando la mentalidad y el pastoreo está mejor visto y mejor valorado”.

Sonia García Martos,pastora

Más de 50 años sin incendios

Lo que hacen sus ovejas, día tras día, es lo que los técnicos llaman prevención. Las más de 80.000 cabezas de ganado encargadas de monitorear la zona no son un simple rebaño, sino la mejor brigada de prevención de incendios con la que cuenta la comarca. “Lo que hacen nuestras ovejas es limpiar el monte, el matorral bajo. Lo reducen y eso es lo que sirve de combustible en un incendio”, describe Alicia. “Las ovejas son como desbrozadoras naturales, van poco a poco limpiando y segando”. Ahí está la clave de todo: los grandes fuegos no arrancan en las copas de los árboles, sino a ras de suelo, en ese pasto seco que las llamas devoran para trepar después. “Donde más se propaga es en el pasto bajo y ya luego sube a los árboles, pero es que aquí el matorral bajo está comido”. Tanto, que el fuego apenas encuentra por dónde crecer: “Incluso nosotros mismos podemos apagarlos, porque si se prende un fuego, suelen ser pequeños y está muy vigilada la zona”. El resultado se mide en lo que no ha ocurrido. “Yo que recuerde no ha habido un incendio”, dice Alicia. “Yo tengo 38 años y no recuerdo ninguno”, coincide Sonia.

La España despoblada

Ellas lo tienen claro: si sus rebaños desaparecieran, nadie ocuparía su lugar. “Si no cuidáramos nosotros y nuestras ovejas el campo, no sé quién lo haría. Somos guardianes del territorio, estamos pastoreando 365 días al año”, reivindica Alicia. Sonia lo plantea directamente como pregunta: “¿Quién lo haría si no fueran nuestras ovejas?”. Y añade: “Nuestros animales limpian mejor que cualquier equipo que se dedique a hacerlo”.

Por eso su petición a las administraciones no va de subvenciones, sino de algo más básico. “Les diría que nos hacen falta pastos. Hay muchos terrenos que siguen perteneciendo o a la Junta o al Ministerio”, reclama Sonia. Terrenos públicos cerrados al pastoreo que, sin ovejas que los limpien, acumulan año tras año el combustible del próximo desastre. Almería acaba de recordar lo que cuesta ese abandono. En la Sierra de Segura, mientras tanto, 80 jóvenes y sus rebaños siguen haciendo todos los veranos el trabajo de prevención más antiguo y más barato que existe. El mejor recordatorio de que los incendios se apagan también en invierno.

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